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Amantes de la lectura, consumidores de noticias, usuarios de redes... Es probable que muchos recuerden aquella polémica en la que, el pasado septiembre, se vio envuelta la influencer María Pombo cuando expresó en un vídeo que había que "empezar a superar que hay gente a la que no le gusta leer" y que quienes lo hacen no son "mejores" que el resto.

Aquellas palabras pronunciadas por la reina de Instagram —con 3,3 millones de seguidores en la plataforma— corrieron como la pólvora y llenaron su publicación de comentarios. Algunos defendían que esta no había dicho nada malo y lamentaban la rápida cancelación a la que estaba siendo sometida por expresar su opinión. Otros no ocultaban su indignación.

Seis meses después, aquella controversia parece ya olvidada, pero nos llega un recordatorio de parte del Ministerio de Cultura. En realidad, a los españoles les gusta leer, y mucho. Tanto que este hábito representa una de las principales actividades de ocio en el país, según los datos que recoge el último barómetro presentado al respecto.

Al rescate de la lectura

Por primera vez, el porcentaje de población que lee en su tiempo libre supera el 66% de la población. Desde 2017, este ha aumentado en 6,5 puntos porcentuales, dibujando un escenario de madurez cultural que confirma que este hábito ha dejado de ser una excepción para convertirse en una norma cotidiana para dos tercios de la población.

Además, contra el mantra derrotista de que los jóvenes ya no leen, el grupo de población que lidera el ranking nacional es el de 14 a 24 años, con un abrumador 76,9% de lectores. Son ellos, y muy especialmente ellas, quienes están empujando el mercado, viralizando títulos y llenando las ferias especializadas.

Sin embargo, no es ese el único dato que llama la atención en este informe. También aparece otra constante que los profesionales del sector llevan años observando: la lectura en España tiene un motor claramente femenino: el 72,3% de las mujeres lee en su tiempo libre, frente al 59,8% de los hombres. Una diferencia de más de 12 puntos no pasa desapercibida.

Imagen de archivo de una mujer en una biblioteca. iStock

De hecho, el propio ministro Ernest Urtasun lo destacó hace unos días, en una publicación en la que celebraba el interés de sus compatriotas por esta sana actividad. En ella también aseguraba que la falta de tiempo es el factor principal por el que la gente no lee, "particularmente, mujeres muy formadas de mediana edad reconocen que no pueden hacerlo".

"Y es que la doble carga profesional y de cuidados que soportan ellas afectan; por lo tanto, es muy importante entender que necesitamos avanzar hacia una sociedad con mayor tiempo libre, con mayor ocio, porque eso también va a beneficiar a la lectura y a la cultura en nuestro país", añadía en el comunicado donde extraía algunas cifras clave del barómetro.

Así pues, las estadísticas perfilan el retrato robot del lector en España, uno que permanece inmutable, según lo que publica Cultura, desde hace varios años: mujer, joven, con estudios universitarios y urbana. Detrás de ese porcentaje no sólo hay compradoras, sino toda una maquinaria cultural que se retroalimenta.

De la librería a TikTok

Para comprobar si esa brecha estadística se siente igual al otro lado del mostrador, cruzamos el umbral de La Mistral. Ubicada en el antiguo vestíbulo del Teatro Arenal, a pocos metros de la Puerta del Sol, esta librería se ha convertido en un observatorio privilegiado del ecosistema cultural madrileño.

Su responsable, la escritora y librera Andrea Stefanoni, confirma la tendencia, aunque con la cautela de quien trata con personas y no con números. "Las estadísticas se entienden y tienen sentido, pero en el día a día de la librería la percepción es más matizada", explica, porque "vemos muchas mujeres lectoras, sí, pero también atendemos a muchos hombres".

