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Una terraza abierta durante todo el año puede marcar la diferencia entre un negocio hostelero con ingresos estacionales y otro capaz de mantener una facturación elevada de forma constante.

Aunque tradicionalmente las terrazas se asocian al verano, cada vez más bares, cafeterías y restaurantes buscan fórmulas para aprovechar estos espacios durante los doce meses del año.

Un estudio elaborado por la empresa especializada Tubbo ya apuntaba hace años el enorme potencial económico de las terrazas para la hostelería.

Según sus cálculos, un establecimiento con una terraza de tamaño medio podría generar entre 235.000 y más de 800.000 euros anuales gracias a este espacio exterior, siempre que disponga de soluciones que permitan utilizarlo independientemente de las condiciones meteorológicas.

La cifra resulta especialmente llamativa en un país como España, donde la cultura de la terraza forma parte del estilo de vida y donde muchos clientes prefieren sentarse al aire libre incluso durante los meses más fríos.

El negocio de una terraza

Para muchos hosteleros, la terraza representa mucho más que unas cuantas mesas adicionales. En realidad, supone una ampliación de la capacidad del local sin necesidad de acometer grandes obras o alquilar más superficie interior.

Según el informe de Tubbo, una terraza con capacidad para 30 personas sentadas puede llegar a generar alrededor de 3.500 euros diarios en ingresos durante la temporada alta. Teniendo en cuenta que muchos establecimientos concentran el uso intensivo de estos espacios entre junio y septiembre, el volumen de negocio acumulado puede ser considerable.

Sin embargo, la realidad es que no todos los días de verano son aprovechables. La lluvia, el viento o las temperaturas extremas obligan con frecuencia a cerrar la terraza. A ello se suman los días de descanso semanal que mantienen numerosos negocios.

De acuerdo con las estimaciones del estudio, una terraza convencional dispone de unos 67 días realmente útiles durante la temporada estival. Con una facturación media de 3.500 euros diarios, esto se traduce en aproximadamente 235.000 euros de ingresos.

La cifra ya resulta significativa por sí sola, pero el verdadero potencial aparece cuando se analiza qué ocurriría si ese espacio pudiera utilizarse durante más tiempo.

La lluvia y el frío

Uno de los principales problemas para la hostelería es la dependencia del clima. Cada jornada de lluvia o viento intenso implica mesas vacías y, por tanto, pérdida de ingresos.

El estudio calcula que durante el verano se pierden alrededor de 20 días de actividad por causas meteorológicas. Si esos días pudieran recuperarse mediante algún sistema de protección adecuado, la facturación podría aumentar en unos 70.000 euros adicionales.

Esta situación explica por qué cada vez más establecimientos invierten en cerramientos ligeros, pérgolas bioclimáticas, techos retráctiles o sistemas de protección frente al viento.

El objetivo no es otro que reducir la dependencia de las condiciones climáticas y ofrecer a los clientes una experiencia más cómoda y agradable durante todo el año.

Además, las tendencias de consumo han cambiado. Tras la pandemia, muchos consumidores valoran especialmente los espacios abiertos y ventilados. Las terrazas han pasado de ser un complemento a convertirse en uno de los principales reclamos de numerosos negocios.

Los expertos del sector coinciden en que disponer de una terraza atractiva puede influir directamente en la elección de un restaurante o cafetería, especialmente en zonas urbanas con gran competencia.

Más de 800.000 euros al año

La hipótesis más ambiciosa planteada por Tubbo contempla un escenario en el que la terraza pueda mantenerse operativa durante prácticamente todo el año.

En este caso, el establecimiento dispondría de alrededor de 300 días hábiles de explotación. Aunque la afluencia de clientes suele disminuir fuera de la temporada alta, el informe considera una facturación diaria más conservadora, situada en torno a los 2.500 euros durante los meses no estivales.

Incluso con esa reducción de ingresos diarios, la terraza podría generar unos 580.000 euros adicionales durante los ocho meses restantes del año.

Si se suman los ingresos obtenidos durante el verano y los generados durante el resto del ejercicio, el rendimiento anual superaría los 800.000 euros en los escenarios más favorables.

Evidentemente, estas cifras no son extrapolables a todos los establecimientos. Factores como la ubicación, el tamaño de la terraza, el tipo de clientela, el precio medio del consumo o el nivel de ocupación influyen de manera decisiva en los resultados finales.

Aun así, el estudio pone de manifiesto una realidad que muchos hosteleros conocen bien: la terraza se ha convertido en uno de los activos más rentables de un negocio de restauración.

Por ello, cada vez son más los empresarios que buscan soluciones para aprovechar estos espacios durante los doce meses del año sin renunciar a la estética ni al confort.

La posibilidad de mantener la actividad independientemente de la lluvia, el viento o el frío no solo mejora la experiencia del cliente, sino que puede multiplicar notablemente la capacidad de generar ingresos.