El pan es uno de los alimentos básicos más consumidos cada día en España, con una ingesta media que supera los 27 kilos por persona al año, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Presente en millones de hogares, forma parte de desayunos, comidas, meriendas y cenas, por lo que conservarlo correctamente sigue siendo una de las principales preocupaciones de muchos consumidores.
Sin embargo, cuando llegan las altas temperaturas, mantenerlo fresco durante más tiempo no siempre resulta algo sencillo. De hecho, lo que normalmente funciona el resto del año puede dejar de ser la mejor opción en pleno verano.
Durante años, las bolsas de tela y de papel han sido las opciones más recomendadas para guardarlo. Son prácticas, reutilizables y ayudan a mantener la corteza crujiente durante más tiempo. Pero algunos expertos empiezan a matizar esta recomendación con la llegada de las altas temperaturas.
Es el caso de José Roldán, panadero cordobés y reconocido como Panadero Mundial en 2025, quien defiende una alternativa poco habitual durante los meses más cálidos: "En verano, en vez de conservar el pan en la talega, usaría una bolsa de plástico", aseguraba hace unos meses el experto a El Español.
El problema no está en el pan, sino en el calor
A simple vista puede parecer una recomendación contradictoria. Al fin y al cabo, las bolsas de tela siempre se han considerado una de las mejores formas de conservar el pan.
Sin embargo, según explica Roldán, el comportamiento del pan cambia cuando aumentan las temperaturas. La razón tiene que ver con la humedad que contiene en su interior. "La bolsa de tela permite que el pan transpire, pero con el calor hace que pierda humedad más rápido".
Cuando esto ocurre, el pan comienza a secarse antes de lo habitual y acaba endureciéndose en menos tiempo. Algo especialmente frecuente durante las olas de calor o en viviendas donde la temperatura interior permanece elevada durante gran parte del día.
Por ese motivo, el panadero considera que, en determinadas circunstancias, una bolsa de plástico puede ser una mejor alternativa para conservarlo durante unas horas o incluso hasta el día siguiente.
Por qué el plástico funciona mejor en verano
La explicación es sencilla. Mientras la tela permite que la humedad escape al exterior, el plástico actúa como una barrera que la retiene. Esto ayuda a que la miga conserve mejor su textura y evita que el pan se reseque con tanta rapidez.
Eso sí, esta solución también tiene una contrapartida. Al quedar atrapada la humedad, la corteza pierde parte de su característico crujiente y puede adquirir una textura más blanda o ligeramente gomosa.
Aun así, José Roldán considera que este inconveniente tiene fácil solución. "Si el pan se pone un poco chicloso, le das un toque de horno y vuelve a estar magnífico". Un gesto sencillo que permite recuperar parte de la textura original de la corteza en apenas unos minutos.
Ventajas e inconvenientes de cada método
La elección entre tela y plástico depende en gran medida del tiempo que vaya a transcurrir hasta consumir el pan.
Las bolsas de tela o papel siguen siendo una excelente opción para quienes van a comerlo el mismo día y quieren conservar la corteza crujiente el mayor tiempo posible. Sin embargo, cuando el calor es intenso, este sistema favorece que la pieza pierda humedad más deprisa y se endurezca antes.
Las bolsas de plástico ofrecen justamente el efecto contrario. Conservan mejor la humedad interior y retrasan el endurecimiento del pan, aunque sacrifican parte de la textura crujiente exterior.
Pero si el pan permanece demasiado tiempo almacenado, el exceso de humedad puede favorecer la aparición de moho.
El congelador sigue siendo la mejor opción
A pesar de esta recomendación para los días más calurosos, muchos panaderos siguen coincidiendo en que el congelador es la mejor solución cuando no se va a consumir el pan en poco tiempo.
Congelarlo en rebanadas o en porciones permite conservarlo durante semanas sin apenas perder calidad. Después basta con descongelarlo a temperatura ambiente o darle unos minutos de horno para recuperar gran parte de su textura original.
