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Es el salseo de comienzos de año, el que acapara un buen número de vídeos en redes sociales y titulares en la prensa internacional: el conflicto entre Victoria Beckham y Nicola Peltz, que ha llevado a la ruptura de la armonía familiar.

No es nada nuevo, estamos hablando del archiconocido mito de la 'mala suegra' que sigue instalado en la sociedad pese a estar ya tan manido. ¿En serio seguimos perpetuando esto en pleno siglo XXI?

La respuesta es sí, tanto que sigue habiendo estudios sociológicos y psicológicos sobre el tema, porque forma parte de la estructura de una sociedad con argumentario patriarcal. De nuevo, la guerra entre dos mujeres a debate. El caso de la diseñadora de moda y la esposa de Brooklyn tiene los ingredientes clásicos.

La diseñadora posa con la pareja y su hijos Cruz en 2024, una imagen que parece que de momento no se repetirá. Gtres

A saber: una madre sobreprotectora y con un punto narcisista que quiere seguir ocupando un lugar preponderante en la vida de su hijo por encima de su nuera. El origen del problema está en la boda de la pareja en 2022, la negativa a última hora de Victoria de confeccionar el vestido de la novia y un supuesto baile inapropiado con el novio en el banquete desataron la tormenta. ¿El resultado? No se hablan.

Tanto el propio interesado como muchos de los espectadores ajenos a este espectáculo señalan a la culpable: la suegra. No es algo inocuo, aunque parezca simple cotilleo, habla de roles de género y de estructuras fijas.

En el 'Estudio del conflicto entre suegra y nuera desde la perspectiva de la teoría del conflicto social', publicado en 2025 en la revista Philosophy and Social Science, se dan algunas pautas interesantes.

Empieza citando a la aceleración de la urbanización y el aumento de las diferencias culturales entre generaciones como germen para que estos conflictos aumenten.

También el uso generalizado de las redes sociales, que los ha sacado del ámbito privado de la familia y los ha trasladado a la esfera pública, genera malentendidos, amplificación y polarización.

La investigación compara estas disputas con las características principales de la teoría del conflicto social: no son un accidente, sino una parte normal e inherente de toda sociedad, suelen favorecer a la parte dominante o privilegiada y también pueden actuar como motor de cambio. Marx se centraba en el conflicto entre clases y teorías posteriores lo ampliaban a etnias, géneros u organizaciones.

El peso de los roles

Es algo de calado, aunque no lo parezca. Isabel Aranda, doctora en Psicología, analiza para Magas los detalles de este mito de la 'mala suegra' que sigue vigente.

"Desde la psicología sistémica, la familia no es solo un conjunto de individuos, sino un sistema con reglas, jerarquías, rituales y un sentimiento de pertenencia compartido. Cuando los estudios hablan de 'fracaso en construir una identidad familiar compartida' entre ellas, se refieren a la dificultad para integrar al nuevo miembro sin que el sistema sienta que pierde su cohesión o su identidad previa", asegura.

En lo cotidiano esto se traduce en cosas aparentemente pequeñas, pero "muy cargadas emocionalmente, que desequilibran y se viven como conflicto". Por ejemplo, qué tradiciones valen y qué no, la educación de los hijos, qué nivel de cercanía es aceptable o los detalles sobre las bodas, como ha pasado en el caso Beckham.



"Cuando no hay una identidad compartida, lejos de experimentar lo nuevo como algo enriquecedor, cada gesto se vive como una amenaza o una invasión. El sistema familiar tiende a defenderse del cambio, y eso muchas veces se expresa en tensiones relacionales", añade.

Las expectativas de rol pesan mucho más de lo que solemos reconocer, según explica la psicóloga. Y es que, durante generaciones se ha transmitido un guion bastante rígido con premisas como que "la madre se sacrifica y lo da todo por el hijo; la nuera que llega y se lo lleva o la esposa que quiere formar su propia familia y marcar territorio".

Estos roles no siempre se expresan de forma consciente, pero operan como lentes desde las que se interpreta la realidad. "Si una madre ha construido gran parte de su identidad en torno al cuidado y una relación simbiótica con el hijo, puede vivir la autonomía de este como pérdida o desvalorización", dice Aranda.

Por contra, si la nuera ha aprendido que las suegras son difíciles, puede entrar a la relación en modo defensivo, aunque en realidad no haya motivos concretos para defenderse.

 "El conflicto no surge sólo por lo que ocurre, en realidad pesa más lo que cada una cree que debería ocurrir. Cuando las expectativas no se revisan, cuestionan y actualizan, el sistema queda atrapado en luchas de poder encubiertas", afirma.

Un mito perjudicial

Aunque se diga en tono de broma, repetir este estereotipo tiene efectos reales en la manera de interactuar. A nivel psicológico, "refuerza la desconfianza previa, dificulta la empatía y legitima actitudes defensivas o agresivas".

