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A lo largo de los últimos meses, el debate sobre los despidos masivos ha vuelto a ocupar titulares en todo el mundo. Grandes multinacionales como Amazon han protagonizado nuevas oleadas de recortes de plantilla, justificadas en procesos de reestructuración, ajustes de costes o cambios estratégicos.

Este tipo de decisiones no son nuevas ni excepcionales. Se han observado en innumerables ocasiones y afectan con especial intensidad a países como España, donde, a cierre de 2023, el número de personas en paro rondaba los 2,7 millones, según datos oficiales, y ese mismo año se registraron más de 550.000 despidos.

Sin embargo, frente al relato dominante que sitúa a las empresas como principales responsables de la destrucción de empleo, existe una opinión menos extendida al respecto y es la de que es el propio trabajador quien provoca su despido. Así lo ha defendido Minerva Tapial, CEO del grupo Rosi la Loca World.

Cómo trabaja Rosi la Loca World

Rosi la Loca World es hoy uno de los grupos de restauración más reconocibles de Madrid. Bajo su paraguas conviven Rosi la Loca, Inclán Brutal Bar, Bestial, Lovo, Calle 365 o Bum Chao, todos ellos caracterizados por una estética maximalista, una experiencia sensorial marcada y una propuesta gastronómica sorprendente.

El origen del proyecto se remonta a 2014 con Luchi, periodista italiano, y su pareja Roxana, psicóloga, cuando decidieron quedarse con la Taberna del Marciano, un negocio que iba a cerrar, a pesar de no tener formación en hostelería.

De hecho, el nombre de "Rosi la Loca" nace de aquella reacción inicial de incredulidad ante una aventura que parecía poco sensata. Con el tiempo, esa "locura" se transformó en identidad de marca y en un universo propio donde lo extravagante, lo teatral y lo emocional ocupan un lugar central.

Minerva Tapial, CEO del grupo, explica que la filosofía del grupo se resume en tres conceptos que atraviesan todos sus proyectos: locura, bestialidad y brutalidad, entendidas como una forma de romper moldes en un sector tradicional.

La propuesta consiste en democratizar una puesta en escena que antes parecía reservada a la alta cocina de autor, acercándola a un público amplio con un ticket medio cercano a los 30 euros.

Más allá del impacto visual, Minerva insiste en que el verdadero pilar del grupo es la gestión de personas. Para ella, una marca puede tener un concepto atractivo y una comunicación potente, pero sin un equipo alineado todo se derrumba.

Minerva Tapial, CEO de Rosilaloca World, en el videopódcast TALENT.

Desde esa convicción nace un modelo de recursos humanos centrado en la formación interna y en el crecimiento profesional desde la base. En Rosi la Loca World, los empleados pueden iniciar su recorrido como runners y, con el tiempo, llegar a puestos de responsabilidad en sala o en gestión.

La contratación también responde a una lógica poco convencional. Minerva reconoce que no le interesa especialmente el currículum ni la experiencia técnica previa, porque considera que eso se puede enseñar.

En las entrevistas, prefiere indagar en la vida personal del candidato, en su actitud ante la dificultad, en su capacidad de esfuerzo o en su relación con la disciplina y el compromiso. "Busco entender el ecosistema de la persona", explica, convencida de que la actitud es el verdadero factor diferencial en un oficio.

Esa visión se extiende a la gestión del día a día. En los locales del grupo se fomenta la honestidad emocional, hasta el punto de que un empleado que no se encuentra bien anímicamente debe comunicarlo antes de empezar el servicio.

El objetivo no es señalar ni penalizar, sino proteger tanto al trabajador como al cliente. Si alguien no está en condiciones de estar de cara al público, el manager reorganiza el servicio para minimizar el impacto y preservar la experiencia.

La dualidad del debate

Es en este contexto donde cobra sentido su controvertida filosofía sobre el despido. Minerva sostiene que las empresas no nacen para despedir, sino para contratar y generar equipo.

Desde su punto de vista, cuando un trabajador acaba fuera de la compañía no se trata de una decisión arbitraria, sino de la consecuencia de una serie de actos y actitudes que lo alejan de los valores del proyecto. "El despido no lo ejecuta la empresa, sino el propio empleado con su comportamiento".

Minerva pone como ejemplo una mala reseña en Google en la que se señala con nombre y apellidos a un camarero por un trato inadecuado. Aunque el despido inmediato podría estar justificado, ella prefiere, siempre que sea posible, optar por la reflexión y la toma de conciencia.

Considera que despedir a alguien sin más puede generar rencor hacia el oficio y una actitud defensiva. Su objetivo es que el trabajador entienda la gravedad de sus actos, aprenda de ellos y asuma su responsabilidad, incluso aunque finalmente decida marcharse.

En esa misma línea, el grupo trabaja activamente para neutralizar el ego, especialmente en los procesos de promoción interna. La jerarquía, según Minerva, solo funciona cuando se construye desde el respeto y la coherencia.