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El verano vuelve a poner a prueba el bolsillo de millones de hogares españoles. Según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), utilizar un aire acondicionado entre cuatro y ocho horas al día puede incrementar la factura eléctrica entre 30 y 90 euros mensuales, dependiendo del aparato, la tarifa y el aislamiento de la vivienda.

El problema no es solo económico, también social. Datos de Eurostat reflejan que alrededor del 20% de los españoles no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada durante el verano. La llamada pobreza energética ya no se limita al invierno y afecta especialmente a familias con rentas bajas, personas mayores y viviendas antiguas con mal aislamiento térmico.

Por eso, son muchos los que hacen malabares para poder estar cómodamente en casa sin que la factura de la luz se dispare. Para el ingeniero Daniel Beguería, existen pequeños cambios que pueden marcar una diferencia importante, desde combinar ventilador y aire acondicionado hasta evitar temperaturas excesivamente bajas.

El ventilador puede cambiar la sensación térmica sin enfriar realmente la habitación

Durante años, el aire acondicionado se ha visto como la única solución realmente eficaz para soportar el calor dentro de casa. Sin embargo, varios estudios científicos han empezado a desmontar esa idea al demostrar que la sensación térmica no depende únicamente de los grados que marque el termómetro, sino también de cómo circula el aire en una estancia.

El cuerpo humano percibe el calor de forma diferente cuando existe movimiento de aire constante. Esa corriente favorece la evaporación del sudor y ayuda a disipar el calor corporal, haciendo que una habitación resulte bastante más agradable incluso sin reducir realmente la temperatura ambiente.

De acuerdo con un estudio publicado en 2022 en The Lancet Planetary Health, se concluyó que los ventiladores interiores permiten aumentar entre tres y cuatro grados la temperatura considerada confortable sin perder bienestar.

En la práctica, eso significa que una estancia puede resultar agradable a 28 o incluso 30 grados utilizando ventilación, mientras que con aire acondicionado normalmente habría que bajar hasta unos 25 grados para lograr una sensación similar.

La clave está en que el ventilador no enfría el aire, sino que facilita la evaporación del sudor y mejora la disipación del calor corporal. En situaciones de calor moderado, eso puede ser suficiente para mantener una sensación agradable sin recurrir continuamente al aire acondicionado.

No hace exactamente el mismo trabajo, pero sí permite alcanzar niveles de confort similares con un gasto energético muchísimo menor.

De hecho, si lo que queremos es un mayor confort con menor gasto, Beguería insiste en que la clave no está en sustituir un aparato por otro, sino en utilizarlos juntos de forma inteligente.

El ventilador permite que el aire frío del aire acondicionado se reparta mejor por toda la habitación y, al mover el aire constantemente, hace que el cuerpo perciba más frescor aunque la temperatura real sea algo más alta.

Imagen de una mujer poniendo el aire acondicionado en casa.

Eso permite ajustar el aire acondicionado a 26 o 27 grados en lugar de bajarlo a 22 o 23, que es uno de los errores más habituales en verano.

La diferencia en consumo puede ser enorme porque cada grado que se reduce en el aire acondicionado incrementa el gasto eléctrico. Al apoyarse en el ventilador para mantener la sensación de confort, el compresor del aire trabaja menos tiempo y con menos intensidad.

Según distintos estudios, como el ya citado, esa combinación puede reducir el consumo energético entre un 17% y un 73%, dependiendo de la vivienda y de las condiciones exteriores.

"Un ventilador consume muy poco comparado con un aire acondicionado. Incluso combinado con aire acondicionado ayuda a reducir el consumo, porque puedes subir unos grados la temperatura y seguir teniendo sensación de confort", explica el ingeniero.

Además, señala que muchas personas encuentran el ventilador más agradable porque genera una sensación más natural y no reseca tanto el ambiente como ocurre con el aire acondicionado funcionando durante horas.

Eso sí, el propio ingeniero insiste en que no conviene simplificar el debate y un ventilador no puede sustituir siempre al aire acondicionado porque no reduce la temperatura real de la habitación.

Su eficacia depende mucho de las condiciones de la vivienda, de la humedad y de la acumulación de calor. En pisos bien protegidos del sol y con buena ventilación nocturna puede ser suficiente durante gran parte del verano, pero en una ola de calor intensa o en viviendas mal aisladas se queda corto.

En cuanto al uso de los electrodomésticos individualmente, las diferencias de consumo son especialmente llamativas. Según el análisis realizado por Faro Barcelona, un ventilador de techo utilizado unas 800 horas al año consume alrededor de 10,4 kWh.

En el mismo periodo, un aire acondicionado comparable puede alcanzar los 392 kWh. Dicho de otro modo, el sistema de refrigeración mecánica puede llegar a consumir hasta 38 veces más energía que un ventilador de techo en condiciones equivalentes de confort.

Daniel Beguería, ingeniero de obra de Estudio Raíces, considera que el ventilador de techo es además la opción más práctica para el uso diario. "Es más cómodo y eficiente para el día a día porque reparte mejor el aire y no ocupa espacio", explica en una entrevista para La Vanguardia.

Frente a los modelos de torre o de pie, que pueden servir como apoyo puntual o en viviendas pequeñas, cree que el techo suele ser la mejor alternativa cuando la instalación lo permite.

Los errores a evitar

Mientras con el ventilador es muy difícil cometer errores, el ingeniero sí que profundiza en uno de los más comunes con el aire acondicionado, y es intentar enfriar la casa demasiado rápido.

"Hay una tendencia a intentar enfriar la casa muy rápido y eso genera más consumo y menos confort", advierte. Mantener temperaturas razonables y constantes suele ser más eficiente y también más agradable para el cuerpo.

Incluso recomienda aprovechar la función deshumidificadora cuando el problema principal es la sensación de bochorno provocada por la humedad.

Antes de pensar en comprar un aparato más potente, el ingeniero insiste en observar la vivienda. Muchas veces el verdadero problema está en la orientación, en las ventanas o en las pérdidas térmicas.

Reducir la entrada de calor puede cambiar radicalmente la sensación dentro de casa. "Aislamientos, buenas cortinas, persianas, protección solar y ventilación cruzada por la noche", resume Beguería como primer paso para cualquier piso especialmente caluroso.

En muchas viviendas, mejorar esos aspectos termina siendo más efectivo que instalar un aparato más potente y consumir más electricidad durante todo el verano.