Tener una terraza o un jardín es un verdadero lujo cuando suben las temperaturas. Es una parte fundamental de una casa que hay que decorar adecuadamente y también mantener.
Los cuidados son esenciales, sobre todo para mantener el mobiliario en buenas condiciones y que dure impecable.
No solamente por estética; también es una cuestión de sostenibilidad. No hay que comprar y tirar como si fuera una moda pasajera.
Y para lograrlo hay que cuidar sofás, mesas y tumbonas en buen estado. Quizá no resulte sencillo porque al estar en exterior se encuentran a merced de las inclemencias del tiempo.
Lluvia y el implacable sol que los puede decolorar y agrietar. Todo depende de si son de plástico, mimbre, metacrilato... Cada material requiere un proceso específico.
La tumbona es el mueble de terraza estrella del verano.
También el hecho de que nos acostemos en ellas sin poner una toalla encima hará que las cremas se queden impregnadas, o si comemos o tomamos algo pueden caerse restos. ¡Es normal, están para usarse y no hay que hacer dramas!
En este contexto, la consulta de esta semana del consultorio de ‘La Ordenatriz’ en Magas se centra en cómo limpiar ese asiento reclinable que es el protagonista indiscutible del verano.
Y es que, cuando el calor aprieta, lo único que apetece es tumbarse al sol —siempre con protección y evitando las horas centrales del día— en un espacio limpio y agradable.
Para dejar impecable la loneta de las tumbonas, la experta recomienda un producto clásico que destaca por su versatilidad: la piedra blanca.
De textura sólida, está compuesta principalmente por arcillas naturales, carbonato cálcico, jabón vegetal y, en algunos casos, pequeñas cantidades de glicerina o aceites esenciales.
Su fórmula lo convierte en una solución eficaz pero suave, capaz de eliminar suciedad sin dañar las superficies. Y además es muy asequible. Nada de usar cualquier gel, spray, detergente o lavavajillas.
El método de uso es sencillo. Con un estropajo mojado, se frota sobre la piedra blanca hasta obtener una ligera espuma.
A continuación, se aplica sobre el tejido con movimientos firmes, insistiendo en las zonas más sucias. La acción ligeramente abrasiva de las arcillas permite arrastrar la suciedad incrustada, mientras que el jabón ayuda a descomponer las manchas.
Durante el proceso, es recomendable ir aclarando la esponja y reaplicando producto si es necesario. Una vez finalizada la limpieza, se aclara con abundante agua, preferiblemente con una manguera, para eliminar cualquier residuo.
Por último, se deja secar al sol. El resultado: unas tumbonas limpias, revitalizadas y listas para disfrutar del verano.
