El Ingreso Mínimo Vital (IMV) se ha convertido en una de las ayudas económicas más importantes para miles de familias en España. Durante el último año, esta prestación ha llegado a cerca de 800.000 hogares y beneficiado a alrededor de 2,4 millones de personas.
Sin embargo, para percibir esta ayuda la Seguridad Social exige cumplir una serie de requisitos y obligaciones que deben mantenerse en el tiempo para que sea concedida y para seguir cobrando la prestación.
Entre ellos destaca uno fundamental: acreditar que se pasa por una situación de vulnerabilidad económica y que los ingresos del hogar siguen estando por debajo de los límites establecidos por la normativa.
La legislación establece que esta prestación puede solicitarse tanto por personas que viven solas como por aquellas que forman parte de una unidad de convivencia, siempre que cumplan determinadas condiciones de edad, residencia e ingresos.
Con carácter general, los solicitantes deben tener al menos 23 años, salvo algunas excepciones previstas por la ley para situaciones concretas.
Además, es obligatorio residir legalmente en España y haberlo hecho de forma continuada durante, al menos, el año anterior a la presentación de la solicitud.
Este requisito no se exige a determinados colectivos, como menores incorporados recientemente a la unidad familiar por nacimiento, adopción o acogimiento, así como a víctimas de violencia de género, trata o explotación.
El requisito económico clave
Más allá de la residencia, el aspecto clave para acceder al Ingreso Mínimo Vital es la situación económica del solicitante o de la unidad familiar. La normativa considera que existe vulnerabilidad económica cuando los ingresos computables del hogar se sitúan por debajo de la renta garantizada que corresponde según la composición familiar.
En el caso más básico, el de una persona que vive sola, la renta garantizada para 2026 se sitúa en 733,60 euros mensuales. Por tanto, quienes perciban ingresos inferiores a esa cantidad —con el margen previsto por la normativa— pueden tener derecho a recibir esta prestación.
La cuantía final del Ingreso Mínimo Vital se calcula teniendo en cuenta los ingresos que ya percibe la persona beneficiaria. Esto significa que la ayuda actúa como un complemento hasta alcanzar la renta garantizada establecida para cada tipo de hogar.
Por este motivo, el IMV puede ser compatible con salarios, pensiones, prestaciones o subsidios por desempleo, aunque dichos ingresos se descuentan a la hora de calcular la cantidad definitiva que corresponde cobrar.
Esto puede hacer que pierdas la ayuda
Además de cumplir los requisitos económicos, existe una obligación que cobra especial importancia cada año durante la campaña de la Renta.
Todas las personas titulares del Ingreso Mínimo Vital están obligadas a presentar la Declaración de la Renta, independientemente de que sus ingresos sean bajos o de que normalmente no estuvieran obligadas a hacerlo. Esta exigencia también afecta al resto de miembros que formen parte de la unidad de convivencia.
La presentación de la declaración es uno de los compromisos recogidos expresamente en la normativa reguladora de esta prestación y resulta imprescindible para mantener el derecho a seguir percibiéndola.
Qué ocurre si no se presenta
La Seguridad Social advierte de que el incumplimiento de esta obligación puede tener consecuencias directas sobre la ayuda. De hecho, la normativa contempla la suspensión del Ingreso Mínimo Vital cuando las personas obligadas a presentar el IRPF no lo hagan durante dos ejercicios fiscales consecutivos.
Por ello, los expertos recomiendan revisar cada año la situación fiscal de todos los miembros de la unidad familiar y asegurarse de cumplir con este trámite, ya que una simple omisión puede poner en riesgo una prestación de la que dependen miles de hogares en España.
