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Renovar las ventanas se ha convertido en una de las obras más frecuentes en los hogares españoles con el objetivo de ganar comodidad y reducir el consumo energético.

No obstante, el arquitecto Jordi Martí advierte a través de su cuenta de TikTok de que, si esta actuación no se estudia correctamente, puede acabar afectando a la salud y a las condiciones de habitabilidad de la vivienda.

Cada vez es más habitual sustituir carpinterías antiguas por otras más modernas, con mayor aislamiento y sistemas de cierre más herméticos.

Aunque estas soluciones mejoran el aislamiento térmico y evitan las corrientes de aire, también alteran la ventilación natural del hogar.

Tal y como señala Martí, este cambio puede provocar efectos no deseados si no se tiene en cuenta el conjunto del edificio, dando lugar a problemas como condensaciones, moho o la acumulación de contaminantes y gases perjudiciales en el interior.

Lo que explica el arquitecto es lo siguiente: “Resulta que con las ventanas malas, ventilabas más sin darte cuenta y ahora se te produce moho o peor aún, se te está acumulando el gas radón que antes disipabas por las ventanas”.

En este sentido, los expertos recomiendan prestar especial atención a la ventilación y diseño de ventanas, pues un mal sellado puede facilitar que el radón permanezca en el interior de la casa.

La existencia de gas radón es uno de los elementos que más inquietan, según Jordi Martí. “En España hay muchas zonas con gas radón y la Organización Mundial de la Salud dice que esto puede provocar cáncer de pulmón, advierte.

El radón es un gas radioactivo que se forma de manera natural por la descomposición del uranio presente en el suelo y las rocas. Es invisible, sin olor ni sabor, lo que dificulta detectarlo sin pruebas específicas.

Puede acumularse en casas, sobre todo, en sótanos o plantas bajas, aumentando con el tiempo si no hay ventilación adecuada. La evidencia científica respalda que la exposición prolongada al radón es un factor de riesgo significativo para el cáncer de pulmón.

La OMS y otras organizaciones sanitarias recomiendan medir los niveles de radón en viviendas y tomar medidas para reducirlo si se superan umbrales seguros, como mejor ventilación o sistemas de mitigación específicos.

Según el arquitecto, las ventanas y el diseño de una envolvente térmica de un edificio influyen en la concentración de radón en el interior. Una mala ventilación o sellados muy herméticos pueden ayudar a que el radón se concentre más, aumentando riesgos.

Aunque el aislamiento funciona para la eficiencia energética, también puede limitar la renovación del aire interior si no se planifica bien. Por ello, equilibrar eficiencia y ventilación es esencial para evitar que el gas radón quede atrapado dentro de las viviendas.

En cualquier caso, el especialista sostiene que no hay una única solución para todos los casos, por lo que explica que “lo suyo es dejarse asesorar por un técnico que sepa, porque al final no hay una receta para todo”.

En definitiva, cambiar las ventanas puede suponer una mejora importante en confort y eficiencia energética, pero no debe abordarse como una reforma aislada.

Tal y como advierte Jordí Martí, una vivienda es un sistema en el que aislamiento y ventilación deben ir de la mano. Ignorar este equilibrio puede traducirse en problemas de humedad, moho o incluso en la acumulación de gases nocivos para la salud.

Por ello, antes de intervenir, resulta clave analizar el comportamiento global de la casa y contar con el asesoramiento de un profesional que garantice que la mejora energética no acabe comprometiendo la calidad del aire interior.