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Desde hace unos años, las carnicerías enfrentan una grave crisis y una fuerte disminución. Tanto en España, donde el consumo ronda los 32,4 kilos por persona al año, como en otros países del mundo que tienen el pollo y la res como reyes de la cesta, el panorama se repite: los comercios de barrio cierran, incapaces de competir con los precios de las grandes superficies.

En medio de esta situación, son pocos comercios los que resisten y uno de ellos es el de Elizabeth, en Colombia, donde su carnicería ha decidido reescribir las reglas del juego: un local estéticamente cuidado, que vende soluciones listas para cocinar y conoce los gustos específicos de cada cliente.

Pero la verdadera revolución de Elizabeth no está en el interiorismo, sino en el reloj. En un desafío a la productividad tradicional —esa que ella misma define como "esclavitud laboral"—, ha instaurado una política innegociable: cerrar sus puertas cuatro horas al día.

La propuesta diferencial de 'La Porción'

Tanto en España como en Colombia, la carne forma parte integral de la dieta cotidiana, aunque con características propias según contexto cultural y económico.

Mientras en España el consumo resiste la inflación con una media de 32 kilos anuales por persona y preferencia por el cerdo y el pollo, en Colombia la cifra se dispara hasta casi los 77 kilos, con el pollo como líder absoluto. Pese a la crisis de los precios, la proteína animal sigue siendo el eje innegociable de la cesta de la compra.

En este contexto de mercado, La Porción, la carnicería fundada por Elizabeth en Colombia, emerge como un caso de innovación y adaptación. Su concepto se aleja de la noción tradicional de carnicería de barrio, tanto en estética como en experiencia de compra, ha contado en el canal de YouTube de Janeth Camacho.

El local de Elizabeth ha sido diseñado con una apariencia moderna y sofisticada que, según clientes, podría confundirse con un "restaurante elegante". Esta puesta en escena responde a la intención de reposicionar la venta de carne como una experiencia gastronómica y no únicamente como una transacción de producto.

Además, su diferenciación no es solo estética, y es que el nombre del negocio La Porción responde directamente a su propuesta de valor: cortes realizados con precisión para preservar la fibra y jugosidad de la carne, eliminando la necesidad de que el cliente tenga que pedir procesamiento adicional.

Esta atención al detalle se complementa con un servicio personalizado donde el personal aprende y recuerda los gustos de los clientes habituales, ofreciendo además productos complementarios como salsas y aderezos.

Elizabeth en un vídeo del canal de Janeth Camacho.

Su enfoque no es competir por precio, sino por diferenciación basada en calidad del producto y atención al cliente, priorizando ganado bien alimentado con adecuada cobertura de grasa y carne fresca que no depende de marinado ni congelado.

Sin embargo, si hay un aspecto que diferencia la gestión de Elizabeth es su enfoque en las condiciones laborales. En un sector cárnico caracterizado tradicionalmente por jornadas extensas que pueden llegar a ser de domingo a domingo y sin descansos adecuados, ella ha implementado un esquema de horarios partido.

En la práctica, sus empleados cumplen jornadas que se dividen con un lapso de entre tres y cuatro horas de descanso al mediodía, por ejemplo, abriendo de 6:00 a 13:00 y regresando de 17:00 a 20:00.

Este horario intermedio, que a simple vista podría parecer contraintuitivo para maximizar ventas, responde a una filosofía que, para la dueña, prioriza la vida social y el bienestar de quienes trabajan con ella.

La motivación de esta decisión nace de la empatía: Elizabeth sostiene que si ella y su familia pudieran descansar, lo justo es ofrecer a sus empleados espacio para atender su salud, realizar trámites bancarios, compartir con familiares y desarrollar una vida social plena.

Este enfoque rompe con la cultura tradicional del gremio, que ella describe como una "esclavitud laboral" donde los trabajadores carecen de tiempo libre y de calidad de vida fuera del trabajo.

Más allá de los horarios, este trato humano se traduce en relaciones laborales más estables y en una cultura organizacional que valora al individuo por encima del rendimiento.