Con la llegada de las lluvias propias del invierno, especialmente en comunidades con climas más húmedos, los problemas de humedad en el hogar se vuelven mucho más comunes de lo que se querría. ¿El resultado? Condensación y moho en ventanas y esquinas, filtraciones y manchas en techos y paredes, pintura desconchada y daños que, además de generar malos olores, pueden afectar incluso a estructuras, muebles, tejidos y ropa.
Sin embargo, estos problemas no siempre se deben solo al clima: en muchos casos tienen relación con una mala distribución de las estancias. De hecho, uno de los focos más habituales de humedad en casa son los armarios o vestidores situados cerca de los baños. Una práctica que, aunque los expertos no recomiendan, sigue siendo frecuente en muchas viviendas.
Este es uno de los motivos por los que, por mucho que se invierta en un vestidor, la humedad termina afectando directamente a las prendas, generando olores persistentes y daños a veces irreversibles. Así lo advierte la arquitecta Julia Cotti en uno de sus vídeos compartidos en TikTok.
"La humedad no solo arruina paredes, también puede arruinar la ropa", advierte la arquitecta. Un problema al que, según explica, antes se le daba solución desde el propio diseño de los muebles. "Por eso antes los armarios tenían ventilación en las puertas y estanterías con rejillas, para que el aire circule y se evite el desgaste de las fibras".
Hoy, sin embargo, la tendencia ha cambiado. "Se está priorizando lo estético versus lo funcional y se diseñan vestidores pegados a los baños sin ventilación y sin puertas que lo separen", señala.
Esta combinación, tan habitual en muchas viviendas modernas, da como resultado "humedad acumulada y ropa dañada".
Para evitarlo, la arquitecta recomienda medidas sencillas pero efectivas: "La clave sería ventilarlo todos los días o colocar bolsitas antihumedad". Un gesto cotidiano que puede evitar el deterioro silencioso de esas prendas favoritas. "Un ejemplo claro de cómo la arquitectura influye en cosas tan cotidianas como la ropa", concluye.
Cómo corregirlo sin obras
Más allá de su estética, un vestidor mal planteado puede convertirse en un foco constante de humedad si no se tienen en cuenta ciertos aspectos básicos de diseño. Uno de los fallos más comunes es ignorar la ventilación: espacios completamente cerrados, sin rejillas ni circulación de aire, favorecen la condensación y el deterioro de los tejidos.
También influye la elección de materiales: maderas no tratadas, baldas revestidas con telas absorbentes o incluso suelos de moqueta que son especialmente sensibles a ambientes cargados de humedad. La buena noticia es que no hace falta hacer obras para corregirlo.
Más allá de ventilar y colocar las bolsitas antihumedad que recomienda la arquitecta, la incorporación de deshumidificadores portátiles puede marcar una gran diferencia, sobre todo en zonas interiores sin ventanas.
Otra opción útil es sustituir baldas cerradas por estanterías metálicas perforadas, que favorecen la circulación de aire sin necesidad de modificar la estructura. También pueden instalarse pequeñas rejillas en las puertas o en la parte trasera del mobiliario, algo fácil de instalar con herramientas básicas.
Por último, revisar la orientación del vestidor respecto a focos de humedad como baños o zonas mal aisladas puede ayudar a detectar puntos críticos, como advierte la experta. A veces un simple cambio en la ubicación de una balda o una prenda puede evitar la aparición de manchas o malos olores.