En este sentido, añade, "no siempre diría que hay una diferencia tan clara como la que reflejan los porcentajes". Para ella, más que una cuestión de cantidad, lo que define el momento actual es la diversidad de intereses, y se aleja de tópicos sobre miradas o lecturas exclusivamente femeninas al decir que "las elecciones responden más a momentos vitales que al género".

Sin embargo, reconoce que los barómetros ayudan a "mirar el panorama", aunque la brújula de una librería se rige por el clima de su propio día a día: "A veces los datos anuncian tormenta y sale el sol: nosotros abrimos la puerta, miramos quién entra y confiamos más en esa meteorología cotidiana".

Interior de la librería La Mistral, ubicada en el número 2 de la Travesía del Arenal, en Madrid. Cedida

Donde esa "meteorología" ha cambiado es en la forma en que llegamos al libro. Si antes la prescripción venía de la crítica, hoy viaja a la velocidad de la luz a través de las pantallas. Internet se ha convertido en el gran escaparate mundial, y las cifras marean: el hashtag #BookTok acumula ya 73,3 millones de publicaciones en TikTok.

Un océano de contenido donde lectores de todo el planeta recomiendan, lloran y celebran obras, generando un impacto directo en las ventas físicas. "Las redes influyen, sin duda, y se nota que algunas personas vienen pidiendo títulos concretos que han visto circular en TikTok o en Instagram", asegura Stefanoni.

Pero la influencia digital va mucho más allá de la compra impulsiva. Cierto es que, en los últimos años, la lectura se ha gamificado. Para la generación Z y millennial, leer ya no es solo un placer íntimo, sino un reto público cuantificable. Plataformas como Goodreads o The StoryGraph se han convertido en el notario digital de nuestros hábitos.

Allí se registran avances, se puntúan novelas con estrellas y, sobre todo, se exhibe el famoso reading challenge (reto de lectura) anual. Fijarse una meta de 50, 80 o 100 libros al año es casi un rito de iniciación para muchas cada mes de enero. A su vez, el afán por monitorizar el ocio conecta con una tendencia mayor: la del journaling y la productividad aplicada al bienestar.

En redes proliferan los vídeos de reading journals, cuadernos artesanales donde las lectoras —porque son mayoría en este nicho, en concreto las nativas digitales— anotan citas, pegan las portadas en miniatura de lo que han leído y colorean gráficos de estado de ánimo según les haya hecho sentir.

Pero el dominio femenino no se limita a comprar, puntuar o decorar la obra. Ellas han tomado el control de la conversación cultural a través de nuevos canales que compiten de tú a tú con los medios tradicionales. Si TikTok es el escaparate visual, el audio se ha convertido en la nueva trinchera intelectual.

En este sentido, pódcasts literarios liderados por mujeres, como Punzadas Sonoras (con Inés García y Paula Ducay), He venido a hablar de mi libro (Carolina Velasco) o La amiga eres tú (Aloma Rodríguez y Andrea Toribio), logran captar a grandes audiencias ya sea hablando del último best seller o de genealogías literarias sáficas. Más fácil decirlo que hacerlo.

A esto se suma un tejido editorial que apuesta sin complejos por esa mirada. Sellos independientes fundados por mujeres, como Tránsito —dirigido por Sol Salama—, muestran que publicar una literatura exigente, centrada en la memoria, el cuerpo o el duelo femenino, no es un nicho, sino un mercado rentable.

Todas ellas han creado una comunidad de lectoras fieles que confían en que, bajo ese sello, encontrarán una voz que las interpele directamente. Y es que es ese mismo público el que está propiciando un relevo generacional en las listas de ventas, y los datos que maneja el sector alrededor de algunos títulos lo ilustran bien.

Nueva ola de autoras

Según las cifras de mercado más recientes de las que ya se hizo eco El Cultural en este artículo, novelas como Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025) de Lucía Solla Sobral superan ya los 70.000 ejemplares vendidos desde su lanzamiento. Lleva 20 semanas en la lista que engloba las obras más populares en la categoría de ficción.

