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La reconocida chef y empresaria Samantha Vallejo-Nágera se ha convertido en un rostro muy popular por su faceta mediática, especialmente por haber sido parte del jurado de MasterChef desde el inicio del programa en 2013 hasta que anunció su salida a principios de este mismo año.
Se trata de una voz autorizada a la hora de hablar del mundo de la cocina, y en una ocasión, la chef de 56 años explicó cómo se prepara la salsa de tomate correctamente. A pesar de que puede parecer una receta sencilla, habitualmente se cometen muchos errores en su preparación.
Esta salsa es la base de una gran cantidad de platos como albóndigas o arroz, y cuando está bien hecha, marca la diferencia. Samantha Vallejo-Nágera explica que el gran error está en uno de los primeros pasos.
La cocinera madrileña asegura que el gran error está en tratar de equilibrar la acidez con azúcar, ya que realmente "se hace con 50 ml de vino blanco".
La mejor salsa de tomate
El tomate es el principal protagonista en esta salsa, pero no es suficiente con elegir cualquier tipo o variedad. Samantha explica que es imprescindible elegir tomates maduros, carnosos y en su punto para evitar una salsa ácida y que no tenga profundidad.
Cuando el producto es de buena calidad, el dulzor natural aparece sin que sea necesario recurrir al azúcar. Además, si se trabaja bien el tomate desde un principio, se puede conseguir una textura más fina y un sabor mucho más limpio.
En este sentido, la chef madrileña explica que uno de los pasos más importantes es pelarlo bien antes de cocinarlo, un gesto sencillo pero que puede marcar la diferencia y mejorar notablemente el resultado final.
Por otro lado, explica que antes de agregar el tomate se debe construir una base sólida, por lo que aconseja comenzar por cocinar a fuego suave la cebolla y el ajo, sin prisas. La finalidad no es dorar, sino pochar lentamente hasta conseguir que las verduras estén blandas y ligeramente dulces.
Ese fondo es el que consigue dar equilibrio a la salsa. Cuando el sofrito está en su punto, es hora de añadir 50 ml de vino blanco, que son un ingrediente clave para transformar el resultado final.
El alcohol se evapora durante la cocción, aportando un sabor más profundo y aromático. Este paso marca la diferencia frente a las salsas que tienen un sabor más plano. Tras añadir el tomate, se empieza con una cocción lenta.
Se debe hacer a fuego suave durante 40-45 minutos, dejando que el agua se evapore poco a poco. Durante ese tiempo, los sabores se concentran y la acidez va suavizándose sin que sea necesario agregar azúcar. Removiendo de vez en cuando, se consigue una textura más homogénea.
Fruto de seguir las pautas de Samantha Vallejo-Nágera, se puede conseguir una salsa intensa, espesa y equilibrada, que se puede usar como base para una gran cantidad de platos.
Salsa de tomate casera
- 1 kg de tomates maduros
- 50 ml de vino blanco
- 2 dientes de ajo
- 1 cebolla
- 1 hoja de laurel
- Aceite de oliva virgen extra (AOVE)
- Sal (al gusto)
- Pimienta (al gusto)
- 1 cucharadita de pimentón dulce (opcional)
Paso 1
Hacer una cruz en la base de los tomates, escaldarlos unos segundos en agua hirviendo y enfriarlos en agua con hielo. Pelarlos, cortarlos en cubos pequeños y reservar.
Paso 2
Calentar un chorrito de aceite de oliva en una cazuela y pochar la cebolla picada junto con los ajos a fuego medio-bajo.
Paso 3
Cuando la cebolla esté transparente, añadir la hoja de laurel y el pimentón dulce (opcional), removiendo para que no se queme.
Paso 4
Incorporar el vino blanco y dejar evaporar el alcohol durante unos minutos.
Paso 5
Agregar los tomates picados, mezclar con el sofrito y cocinar a fuego suave durante 40-45 minutos, removiendo de vez en cuando.
Paso 6
Ajustar de sal y pimienta al gusto.
Paso 7
Triturar la salsa si se desea una textura fina o dejarla tal cual para una versión más rústica.
Las ventajas de la salsa casera
Preparar una salsa de tomate casera en lugar de comprarla ya hecha es lo más recomendable, principalmente porque se puede tener el control total de los ingredientes a utilizar, sin los aditivos ocultos que suelen estar presentes en las salsas industriales.
En ellas se suelen introducir muchos azúcares añadidos, espesantes, conservantes y exceso de sal, mientras que hacerlo uno mismo en casa supone decidir qué lleva. Además, se pueden elegir tomates en su punto óptimo de maduración, derivando en un sabor mucho más natural y auténtico.
Una buena salsa de tomate casera puede ser clave para la preparación de otros muchos platos, pudiendo usarse como base para una pizza, para acompañar albóndigas, para un arroz con sofrito e incluso para enriquecer un estofado.
Tenerla lista en el congelador ahorra mucho tiempo en la cocina y permite disfrutar de una preparación casera y de mayor calidad.
