Encontrar la felicidad se ha convertido en uno de los grandes objetivos vitales de nuestro tiempo. En España, un 80% de la población afirma sentirse feliz, según las encuestas oficiales, pero esa percepción convive con un aumento sostenido de la ansiedad, el estrés y los trastornos del estado de ánimo. Algo no termina de encajar en esta ecuación.
En medio de este escenario, la psiquiatra Marian Rojas Estapé se ha convertido en una de las voces más escuchadas en divulgación emocional. Sus libros, conferencias y entrevistas giran alrededor de una idea central: no siempre podemos controlar lo que ocurre fuera, pero sí la forma en la que lo vivimos por dentro.
"La felicidad no es lo que nos pasa, sino cómo interpretamos lo que nos pasa". La frase, repetida en charlas y textos, resume una manera de entender la salud mental que pone el foco menos en los acontecimientos y más en el relato interior que construimos sobre ellos.
Rojas no promete fórmulas mágicas ni estados de euforia permanente. Su planteamiento es más sobrio y, a la vez, más exigente: aprender a habitar el presente de forma sana, sin quedar atrapados en las heridas del pasado ni vivir con angustia anticipatoria por el futuro.
Según explica la experta, una gran parte del sufrimiento psicológico actual no procede tanto de lo que ocurre, sino de cómo lo procesamos emocionalmente.
Vivir presente y pasado
Para la psiquiatra, la felicidad tiene poco que ver con una sucesión de momentos placenteros. Se parece más a un equilibrio interior que permite atravesar dificultades sin que estas lo invadan todo.
En sus intervenciones suele definirla como "vivir instalado de forma sana en el presente, habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro". Tres tiempos, tres frentes abiertos que rara vez están en armonía.
Muchas personas viven ancladas en lo que ya ocurrió: errores, culpas, pérdidas o decepciones que siguen actuando como una losa. Otras viven permanentemente proyectadas hacia lo que vendrá, con una lista interminable de preocupaciones que aún no existen.
El resultado, según Rojas, es una mente incapaz de descansar en el ahora. Y esa incapacidad termina traduciéndose en ansiedad, tristeza crónica o sensación de vacío.
Uno de los conceptos que más repite es que casi todo lo que nos sucede puede interpretarse de dos maneras: como problema o como oportunidad. La diferencia no está en el hecho en sí, sino en el enfoque mental con el que lo miramos.
Ese enfoque no surge de la nada. Está profundamente condicionado por la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos.
El diálogo interior
"Si yo tuviera que definir el optimismo, diría que tiene mucho que ver con cómo yo me hablo". La frase apunta a uno de los pilares de su pensamiento: la voz interior.
Todos mantenemos un diálogo constante con nosotros mismos. Comentamos mentalmente lo que hacemos, lo que sentimos, lo que tememos y lo que esperamos. Ese discurso interno puede ser un aliado o un enemigo silencioso.
Cuando ese tono interior es duro, catastrofista o descalificador, el cerebro acaba interpretando la realidad como un entorno hostil. Y reacciona en consecuencia: más estrés, más miedo, más bloqueo.
Rojas insiste en que está científicamente demostrado que la actitud previa ante una situación influye en el resultado. No porque cambie mágicamente los hechos, sino porque cambia nuestra forma de afrontarlos.
Una persona que se repite "no puedo", "siempre me pasa lo mismo" o "esto va a salir mal" prepara su sistema nervioso para el fracaso, la huida o la parálisis.
En cambio, quien se entrena en un discurso más constructivo no elimina los problemas, pero sí modifica su impacto emocional. La buena noticia, subraya la psiquiatra, es que ese diálogo se puede cambiar.
Entrenar el cerebro
"Tenemos esa neuroplasticidad maravillosa". Con esta expresión, Rojas se refiere a la capacidad del cerebro para modificarse a lo largo de toda la vida. No estamos condenados a pensar siempre igual.
Cita a menudo una conocida frase de Ramón y Cajal: todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro. Y ese "si se lo propone" es la clave. Cambiar la forma de pensar exige intención y constancia. Lo primero, explica, es observar cómo nos tratamos. Detectar si nuestro discurso interior es justo o cruel, si nos impulsa o nos sabotea.
A partir de ahí, sugiere pequeñas prácticas sencillas, pero poderosas como aprender a reformular pensamientos negativos, entrenar la gratitud, visualizar escenarios positivos y dedicar tiempo real al autocuidado.
No se trata de negar lo difícil ni de vivir en una fantasía optimista. Se trata de elegir una interpretación que nos ayude a avanzar en lugar de hundirnos.
Para Marian Rojas, la felicidad no es un destino al que se llega, sino una forma de caminar. Una manera de relacionarse con lo que ocurre, incluso cuando lo que ocurre no es lo que habíamos soñado.
