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En España, el 12,8 % de los cerca de dos millones y medio de hogares convive con al menos una persona dependiente. Una cifra significativa que, en muchos casos, implica que los cuidados recaigan en familiares y, en un 90 % en mujeres que siguen asumiendo el rol principal de cuidadoras, a menudo sin elección.

Las largas listas de espera y la escasez de recursos en el sistema de dependencia hacen que casi un 40 % de esos hogares no cuenten con ayuda a domicilio. Una necesidad creciente en una población cada vez más envejecida, que pone de relieve la importancia real del sector de los cuidados y del apoyo profesional.

Sin embargo, a pesar de su gran valor social y sanitario, trabajos como el de auxiliar de ayuda a domicilio siguen rodeados de prejuicios y de una percepción equivocada sobre lo que implica esta labor. Así lo denuncia María Adame, auxiliar y creadora de contenido, en uno de sus vídeos de TikTok.

"Vengo a comentar algo que me ha comentado una compañera de servicio de ayuda a domicilio y voy a intentar ser clara y sin rodeos porque esto ya me parece un abuso total", comienza diciendo. Lo que relata no es un caso aislado, sino una práctica que, según ella, "se repite muchísimo y lo peor, se está normalizando".

El caso concreto es el siguiente: una auxiliar llega al domicilio asignado, pero el usuario del servicio no está en casa. Siguiendo el protocolo, la trabajadora llama a su coordinadora para comunicarlo. La respuesta, sin margen de interpretación, es que "se quede en el servicio, que para eso cobra".

Una realidad lamentablemente habitual y que esta profesional no duda en denunciar: "Aquí no estamos entendiendo nada. Si la persona usuaria no está, el servicio no se da y esto no lo digo yo, lo dice la Ley 39/2006", recuerda, citando la norma que regula el sistema de autonomía personal y atención a la dependencia.

"El servicio a domicilio es un servicio individual concedido a una persona concreta con nombre y apellidos y recogido en su guía 'El plan Individual de Atención'", añade. Y subraya un punto clave: "El servicio es para esa persona en su presencia y para las tareas que marca su guía. No es para la familia, no es para aprovechar el tiempo y no es para quien esté ese día en la casa".

A pesar de esto, la trabajadora en cuestión se queda. Entonces, la madre del usuario le empieza a dar órdenes: limpiar la casa entera, incluidos los dormitorios de los padres y de un hermano que convive con ellos: "Sí limpiamos, claro que sí limpiamos y quien diga lo contrario miente", aclara María, "pero limpiamos lo que utiliza la persona usuaria y eso incluye su habitación, su baño y las zonas comunes que él o ella usa pero no somos servicio doméstico. Somos ayuda a domicilio".

Pero la situación no acaba ahí. Según relata, la auxiliar acaba planchando la ropa de toda la familia y finalmente, arrodillada limpiando las juntas del suelo con un cepillo de dientes. "¿En qué momento hemos vuelto a los tiempos de la servidumbre y en qué momento se ha normalizado que una trabajadora tenga que arrodillarse para limpiar la casa?", se pregunta con resignación esta profesional.

"No es confusión, es humillación"

Para ella, este tipo de situaciones no son simples malentendidos, sino directamente formas de abuso: "Esto ya no es confusión, es humillación y esto no se puede permitir". María señala que todo esto ocurre porque se juega con la necesidad, con el miedo a perder el trabajo y con el silencio.

"Todavía hay quien cree que somos mano de obra barata y voy a decir algo que muchos olvidan, el servicio de ayuda a domicilio es un servicio esencial", reivindica. Y añade: "Muchos usuarios si nosotras no estuviéramos no podrían seguir viviendo en sus casas, estarían en residencias, ingresados o directamente estarían abandonados".

Su mensaje final es claro: "Paren de usar este servicio para lo que no es. No es para limpiar casas enteras, no es para cuidar a familias enteras y no es para humillar a una trabajadora, no somos mano de obra barata. Esto es ayuda a domicilio, no servidumbre encubierta. Cuidamos personas, no casas y mientras no se entienda esto, esto no se va a acabar nunca".

A sus compañeras no duda en lanzarles una llamada a la acción clara: "No se trata de enfrentarse a nadie, se trata de poner límites. Poner límites también es cuidar", concluye.