El consumo de los electrodomésticos en España, supone cerca del 50 % del gasto energético en la mayoría de hogares. Aunque no todos consumen lo mismo, es ahí cuando elegir electrodomésticos eficientes puede marcar la diferencia a la hora de ahorrar en la factura energética.
Sin embargo, no solo importa el modelo que compremos, ya que el modo en el que utilizamos esa nevera, lavadora o congelador, influye más de lo que muchos hogares imaginan.
Así lo explica Ángela, ingeniera industrial especializada en eficiencia energética, que trabaja optimizando el consumo en grandes bloques logísticos. Espacios clave en la cadena de suministro donde se almacenan los productos antes de llegar al supermercado.
Su labor consiste en optimizar el consumo energético para que se utilicen únicamente los recursos necesarios en cada proceso, garantizando al mismo tiempo la correcta conservación de los alimentos.
Ese mismo principio, consumir solo la energía imprescindible, puede trasladarse fácilmente al ámbito doméstico. Y uno de los ejemplos más claros está en el frigorífico, como señala la experta.
La temperatura que reduce el consumo
"Si esa lechuga que has comprado te la llevas a tu casa y la metes en tu nevera, tú en la nevera puedes poner la temperatura que quieres que tenga. Puedes elegir si la quieres tener a 1 ºC o a 4 o 5 ºC ".
Según explica, en la mayoría de los casos no es necesario ajustar la temperatura al mínimo. "Si tu la tienes a 1 ºC, estás enfriando más de la cuenta. Entonces estás gastando más energía de la que necesita realmente".
Una diferencia de apenas unos grados puede parecer mínima, pero en un electrodoméstico que funciona las 24 horas del día durante todo el año, el impacto energético es constante. Ajustar correctamente la temperatura evita un sobreesfuerzo del motor y reduce el consumo eléctrico sin comprometer la conservación de los alimentos.
Lo mismo sucede con el congelador, donde muchas veces se fija una temperatura más baja de la necesaria. "Y el congelador puedes tenerlo a - 23 o -24 ºC o a - 18 ºC, que es la temperatura que ponen la mayoría de productos".
Mantenerlo por debajo de ese umbral implica gastar más electricidad sin que exista un beneficio real en la conservación. La mayoría de alimentos congelados están diseñados para almacenarse a - 18 ºC, por lo que descender varios grados adicionales solo incrementa el consumo energético.
Este tipo de pequeños ajustes forman parte de lo que los expertos denominan eficiencia energética doméstica y no se trata únicamente de comprar electrodomésticos con etiqueta A o superior, sino de utilizarlos correctamente. Cambios que aplicados en un contexto de precios elevados de la electricidad como en el que nos encontramos en España, pueden suponer un ahorro acumulado considerable a lo largo del año.