También destacan Oxígeno (Alfaguara, 2026), firmada por Marta Jiménez Serrano; o Han cantado bingo (Reservoir Books, 2025), de Lana Corujo. En ese mapa aparece también David Uclés, de la misma generación, como recordatorio de que el cambio no es sólo de autoras: es una nueva hornada de escritores conectando con lectores que piden otros temas y lenguajes.

Desde La Mistral confirman que "el relevo generacional viene dándose desde hace tiempo" y que "en la librería hay un interés sostenido por autoras contemporáneas, con nombres como Solla o Corujo que conviven naturalmente con escritoras ya consolidadas". Sin embargo, dice Stefanoni, "nuestro ranking no coincide necesariamente con el de las listas generales".

En su establecimiento, explica, "se venden poesía, narrativa y ensayo muy diversos, y muchos títulos encuentran lectoras y lectores al margen de la actualidad o de las tendencias del mercado". Aunque a veces se encuentra gratas sorpresas que van más allá de lo que marcan las listas nacionales: "Un ejemplo claro es La llamada (Anagrama, 2024), de Leila Guerriero".

"Podría pensarse como un libro muy ligado a un contexto local, a la dictadura argentina, y sin embargo aquí la recepción fue impresionante: la gente alucinó con ese texto. Ahí no es el tema lo que explica su fuerza, sino la manera en que está escrito, la precisión y la intensidad de su voz", destaca.

Imagen de archivo de la Feria del Libro de Madrid. Europa Press

Por eso, la responsable de La Mistral insiste en que todo importa: "El texto, la forma, la edición, el momento de la lectora... Cuando eso se alinea, la obra cruza fronteras y se vuelve universal, incluso partiendo de una historia muy concreta".

Un sector en constante cambio

Con este panorama —más lectores, más lectura juvenil, más compra y una conversación digital constante— la tentación es afirmar que el sector vive un auge sin fisuras. Sin embargo, Madrid ha lamentado en las últimas semanas el anuncio del cierre de Tipos Infames, librería emblemática de Malasaña, después de 15 años de actividad.

El adiós ha generado reacciones en cascada y ha reabierto un debate conocido: cómo puede ser que aumenten los lectores y, aun así, cierren librerías que funcionaban como espacios de barrio, de recomendaciones y de programación cultural. Ya lo decía el propio Urtasun: "Una sociedad que lee más es una sociedad más libre, más crítica y más empática".

Desde La Mistral reivindican el oficio librero, pues, por mucho que TikTok e Instagram puedan "despertar la curiosidad", dice, "no reemplazan la recomendación". Esta es un acto insustituible: "Un gesto artesanal, de cara a cara y de escucha. Tiene que ver con estar ahí con la persona, entender qué busca y acompañarla en esa elección".

Una vez comprado el libro, también hay quienes buscan alternativas a la vida digital. En los últimos años, la lectura ha buscado nuevas formas de hacerse visible y compartida. Un hábito que durante años se asoció a la soledad y la intimidad aparece ahora reconvertido en plan cultural con calendario, entrada y hora de inicio.

Macroquedadas para leer

A España ya han llegado las reading parties, un formato popularizado en Nueva York por Reading Rhythms que consiste en encuentros para leer en compañía y, después, socializar. Estas quedadas —a veces macro, la última en el espacio Matadero el pasado abril— funcionan como la traducción física de lo que ya ocurre online: una comunidad con un mismo interés.

La capital concentra buena parte de las actividades literarias compartidas. Ayuntamiento de Madrid

En Madrid, el fenómeno ya tiene ejemplos anunciados para 2026: sesiones en el Only YOU Boutique Hotel de Madrid con temáticas mensuales y un formato que mezcla lectura y conversación sin la obligación del club clásico; convocatorias en librerías como Cervantes y Compañía, que anuncian una fiesta por todo lo alto el próximo día 21. Tomamos nota.