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"¿Te acuerdas de cuando estabas con...? ¡Cállate, ni lo menciones!"; "Recuerdo perfectamente la ropa que llevaba el primer día de universidad"; "Parece que fue ayer cuando desayunábamos a primera hora de la mañana antes de ir a natación en verano viendo Lizzie McGuire"; "¡Qué tiempos cuando te podías permitir alquilar un piso para ti sola!"...

Estos comentarios pueden darse en la redacción de este periódico, tomando un café o una cerveza o al mandarle un audio a tu amiga. Lo único que tiene que haber en común entre los participantes de la conversación es una cuestión generacional: ser millennial

El último desencadenante que ha avivado el sentimiento de nostalgia que define a los nacidos entre el 1981 y el 1996 —los primeros, aún con rasgos de los X; los segundos, con una mirada muy Z— ha sido la llegada de un especial por el 20 aniversario de Hannah Montana.

El estreno previsto para el próximo 24 de marzo, cuando se cumplen exactamente dos décadas de la llegada del primer capítulo de la serie. El proyecto lleva por nombre Hannah Montana 20th Anniversary Special y, por supuesto, lo emitirá Disney+. 

Ahora, que Hilary Duff —protagonista de Lizzie McGuire— ha vuelto a los escenarios, cuando ya se lloraron ríos de lágrimas con el reencuentro de Friends o Harry Potter, esta nueva propuesta, de la mano además de Miley Cyrus, ha reavivado, aparte de la citada emoción, el fenómeno o síndrome de la niña Disney

Cuando los que hace 20 años eran niños o adolescentes con una maleta cargada de sueños y grababan cintas más o menos ridículas para su audición en Camp Rock se encuentran con todo esto de frente, ¿qué es lo que sucede? Y sí, hay mucha más ciencia tras esta pregunta de lo que parece.

Miley Cyrus y Emily Osment en una escena de la serie. IMDb

¿Cualquier tiempo pasado...

... Fue mejor? La respuesta es no. O, como mínimo, sí y no. "Lo que sucede con la nostalgia es que hay que aterrizarla. Es una emoción muy compleja que lleva consigo otras emociones asociadas como la tristeza, la añoranza, el cariño... No supone sólo recordar, sino activar el sentir de nuevo", comenta Helena López-Casares, doctora en neurociencia y profesora de la Universidad Europea. 

La experta añade que este sentimiento no trae únicamente cosas buenas: "El peligro llega cuando sólo advertimos el punto de vista positivo de aquella época, pero, sin duda, es algo con una función muy importante, ya que establece vínculos afectivos con las personas y situaciones que nos ligan a esa época y que nos mantienen con los pies en la tierra a día de hoy".

López-Casares habla también de una sensación casi de consuelo generacional, de darle un sentido de continuidad a la vida. Algo que refuerza Ana Sánchez, psicóloga y fundadora de la Clínica Pinsapo, en Sevilla. 

"Los millennials somos la última generación que ha vivido una transición tecnológica fuerte. Todos veíamos lo mismo a la misma hora —no había adelantos de episodios ni spoilers—. Te sentabas el martes a las 22:00 horas frente a la televisión a ver U.P.A. Dance y al día siguiente, en el colegio o en el instituto, todo el mundo estaba hablando de ello. Esto, aunque parezca simple, ayuda a crear identidad y pertenencia de grupo", aclara. 

La profesional traslada este mismo sentimiento a la posible comparativa con Miley Cyrus. "Esta generación coincidió con ella. Se desarrolló cuando la artista lo estaba haciendo delante de todos, en un mundo además idealizado, de jóvenes prometedores. Y aun así, había elementos que ayudaban a conectar, puntos cercanos de la realidad: unos padres separados, una nueva pareja, un bache en los estudios", añade. 

Según la psicóloga, en la cantante se ha dado una transformación pública que ha hecho que se viva su evolución casi como propia o a la vez: "Nos podemos ver reflejados en ella porque hemos crecido juntos".

Ángela Henche es creadora de contenido. Su canal está en YouTube desde hace unos 12 años, en Instagram acumula más de 92.000 seguidores y en TikTok más de 278.000.

Además, creó junto a Albanta San Román el pódcast Keep It Cutre —fueron ganadoras de los Premios Ídolo en esta categoría en su última edición— y es una amante confesa de la cultura pop, de ahí nació Crazy In Pop, una de las secciones que aborda en tarea en redes. Ah, y por supuesto, es millennial.

