La calefacción representa una parte significativa del consumo energético de cualquier hogar. Según el arquitecto Jordi Martí, los radiadores tradicionales ya no están a la altura de las nuevas exigencias de eficiencia y sostenibilidad, especialmente en viviendas bien aisladas donde estos antiguos emisores de calor pierden sentido.
Martí explica que estos radiadores funcionaron bien en casas con paredes frías y mala estanqueidad porque alcanzaban altas temperaturas de superficie, generando sensación térmica. Sin embargo, en edificios modernos esto ya no compensa.
Además, la física de los sistemas convencionales obliga a generar agua muy caliente para calentar una estancia, lo que eleva el gasto energético y contribuye a emisiones innecesarias. Otras alternativas aprovechan mejor el calor a temperaturas más bajas.
Los radiadores han sido durante décadas la solución estándar de calefacción en Europa, pero su eficiencia no siempre ha sido óptima. Estudios sobre sistemas de calefacción muestran que las pérdidas de calor por radiadores antiguos pueden aumentar el trabajo de calderas y bombas de calor.
Los radiadores antiguos suelen contener más agua y requieren tiempos más largos para alcanzar temperaturas confortables, llevando a facturas energéticas más elevadas. Expertos en climatización recomiendan equipos modernos que minimizan pérdidas y responden más rápido.
De hecho, modelos de radiadores nuevos pueden ser hasta un 50% más eficientes que versiones de hace décadas, reduciendo consumo y emisiones de CO2. Esto demuestra que el problema no es solo el "objeto", sino el contexto en el que se usa.
Una de las alternativas más destacadas son los sistemas de suelo radiante o emisores de gran superficie. Estos funcionan con temperaturas del agua más bajas y ofrecen un confort térmico homogéneo con menor consumo.
También crecen las soluciones que funcionan directamente a niveles de energía renovable, como las bombas de calor eficientes, que pueden tener rendimientos netos de hasta 300-400% al extraer energía del aire o suelo.
Además, tecnologías radiantes como paneles infrarrojos emergentes se están posicionando como opciones con menor consumo energético, mejor distribución de la temperatura y posibilidad de control inteligente.
Un radiador convencional funciona elevando fuertemente el agua caliente para compensar pérdidas de calor, lo que obliga al sistema a trabajar más y durante más tiempo. Esto se traduce en gasto energético elevado y mayor huella ambiental.
Modernizar los emisores térmicos (o sustituirlos por tecnologías más eficientes) puede reducir significativamente el consumo energético de una vivienda.
Algunas soluciones permiten distribuir calor de forma más uniforme, con menor temperatura del fluido y pérdidas reducidas.
Por otro lado, la normativa europea avanza hacia tecnologías renovables, incentivando el abandono de calderas tradicionales basadas en combustibles fósiles y promoviendo alternativas más limpias para calefacción doméstica.
En consecuencia, Jordi Martí pone de manifiesto una realidad: muchos radiadores que hoy utilizamos pertenecen a un modelo energético del pasado y no se ajustan a las necesidades de eficiencia actuales.
Las tecnologías modernas, incluyendo emisores de gran superficie, soluciones radiantes y sistemas renovables como bombas de calor, ofrecen rendimiento superior, menor consumo y mejores resultados medioambientales.