Tiene mucho peso y cala hondo, porque cuando esperamos que alguien sea “tóxico, interpretaremos todas sus conductas desde ese prisma aunque objetivamente no haya elementos de juicio para afirmar que lo es".

A nivel relacional, el estereotipo bloquea la posibilidad de construir un vínculo nuevo, diferente al que dictan los mitos. "Además, invisibiliza el sufrimiento real de muchas suegras que no se reconocen en ese papel, y también de nueras que se sienten atrapadas en un relato que no les deja margen para ser ellas mismas e integrarse en la familia constructivamente", explica la psicóloga.

Y lo ha vivido en su propia consulta: "Es frecuente que ambas expresen malestar por este tipo de relaciones conflictivas y el deseo de relaciones más sanas, pero llegan ya cargadas de culpa, rabia y sensación de fracaso. A ello, hay que sumar las dificultades que se originan en la relación con la pareja".

Brooklyn Beckham ha roto con su familia por defender a su esposa. Gtres

¿Qué papel juega el hijo?

La ecuación tiene un tercer factor que parece invisible, aunque resulta fundamental para la resolución o el enquistamiento del conflicto. En el culebrón Beckham, sería Brooklyn, que ha manifestado públicamente que no tiene intención ninguna de reconciliarse con su madre en una 'defensa' a ultranza de su mujer.

Su figura resulta clave, ya que "no es un observador neutral, es un nodo central del sistema. Su dificultad para poner límites, mediar o redefinir lealtades suele ser uno de los factores que abre y perpetúa el problema. Cuando el hijo evita posicionarse por miedo, culpa o comodidad, deja a suegra y nuera en una lucha que no les corresponde resolver solas".

Así pues, su responsabilidad es doble y pasa por ayudarlas a que se sientan "seguras y respetadas" y también asumir que "crecer implica aceptar como parte de la vida la incomodidad del cambio". No se trata de apoyar a una y censurar a la otra, sino que actuar como nexo de unión.

Un conflicto que fascina

Como se mencionaba anteriormente, las redes sociales amplifican estas 'guerras de familia' y generan un enganche y una fascinación innegable. ¿Quién no ha buscado en Google cómo van las cosas en casa de los Beckham o ha buceado en sus redes sociales buscando mensajes encriptados?

Aquí entran dos factores muy potentes. Por un lado, el atractivo inevitable de las familias famosas, donde todo se magnifica y se convierte en contenido consumible por las masas. "Pero por otro —y quizás más importante— está la comodidad del guion conocido: suegra controladora vs. nuera víctima”, confirma Aranda.

Ese relato simplifica una realidad compleja y permite al público tomar partido sin pensar demasiado. Además, conecta con experiencias personales no resueltas: cada lector proyecta su propia historia.

"Nada de eso favorece una comprensión profunda de los vínculos familiares reales. Es más, es muy difícil recomponer una relación familiar después de una publicación como la que ha hecho Brooklyn. Exigir que los padres hayan sido o se hayan comportado de una determinada forma, habla de una realidad distorsionada del hijo que vive desde la exigencia y el resentimiento la relación con los padres", explica.

¿Cómo superarlo?

Hay espacio para aprender a construir un nuevo relato, siempre desde el conocimiento experto del lugar de dónde surge y las herramientas para superarlo. Hoy ya no hay una diferenciación tan marcada entre generaciones. Comparten intereses, formas de vestir, actividades, valores... y esto puede ser una oportunidad de encuentro o una fuente adicional de competencia si no se gestiona bien.

"La clave está en entender que la pertenencia no se pierde por integrar, que el sistema familiar puede transformarse sin destruirse. Cada miembro tiene responsabilidad: revisar expectativas, comunicar límites, hacerse consciente de los guiones heredados y asumir responsablemente cómo quiere actuar", aconseja Isabel.

Las relaciones entre suegras, nueras e hijos no están condenadas al conflicto. Pueden construirse de forma consciente, adulta y flexible, si dejamos de actuar desde el mito y empezamos a mirarlas como lo que son: relaciones humanas complejas, vivas y transformables.

De hecho, Victoria Beckham mantiene una excelente relación con las otras dos parejas de sus hijos. Jackie Apostel, novia de Cruz, le dedicaba estas bonitas palabras hace unos días para felicitarla por haber sido nombrada Caballero de la Orden de las Artes y las Letras en París.

En un post de redes sociales dijo: "Enhorabuena. Tu impulso, creatividad, resiliencia, pero lo más importante, tu amabilidad y respeto hacia todos los que te rodean son algunas de las muchas razones por las que mereces esto y más".

Quizá todavía haya esperanza en la esperada reconciliación entre la ex Spice Girl, Nicola y Brooklyn que tanto alegraría a su legión de seguidores. Y, de paso, darían una lección sobre superar viejos mitos basados en roles arcaicos que no favorecen a las mujeres.