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Comprar una vivienda muy antigua puede parecer atractivo por su precio más bajo, su ubicación céntrica o su valor arquitectónico, pero también puede conllevar problemas importantes que conviene tener muy en cuenta antes de firmar.

En consecuencia, el arquitecto Jordi Martí, en sus redes sociales, realiza una advertencia: “Hay muchos edificios que se construyeron hace más de 50 años que se van a convertir en un lastre para las familias si no hacen algo ahora”.

Según Martí, muchos de estos inmuebles carecen de mantenimiento y pueden transformarse en un lastre económico y funcional para las familias si no se rehabilitan a tiempo.

La advertencia del experto surge a raíz de un video de TikTok donde explica que el envejecimiento y la falta de actualización de las edificaciones está dejando a propietarios con cargas imprevistas. Esta realidad amenaza con revertir la idea de la vivienda como valor seguro, una percepción muy arraigada en la cultura española.

Una gran mayoría de estos edificios no tiene las características técnicas necesarias ni el tipo de aislamiento térmico que exigen las normativas vigentes.

Martí advierte: “Uno intenta ser propietario para asegurarse un futuro mejor, es algo muy cultural en España, pero esto le puede salir muy mal si no paran de aparecer derramas elevadísimas, gastos de electricidad, de gas...”.

Según datos municipales recogidos en Barcelona, el 87% de los edificios fueron levantados antes de 1982, lo que implica que muchos carecen de aislamiento térmico adecuado y sistemas eficientes.

En este contexto, los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, también llamados Next Generation EU, suponen una oportunidad sin precedentes para poner al día el parque inmobiliario en España.

Estas ayudas, que son administradas por las comunidades autónomas, tienen la capacidad de absorber entre el 40 y el 80 % del coste total de la rehabilitación energética de un inmueble.

Este fenómeno se enmarca en un reto más amplio: muchos países europeos están actualizando sus normativas para exigir eficiencia y sostenibilidad en las construcciones existentes, como parte de la transición ecológica.

En consecuencia, los edificios antiguos suelen presentar carencias en aislamiento, instalaciones obsoletas y sistemas de calefacción poco eficientes, lo que incrementa los gastos corrientes y el mantenimiento.

De la misma manera, también hay que tener en cuenta la accesibilidad. Muchos edificios antiguos no tienen ascensor, rampas ni elementos adaptados, lo que puede convertirse en un problema serio a medio o largo plazo.

Estos son motivos suficientes para realizar reformas estructurales en edificios. Este tema se ha convertido en clave, especialmente en un país como España donde gran parte del parque inmobiliario tiene más de 40 o 50 años.

El resultado es una presión económica añadida para los propietarios, que no siempre están en condiciones de afrontar grandes reformas. Además, la dificultad de llegar a acuerdos en muchas comunidades de propietarios retrasa actuaciones de rehabilitación.