En España, miles de mujeres migrantes sostienen sectores esenciales como el cuidado de mayores y el trabajo doméstico, pese a contar, en muchos casos, con trayectorias profesionales consolidadas en sus países de origen.
Las dificultades para integrarse en ocupaciones acordes a su formación —desde trabas administrativas hasta la falta de reconocimiento de títulos— empujan a muchas de ellas hacia trabajos que requieren menor acreditación formal, pero que resultan clave para el funcionamiento cotidiano de la sociedad.
Una de esas mujeres es Lorena, una colombiana que ha convertido su experiencia migratoria en un testimonio que, en redes sociales, ayuda a otras personas que han pasado o están pasando por la misma situación.
Aunque en su país ejercía como profesional, en España ha encontrado en la limpieza y el cuidado de personas mayores una vía para salir adelante. "No me define el trabajo que hago, sino la forma en que lo hago", explica.
La vida de Lorena en España
El caso de Lorena no es, ni está cerca de ser una excepción, sino el reflejo de un patrón estructural que empuja a numerosas mujeres migrantes a desempeñar trabajos muy por debajo de su cualificación.
Se trata de una inserción laboral marcada por la sobrecualificación, donde perfiles con formación académica o experiencia especializada terminan ocupando empleos de baja remuneración y escaso reconocimiento social.
Esto se explica por varios factores. El primero tiene que ver con las barreras que encuentran al llegar: la dificultad para convalidar sus titulaciones, el dominio del idioma o la obtención de permisos legales limita muchas veces la posibilidad de ejercer la profesión que tenían en su país de origen o de acceder a empleos acordes con su cualificación.
El segundo de ellos se da por la demanda. Cada vez más familias en España requieren servicios de limpieza, cuidado de personas mayores o de niños y muchos migrantes acceden a esos trabajos por disponibilidad, accesibilidad y por requerir menos "requisitos formales".
El último de ellos es la poca ocupación de estos puestos, lo que facilita la inserción inmediata de aquellas personas que necesitan ganar dinero rápidamente, aunque sea inferior.
Según los datos, los trabajadores extranjeros ganan en promedio un 29 % menos que los nacidos en España, y la segregación hacia empleos de menor remuneración explica gran parte de ese diferencial.
En ese contexto, es habitual que inmigrantes como Lorena accedan a estos puestos, incluso teniendo oficios superiores en sus países de origen
"Era profesional en mi país y he tenido que llegar a España a cuidar abuelos, a cuidar niños y a limpiar casas. En la mayoría de los casos tenemos que llegar aquí a hacer labores y trabajos que incluso en nuestro país nunca habíamos hecho", cuenta en un vídeo de sus redes sociales.
En sus redes sociales, la colombiana comparte consejos para quienes buscan abrirse camino en España sin papeles, basados en su propia experiencia migratoria. Llegó hace dos años y, al contar con familiares en el país, pudo pasar sus primeros meses viviendo con ellos mientras completaba el empadronamiento, buscaba un lugar donde establecerse y un empleo.
A los nueve meses logró acceder a un trabajo con permiso laboral gracias a la solicitud de asilo político, lo que permitió a su familia alquilar finalmente un piso. Además de dedicarse a la limpieza, Lorena encadenó otros trabajos con el objetivo de reunir el dinero suficiente para empezar a construir una nueva vida.
"Al contrario de sentirme mal o decepcionada por lo que estoy haciendo, realmente trato de verlo como parte de un proceso que tengo que seguir por decisiones simplemente que se han tomado. Siento que lo que hago en este momento no me define como persona. Lo que sí siento que me define es la forma en cómo lo hago", cuenta.
Pese a la renuncia profesional, Lorena reivindica su dignidad, su entrega, su visión de que el trabajo, aunque no sea el que soñó, "Si tengo que limpiar casas, pues lo limpio como quisiera yo encontrar mi casa si pago, que si cuido niños o abuelos, lo hago con el cariño que quisiera que cuidaran a los míos".
Sin embargo, como cualquier persona, también hay días en los que la colombiana se siente desanimada, "Pero ¿quién no se ha sentido así en cualquier parte del mundo, cualquier día? Y si a eso le sumamos la crisis del migrante, pues mucho más".
