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Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, publicada por el Ministerio de Igualdad de España, el 30,3 % de las mujeres de 16 o más años ha experimentado algún tipo de violencia —física, sexual, psicológica, económica o digital— por parte de su pareja o expareja a lo largo de su vida.

Aunque por las cifras puede parecer que este tipo de comportamientos son lo normal, lo cierto es que son un claro indicio de que algo no anda bien. Detrás no solo hay casos de maltrato, sino también dinámicas cotidianas de sufrimiento, dependencia y desgaste emocional que muchas veces se confunden con amor.

Durante años, la cultura popular ha reforzado la idea de que amar implica aguantar, ceder o sufrir en silencio. Sin embargo, los especialistas insisten en que el dolor constante no es una prueba de amor, sino una señal de alarma. Así lo ha explicado la psicóloga Silvia Congost.

Las nuevas relaciones y la toxicidad

"El sufrimiento no es parte inevitable del amor", apunta Congost; si bien todos los vínculos humanos pueden atravesar dificultades, una relación afectiva no debe estar regida por un malestar constante.

Según la psicología, una relación tóxica es aquella en la que una o ambas personas experimentan sufrimiento constante debido a la interacción que tienen.

Ese sufrimiento puede manifestarse en forma de ansiedad, tristeza crónica, baja autoestima, aislamiento, o incluso síntomas físicos.

En este tipo de relaciones, la persona sufre debido al tipo de vínculo que crea con su pareja, a la que normalmente se aferra a pesar de que no rema en la misma dirección.

Al contrario de lo que normalmente se piensa, una persona tóxica no implica que la persona sea mala, ya que, según explica Congost en su libro de 'Si duele, no es amor' "puede suceder que la relación sea tóxica para uno de los miembros de la pareja y también puede suceder que el tóxico sea uno de los dos".

De hecho, como explica la psicóloga: "Puede que la otra persona sea muy buena y tenga un gran corazón, que nunca nos haya faltado al respeto ni nos quiera ningún mal, pero aun así, puede convertirse en tóxica para alguien".

En este contexto, y debido al vínculo y la adicción que se forma, es habitual pensar que "el amor todo lo puede" o que soportar ese dolor constante es algo normal, y que todas las relaciones pasan por ello en algún momento dado.

Sin embargo, "eso son creencias aprendidas de una época en la que la resignación y la sumisión eran la norma y la única opción", indica Congost.

"Si duele, no es amor. Si sufres (debido a la propia relación), no es amor. Si por permanecer allí te vas perdiendo cada día un poquito más a ti mismo, no es amor".

En el momento en el que una persona empieza a perderse a sí misma, a sentirse menos, más insegura, más pequeña… es momento de preguntarse si eso que se está viviendo realmente es amor o es otra cosa.

Cómo reconocer una relación tóxica

Según Silvia Congost, si sentimos que estamos constantemente sufriendo, "tenemos que despertar": entender qué es una relación tóxica es el primer paso para dejar de repetir patrones no solo en la relación actual, sino en todas las que vengan a futuro.

  • Te sientes en una constante montaña rusa de emociones porque a veces sientes que la relación funciona y otras veces tienes claro que no es así.
  • Sabes que hay muchos rasgos de tu pareja que no te gustan y le exiges cambios para poder estar felices juntos porque no aceptas a la otra persona en su realidad contigo.
  • Tienes la sensación de que los conflictos se repiten una y otra vez y eso se traduce en un cansancio, angustia, ansiedad y sufrimiento constante.
  • Ha habido rupturas y constantes reconciliaciones en el tiempo, sin que se observen cambios reales.
  • Se siente que uno de los dos tiene más poder en la relación, mientras que la otra persona siempre está disponible.
  • Puede ocurrir que la otra persona no se alegre de tus logros y siempre busque los defectos, restándoles importancia, o que incluso cambie de tema cuando alguien alcanza un logro.
  • La comunicación en pareja a menudo implica conflictos continuos y siempre tiende a tener la razón o la última palabra, intentando ejercer poder sobre tus decisiones.
  • También puede ocurrir que estemos ante una persona tóxica que sea controladora o posesiva y que no respete tu privacidad, de tal forma que te aísle del mundo y genere dependencia emocional.