En España, el sector de la limpieza y del empleo doméstico se sostiene en gran medida gracias al trabajo de mujeres migrantes. Según datos del INE y de la Seguridad Social, cerca de 160.000 mujeres extranjeras trabajaban en el sector doméstico en nuestro país, representando aproximadamente el 45% del total de empleados del hogar.
La presencia de mujeres migrantes en la limpieza responde a varios factores. Es un sector que no exige titulaciones formales, facilita la entrada rápida al mercado laboral y permite generar ingresos inmediatos. Para muchas recién llegadas, representa la forma más accesible de empezar de cero en un nuevo país.
A menudo, este trabajo se convierte en la única vía de inserción laboral, incluso aceptando condiciones precarias o salarios ajustados con tal de subsistir. Sin embargo, dentro de esta realidad también hay historias de mujeres que logran hacerse un hueco, mejorar sus ingresos y alcanzar cierta estabilidad. Una de ellas es Mónica.
La historia de Mónica
En el corazón de la ciudad de Palma (Mallorca) vive Mónica, una mujer originaria de Medellín, Colombia, que ha convertido la limpieza profesional en su forma de vida y sustento familiar.
Su día empieza antes de que amanezca: se levanta alrededor de las 5:00 para llegar a tiempo a su primera tarea, y mantiene una rutina intensa de lunes a viernes.
Su trabajo, aunque pueda parecer similar al de muchas otras limpiadoras, tiene algunos matices que ella misma ha definido. No solo limpia, sino que ha construido una reputación de confianza y profesionalidad que le permite mantener una demanda constante de clientes.
La confianza de sus clientes es tal que le han entregado llaves y códigos de alarma, una señal de que su profesionalidad vale tanto como su limpieza. Además, muchos de ellos son extranjeros y Mónica estudia inglés para poder comunicarse con ellos.
En cuanto al oficio, Mónica, los lunes, suele trabajar en una peluquería, donde se ocupa de doblar toallas, organizar utensilios, limpiar cristales, espejos y baños, y "mopear" para recoger la abundante cantidad de pelo en el suelo.
En casas particulares realiza tanto mantenimiento general como limpiezas profundas, utilizando productos específicos para retirar cal, así como mezclas de agua y jabón para dejar los cristales impecables.
La historia de Mónica como limpiadora en España.
Su atuendo, con lo que ella misma llama su "traje de pelea", varía según la estación: ropa corta en verano y pantalón negro en invierno.
Un detalle curioso de su jornada es que en muchas casas de clientes —especialmente alemanes— trabaja sin zapatos dentro de la vivienda, como es su costumbre.
En términos económicos, Mónica tiene una transparencia absoluta sobre sus ingresos y gastos, y explica cómo se organiza financieramente.
Cobra un promedio de 13 euros por hora, y aunque en la peluquería solo recibe 20 euros por una sesión de entre una hora y media y dos horas, lo mantiene por compromiso con ese cliente, ya que fue su primer trabajo cuando llegó a España y le permitió comer cuando estaba en una situación muy difícil.
En un día considerado "malo", la colombiana puede ganar alrededor de 74 euros, sumando peluquería y limpiezas en casas, mientras que en un día "bueno" —con jornadas de hasta diez horas— puede llegar a 130 o incluso 150 euros.
Estos ingresos le han permitido pagar un alquiler de 750 euros por un apartamento de tres habitaciones, que utiliza no solo para vivir, sino para tener espacio disponible para sus hijas cuando vienen de visita.
A pesar de que actualmente pueda vivir con tranquilidad, la trayectoria de Mónica no ha sido fácil. Al llegar a España durmió en la calle durante tres noches, sin empleo fijo y apenas 90 euros a la semana para subsistir.
El punto de inflexión llegó gracias a una amiga venezolana llamada Ana, que le cedió una habitación pagada y la recomendó su antiguo trabajo para planchar ropa.
Aunque ya ha logrado cierta estabilidad, Mónica no se conforma. En el año 2023 Mónica regularizó su situación como trabajadora autónoma y estableció una base legal sólida para su actividad.
Para ella, la vida en España representa tranquilidad y seguridad, algo que afirma no haber sentido en Colombia, a pesar de su amor por su país y su ciudad natal.
