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Este lunes 16 de febrero ha comenzado una nueva huelga de médicos en España. La quinta en menos de un año, con la diferencia de que en esta ocasión es indefinida y con servicios mínimos, con la intención de hacerla efectiva una semana al mes hasta junio.

La médica de familia, Ana Encinas, atiende cada día a decenas de pacientes en un centro de salud de Carabanchel y con más de una huelga de atención primaria a sus espaldas, concedía una entrevista en 2022 al medio Carabanchel.net, en el que denunciaba las condiciones de los sanitarios.

Ella misma defendía que el conflicto no es solo laboral: "Me niego, en resumen, a perder la humanidad que mi trabajo requiere".

Encinas enmarcaba el paro en una situación que consideraba límite, en un momento en el que se consideraba una huelga histórica por sus condiciones. A su juicio, el modelo del momento se encontraba "en estado crítico por denegación de auxilio e intento de cambio de modelo sanitario".

La doctora sostenía entonces que el debate no puede reducirse a cifras o plantillas, sino a la esencia del sistema. Advierte que la ciudadanía corre el riesgo de perder una atención continuada, cercana y preventiva, sustituida por intervenciones puntuales cuando la enfermedad ya se ha manifestado.

Cambio de modelo preocupante

Encinas describía entonces un escenario en el que desaparecería la figura del profesional de referencia, una de las principales causas de la huelga y preocupaciones de los sanitarios. Algo que, a día de hoy, parece haber empeorado.

"Dejaremos de tener nuestros profesionales asignados, conocidos y ocupados en funciones de promoción de la salud y prevención de la enfermedad", explica. Temía una atención fragmentada, con profesionales "sustituibles" y sin vínculo estable con los pacientes.

Para la médica, este giro afecta a todas las categorías de la atención primaria. Considera que el conflicto interpela a médicos, enfermeras y personal de apoyo, y defiende que el resto de colectivos también debería movilizarse.

"La salud no es negocio, el negocio es la enfermedad y de un Sistema Nacional de Salud pasaremos a un Sistema Privado de Enfermedad", asegura.

Su apoyo a la huelga, subrayaba, tenía un coste, además, muy personal. "Soy médica de un centro de salud de Carabanchel (…) apoyo una huelga indefinida, a costa de la pérdida económica que sea necesaria", señalaba. Incluso reconocía que se planteaba abandonar la profesión si no se producen cambios estructurales.

Encinas rechazaba contundentemente normalizar agendas que oscilan entre 40 y 60 pacientes diarios. "Me niego a normalizar agendas de entre 40 y 60 personas cada día (…) sintiendo que estoy 'despachando' a toda velocidad, en lugar de dar la atención que el paciente necesita", afirmaba. Una presión que impide mirar y escuchar con calma.

El tiempo como conflicto

La falta de minutos por consulta es, para la doctora, el núcleo del problema. "Me niego a no poder disponer de unos minutos para ver a la persona, escucharla entendiendo lo que me está contando y sentir que estoy acompañándola en su necesidad", explica en la entrevista.

"La falta de tiempo me fuerza a solicitar algunas pruebas complementarias, incluso algunas derivaciones a especialista que podrían evitarse", añade. A su juicio, el sistema empuja a una medicina defensiva y acelerada que no siempre beneficia al paciente.

Encinas describe también consultas marcadas por la ansiedad, la precariedad laboral y la soledad, que exigirían espacios de escucha. Sin ese margen, teme que se cronifique una respuesta farmacológica.

"Es necesario dedicar el tiempo adecuado a cada paciente, brindando un espacio cálido y de confianza, en lugar de facilitar medicamentos para la ansiedad y la depresión sistemáticamente", sostiene. Si la dinámica continúa, advierte, se avanzará hacia una sociedad medicalizada en exceso.

La digitalización mal aplicada es otra de sus preocupaciones. "Quieren profanar la relación terapéutica, sustituyendo la presencia por una pantalla", declara. Recuerda que la medicina también es contacto físico, observación directa y acompañamiento.

Llamamiento a la ciudadanía

La médica insiste en que el conflicto trasciende las reivindicaciones salariales. "Aclaro que conseguir más dinero no me proporcionará más tiempo, por lo que no es una solución", aclaraba. Para ella, el eje es proteger un modelo de atención que priorice la prevención y la cercanía.

Encinas sitúa a la ciudadanía como actor clave. Considera que los pacientes serán los principales perjudicados si se consolida el cambio de rumbo. "La ciudadanía es una parte fundamental en este conflicto", afirma, porque podría verse empujada a contratar seguros privados y "pagar doblemente por peores servicios".

Aunque se mostraba pesimista respecto a la administración, la médico tenía confianza en la respuesta social. "Confío plenamente en la ciudadanía", dice, recordando las movilizaciones recientes en defensa de la sanidad pública. También apuesta por la unidad de todos los profesionales de atención primaria y de las urgencias extrahospitalarias.

Tres años después, solo queda esperar cómo reaccionan los responsables de que España tenga la sanidad pública que se merece y por la que está pagando sus impuestos.