La actriz Lola Herrera habla de la vejez sin eufemismos ni nostalgia. A sus 90 años, defiende que la felicidad después de los 60 no consiste en retirarse del mundo, sino en volver a entrar en él de otra manera.
"Hay que abrazar pasiones nuevas", repite. Para ella, la jubilación no es una meta, sino un punto de inflexión.
Con menos obligaciones y más tiempo consciente, comienza una etapa que puede vivirse como pérdida o como apertura.
Herrera tiene claro que la clave está en mantener el deseo activo. No se trata de ocupar horas, sino de encender intereses que den sentido a los días.
La actriz, que ha empezado a pintar y a estudiar historia del traje en plena madurez, considera que la curiosidad es una forma de vitalidad. "Imagínate lo que hay por ver, lo que hay por disfrutar", dice. Su mensaje no es romántico, sino práctico. La pasión, sostiene, se entrena.
La pasión no caduca
"El arte sana, crear sana", ha defendido en varias entrevistas. No habla solo del escenario. Crear significa implicarse en algo que despierte emoción: escribir, bailar, estudiar, aprender un idioma. Lo importante no es la perfección, sino el movimiento interior.
Herrera lamenta que muchas personas descarten nuevos proyectos por considerarlos impropios de su edad. "Con 65 años eres jovencísimo, muy joven", afirma. Para ella, empezar tarde no es un fracaso, sino una oportunidad recuperada.
La psicología coincide con esa intuición. Aprender actividades nuevas en la madurez estimula la memoria, la atención y la flexibilidad mental. Pero la actriz insiste en un beneficio más profundo: tener ilusión futura. Un proyecto, aunque sea pequeño, introduce expectativa, rompe la inercia y protege del aislamiento.
Recordar antiguas curiosidades puede ser el primer paso. "Yo creo que todo el mundo tiene curiosidades, no puedo creer que nadie ande por la vida sin curiosidades con 65 años", sostiene. Y si parecen olvidadas, propone mirar atrás: rescatar lo que entusiasmaba antes de que la rutina impusiera prioridades.
Elegir el entorno
La felicidad a partir de cierta edad, advierte la actriz, no depende solo de lo que uno hace, sino de con quién lo comparte. Herrera es contundente cuando habla del entorno: "Si tienes tres o cuatro amigas a las que no les interesa nada, tienes que buscar amigas nuevas".
La apatía, dice, se contagia. Igual que el entusiasmo. Rodearse de personas inquietas facilita dar pasos que en soledad parecerían excesivos. Compartir intereses crea comunidad y refuerza la motivación.
Lola Herrera recibiendo la Medalla de Oro de la Ciudad de Valladolid.
A veces la resistencia llega desde la familia. Hijos que cuestionan decisiones o sugieren descanso cuando lo que se busca es movimiento.
Ante eso, la actriz propone firmeza: "Si los hijos te reclaman que cómo vas a hacer eso ahora, responde: 'sí, lo voy a hacer'". La madurez, recuerda, otorga autoridad sobre la propia vida.
Curiosidad contra el desgaste
Herrera no niega el límite físico que introduce la edad. "Tienes más años y te cansas antes", reconoce. Pero distingue entre ajustar el ritmo y renunciar al deseo. Descansar más no implica dejar de explorar, sino hacerlo con conciencia.
Por eso defiende planificar la nueva etapa. Reservar tiempo para una afición, tratarla como un compromiso real y protegerla de la rutina. "Uno, cuando se jubila, necesita tener algo que no sea ir a Benidorm a bailar", bromea, subrayando que el ocio pasivo no basta.
Su idea de felicidad es tener sentido y seguir habitando el mundo con interés. Empezar algo nuevo a los 60, 70 u 80 años, para ella, la vida continúa abierta.
Mientras exista curiosidad, insiste, hay futuro. Y la edad, lejos de cerrar puertas, puede convertirse en el momento exacto para cruzarlas.