"Todo el regreso de lo dosmilero lo vivo con muchísimo disfrute. Hago un revisionado teniendo en cuenta cómo era la Ángela de entonces y cómo es la de ahora. Ahí descubro que he conservado un montón de cualidades que me enseñó esa Ángela de cuando era más pequeña y adolescente", cuenta la madrileña del barrio de Quintana. 

Esta reflexión que hace Henche es especialmente interesante y funciona al hilo de algunas de las declaraciones de Ana Sánchez: "La nostalgia en sí no es un problema, sino una potente herramienta emocional. Ayuda a integrar a la adolescente que se fue con quien se es hoy, pero siempre desde la coherencia y con una mirada de presente", explica.

Además, la terapeuta deja una frase muy esclarecedora: "Siempre me gusta decir que la memoria es confabuladora y lo tiñe todo de rosa, haciéndonos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no es así. Lo que sucede es que aquello que ya sucedió se quedó atrás y salimos victoriosas".

La creadora de contenido apostilla esto último que dice Ana Sánchez. "Revisitar todo esto es una forma de abrazar a tu yo de entonces, a esa que tenía tantos miedos e inseguridades. Creo que le debemos además una disculpa a la pobre Miley por todo lo que le atacó por, simplemente, dejar de ser una chica de 16 años", recalca Henche. 

Esta mirada al pasado hace reflexionar sobre el presente y acerca de los motivos que hacen que la generación millennial no pare de viajar hacia tiempos pretéritos.

Es algo muy obvio también en ámbitos como la moda o la belleza. De repente, las tendencias, siempre cíclicas, cada vez regresan antes. Uno de los últimos hits de la Semana de la Moda de Nueva York ha residido en hacer referencias al personaje de Jenny Humphrey en Gossip Girl. Antes, para que algo se considerase vintage tenían que haber pasado unos 20 años. Ahora, basta con mirar de reojo. 

A día de hoy, cuando pagar un alquiler es una tarea prácticamente imposible y se habla de terapia a través de stories, ¿en qué se convierte esta nostalgia?, ¿en refugio, meme —esa manía de hacer uso de la mofa a una misma desde la autocrítica para adelantarse al otro— o como mecanismo de supervivencia?

Ángela Henche dice que lo ve como una mezcla de todo: "Representa un lugar seguro. El alejarse un poco de las preocupaciones. El presente que tenemos no es muy esperanzador y el futuro, tampoco. Nos aferramos al pasado porque no sabemos qué va a venir mañana y lo que tenemos más o menos claro no parece demasiado bueno", explica la creadora.

"La generación de mis padres ansiaba lo que estaba por venir porque sabía que iba a ser mejor que lo que tenían mis abuelos. En la actualidad, va a ser muy difícil que nuestras vidas sean mejores que las de ellos", concluye. 

La ciencia

Tras este embrollo de conexión emocional hay mucho más. Y cada uno de los factores de la ecuación tiene el mismo peso. Cuando se está ante algo que desata tal nostalgia, tiene que haber algo más. 

"Aunque pueda no parecerlo, meternos en esto es hacerlo en procesos neurobiológicos que son muy complejos. Aquí intervienen la memoria, la emoción y el sistema de recompensas. Estas son las tres variables que logran combinar sensaciones, significados personales y simbología identitaria", expresa Helena López-Casares. 

Según la doctora en neurociencia de la Universidad Europea, se activan muchas estructuras. "En concreto, hay una que es el hipocampo —que tiene forma de caballito de mar— y que tiene un papel fundamental con toda la recuperación del pasado. Ahí aparece también el concepto de memoria autobiográfica, que es la que nos va construyendo como personas", dice. 

También señala como muy interesante el sistema de recompensas que menciona: "Todo lo que estamos comentando activa los neurotransmisores. Aquí entra en juego la dopamina, asociada a la motivación, la satisfacción y el placer. Entonces, la nostalgia puede ser hiperreconfortante", explica.

Para ejemplificar esto, sale a relucir la familia: "Cuando estamos con ellos, no hablamos tanto de lo que hacemos a día de hoy como de las gestas de cuando éramos pequeños. Nuestro cerebro guarda eso como si fuera un tesoro. Pero, como decía, no se puede llegar a una idealización del pasado".

En la misma línea se manifiesta la psicóloga Ana Sánchez, que comenta que mirar al pasado desde el presente implica un ejercicio de reflexión muy profundo que no habituamos a hacer en el día a día. Este se puede dar con algo tan sencillo en apariencia como este regreso de Hannah Montana. 

