España es líder europeo en compras en plataformas chinas, con un 34% de todas las adquisiciones online realizadas en este tipo de webs durante el primer semestre de 2024.
Las principales plataformas son Shein, AliExpress y Temu, con cuotas de uso del 49%, 45% y 40% respectivamente. Además, cerca de un 29% de los usuarios reconoce comprar al menos una vez al mes, lo que evidencia una relación recurrente y no puntual con este tipo de comercio.
Las cifras se explican por varios factores, como la enorme variedad de productos, la sensación de que siempre vas a encontrar lo que buscas y, sobre todo, el atractivo económico de sus precios.
Sin embargo, este último elemento empieza a diluirse progresivamente, ya que las plataformas han ido ajustando sus tarifas y ahora se enfrentan directamente a un nuevo coste: el fin de la exención arancelaria para los pedidos de bajo valor.
El nuevo arancel de la UE
A partir del 1 de julio de 2026, la Unión Europea eliminará el umbral de 150 euros, obligando a que todos los artículos importados paguen aranceles, independientemente de su bajo valor.
Se trata de un cambio estructural en la fiscalidad del comercio electrónico internacional que pone fin a una exención que llevaba años facilitando la llegada masiva de productos desde China sin apenas costes adicionales.
Hasta ahora, los envíos de bajo valor quedaban libres de aranceles, lo que permitía que plataformas como AliExpress o Shein ofrecieran precios extremadamente competitivos frente a los comercios europeos.
Con la nueva normativa, ese equilibrio cambia porque cada pedido estará sujeto a un recargo que, aunque aparentemente pequeño, puede multiplicarse en función del contenido del paquete.
El detalle clave está en cómo se aplica este arancel. La clave no es una tasa fija, sino un nuevo sistema de 5 categorías simplificadas: dependiendo del tipo de producto, se aplicará un porcentaje que va desde el 5% hasta el 17%.
Esto significa que si en un mismo envío incluyes artículos de distintas categorías (como electrónica y textil), cada uno tributará su porcentaje correspondiente sobre su valor real, lo que podría generar varios cargos adicionales en un solo paquete.
Este sistema busca simplificar las miles de clasificaciones actuales. Ahora, los productos se agrupan en 'cubos' impositivos; por ejemplo, la mayoría de los textiles se agruparán en el nivel más alto (17%), eliminando la complejidad de distinguir entre materiales específicos para aplicar el impuesto.
Imagen de ilustración.
La medida tendrá carácter provisional, al menos en una primera fase que se extenderá entre julio de 2026 y julio de 2028, aunque con posibilidad de prórroga.
Su objetivo principal es adaptar la normativa europea al crecimiento explosivo del comercio electrónico internacional, especialmente el procedente de Asia, y corregir lo que las autoridades consideran una situación de competencia desleal frente a los productores y distribuidores dentro de la UE.
Durante años, los comercios europeos han tenido que competir con productos importados que no soportaban los mismos costes fiscales ni regulatorios. Esta nueva tasa intenta nivelar el terreno, aunque lo hace trasladando parte del impacto directamente al consumidor final.
Para los usuarios, el cambio será inmediato y visible. Las plataformas deberán incorporar este coste en el proceso de compra, por lo que el precio final ya reflejará el recargo antes de completar el pedido.
Esto puede modificar los hábitos de consumo, reduciendo la frecuencia de compra o incentivando pedidos más agrupados para minimizar el impacto relativo de los aranceles.
En paralelo, también podría provocar ajustes en la estrategia de las propias plataformas. Algunas podrían optar por reforzar su presencia logística dentro de Europa para evitar estos costes, mientras que otras podrían replantear su catálogo o sus políticas de envío.
