Publicada

El sector de la limpieza en España lleva años sosteniéndose sobre condiciones laborales exigentes y poco atractivas para una parte de la población local. Se trata de trabajos físicamente demandantes, con horarios fragmentados, alta carga de esfuerzo y salarios que suelen situarse en la franja baja del mercado laboral.

Estas condiciones han contribuido a que una parte de los trabajadores españoles, especialmente los más jóvenes, opten por continuar sus estudios o buscar empleo en sectores con mejores perspectivas salariales y de conciliación.

Como consecuencia, una parte creciente de estos puestos ha sido cubierta por población inmigrante. Según distintos estudios recientes, a finales de 2024 y principios de 2025, las personas inmigrantes ocupaban más del 40 % de los empleos en los sectores de cuidados y limpieza.

Para muchas de ellas, estos trabajos representan la principal —y a veces la única— puerta de entrada al mercado laboral español, incluso cuando en sus países de origen ejercían profesiones cualificadas o tenían trayectorias laborales consolidadas.

En ese contexto se sitúa la historia de Carolina, una mujer colombiana que forma parte de ese flujo de trabajadoras que sostienen el sistema de cuidados en España, pero que se enfrenta a unas condiciones laborales precarias.

La historia de Carolina

Carolina es una de esas mujeres que tuvo que dedicarse al sector de los cuidados para poder sobrevivir en su nuevo país. Su experiencia refleja una realidad común: la de quienes migran con formación y experiencia, pero se encuentran con barreras administrativas, legales y de homologación que les impiden ejercer su profesión.

Muchos inmigrantes no pueden dedicarse en España a aquello en lo que trabajaban en su país por varias razones. La primera es la situación documental, ya que sin permiso de trabajo las opciones formales se reducen drásticamente.

A esto se suman los procesos largos y costosos de homologación de títulos, el desconocimiento del sistema laboral español y, en ocasiones, la falta de redes de apoyo.

Como resultado, una parte de estas personas termina aceptando empleos con condiciones precarias y sueldos bajos, priorizando la supervivencia económica sobre la continuidad de su carrera profesional.

Carolina es una de las personas que se ha visto obligada a aceptarlo. Es originaria de una vereda del municipio de Neira, en el departamento de Caldas, Colombia, y se define a sí misma como una mujer criada en el campo.

En su país trabajaba como administradora, un puesto de responsabilidad que nada tenía que ver con el cuidado de personas mayores. Sin embargo, hace once meses tomó la decisión de emigrar a España en busca de oportunidades.

Carolina, cuidadora de adultos, sobre cuánto gana.

Llegó con la idea clara de que tendría que adaptarse y trabajar en lo que fuera necesario; sin embargo, fue más difícil de lo que había imaginado. Antes de convertirse en cuidadora, Carolina trabajó durante dos meses y medio en la recolección de frutas como melón, nectarina y albaricoque en Murcia.

A pesar de tener empleo, los primeros días fueron tan duros que tuvo que replantearse dormir en un parque para poder reservar el poco dinero que les quedaba para comer.

Fueron jornadas largas, bajo temperaturas muy elevadas y aun así, ella lo vivió como algo llevadero por su origen campesino y su familiaridad con el trabajo físico. Esa etapa le sirvió para mantenerse y para empezar a tejer relaciones en el entorno local.

Con el paso del tiempo, Carolina cambió de trabajo y actualmente se dedica al cuidado a domicilio como interna de una persona mayor, lo que significa que reside en la misma vivienda donde presta sus servicios.

Su día comienza a las 6:45 de la mañana, cuando se encarga de la ducha, el desayuno y las curaciones de la señora a la que cuida. Aunque es un trabajo de presencia casi continua, destaca que tiene ciertos márgenes de autonomía.

Entre las ocho y las nueve y diez de la mañana suele ir al gimnasio; después retoma sus tareas hasta primera hora de la tarde y, cuando la señora duerme la siesta, dispone de dos o tres horas libres que aprovecha para caminar, descansar o salir. La jornada concluye alrededor de las diez de la noche, cuando deja acostada a la mujer.

El cuidado de personas mayores en España

Carolina describe el cuidado de personas mayores como "una lotería". Considera que el grado de dificultad depende mucho del estado del paciente y de su carácter.

En su caso siente que ha tenido suerte y que "se la ganó", porque está contenta con la señora a la que atiende. Aun así, insiste en que se trata de un trabajo delicado, que exige responsabilidad, higiene y atención constante.

En el plano económico, su situación actual le permite cierto margen de ahorro, algo que no siempre es habitual en este sector. Cobra un salario base de 1.000 euros mensuales; sin embargo, cuenta con algunos pluses y ventajas, como que los fines de semana y festivos se pagan aparte si decide trabajarlos.

Al no estar obligada, Carolina necesita un lugar donde quedarse y desconectar de su entorno laboral durante esos días de descanso y cuenta con una habitación por la que paga solo 100 euros al mes gracias a contactos.

En alimentación prácticamente no tiene gastos, ya que el sobrino de la señora le proporciona dinero para comprar la comida que ella prefiere. Esta combinación de ingresos y gastos reducidos le permite guardar dinero con regularidad.

Su vida en Murcia, según cuenta, es tranquila pero limitada en oportunidades. El mercado laboral local ofrece pocas alternativas: o el trabajo agrícola o el cuidado de personas mayores.

Carolina advierte que este ritmo pausado y a veces solitario no es para todo el mundo, sobre todo para personas muy activas o sociables acostumbradas a las grandes ciudades. Ella misma compara esa calma con el ritmo de Colombia.

Pese a las dificultades iniciales, Carolina no se muestra arrepentida de haber emigrado. Aconseja a quienes estén pensando en hacerlo que se arriesguen, pero de forma informada, sin venir "a ciegas".

Si pudiera retroceder en el tiempo, dice que habría preferido llegar con una visa de estudio para contar con documentación y facilitar su inserción laboral, en lugar de hacerlo sin papeles.

También subraya la importancia de tener la mente abierta y asumir que, al menos al principio, habrá que hacer sacrificios y trabajar en oficios que quizá en el país de origen no se habrían considerado.