"Cuando se activa el sistema de recompensa, lo hace también la sensación de refugio emocional, de confort. De ahí que digamos frases como 'Voy a ponerme una serie para no pensar'. En estos casos se activa un circuito de placer porque sé perfectamente qué va a pasar", detalla.

En esta situación, se da una generación de dopamina y una reducción del cortisol del día a día del que, habitualmente, se intenta escapar con más o menos suerte. 

"Son procesos muy potentes que se plantean desde la nostalgia. Con la memoria recupero el pasado; desde la identidad de quien soy hoy, me reafirmo. Y a la vez, como decía, esta situación da lugar a un refugio emocional que me ayuda a regularme", añade Sánchez. 

La niña Disney

La factoría de ideas estadounidense ha dado lugar a multitud de clichés desde su llegada al mundo: desde el 'y fueron felices y comieron perdices', hasta la creencia de que un chico y una chica que son amigos no pueden ser sólo amigos o el hecho de que al final todo se resuelve. De una manera u otra, la situación siempre acaba bien. Y, si es posible, con algún chiste malo de por medio. 

En ese listado de mantras patrocinados por el gigante del entretenimiento está también el del fenómeno o síndrome de la niña Disney. "No es un diagnóstico clínico. Es un término social que se traduce en que ser adorable —y perfecta— es sinónimo de ser querida y exitosa", explica la psicóloga. 

Escena de la serie. IMDb

Ana Sánchez destaca que el concepto consiste en seguir esa línea cuando las mujeres van pavimentando su camino, pero sin desviarse demasiado de lo que, de forma tradicional, social y culturalmente, se espera de ellas. "Viene a decir algo así como que has de ser fuerte y segura, pero no mucho. No puedes resultar amenazante ni agresiva. Te puede ir genial, pero siempre has de mantenerte humilde", añade.

Es decir, hay que destacar y hacerlo todo bien. Eso sí, no tan bien como para incomodar a los demás. "Esto genera una tensión. Afortunadamente, gracias al contexto actual, con los feminismos contemporáneos, esta perspectiva también está cambiando", comenta.

Algo que sigue igual —o peor—, según la experta, es la cuestión de la autoexigencia. "Lo veo mucho en la forma de lidiar con los conflictos. Hoy en día somos más conscientes de que tenemos que velar por la protección de nuestro yo y poner límites; sin embargo, es habitual seguir el patrón tradicional. Este consiste en tener que resolverlo todo sí o sí y acabar bien con todo el mundo", explica.

Helena López-Casares centra el tiro en este aspecto en la propia Miley Cyrus, comentando que este síndrome se ha reflejado en ella como en muchísimos perfiles similares al de la artista.

"En estos casos se suele dar un efecto rebote. Estos chicos y chicas —en muchos casos ya adultos— tienen una sensación de infancia robada. Cuando van creciendo, toman conciencia de lo que realmente les habría correspondido hacer a ciertas edades", señala. 

¿En qué desemboca lo que comenta la doctora en neurociencia? En rebeldía. ¿De qué manera? Presentándose ante la sociedad de una manera muy diferente a la que lo hacían cuando formaban parte de Disney, en este caso. 

"Llega un punto en el que la persona se pone por encima del personaje. Cuando Miley Cyrus rompió con todo, quería que se hablara de ella de forma diferente. No obstante, lo normal es que con los años se regrese a un punto de equilibrio, que diría es donde está ella ahora mismo, reencontrándose", cuenta. 

Sobre este síndrome también habla Ángela Henche, tan cristalina como siempre en su discurso. De esa mezcla de perfeccionismo, autoexigencia y necesidad de agradar, dice que no lo ve tanto como un fenómeno, sino que "lo llamaría haber nacido mujer. Creo que todo esto nos lo ha dado un poco el género y ahora siendo adultas lo hemos deconstruido".

El regreso de Hannah Montana no es sólo la vuelta de una peluca rubia ni un estribillo pegadizo: es un encuentro con una versión de nosotras mismas que creíamos superada.

Y no, cualquier tiempo pasado no fue mejor; fue nuestro. Lo miramos con filtro —rosa, violeta o dosmilero—, pero también con la lucidez que dan las facturas, la terapia y el alquiler imposible.

La nostalgia, bien entendida, no es una huida: es una conversación entre la que fuimos y la que somos para ir dilucidando la que seremos. Un 'lo hiciste como pudiste'. Y, quizá, un pequeño permiso para descansar del ahora. Aunque sea durante un ratito el próximo 24 de marzo.