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Patricia Conde lleva más de dos décadas formando parte del imaginario colectivo de la televisión española. Su rostro, asociado durante años al humor, la cercanía y una manera muy concreta de comunicar, ha atravesado formatos, cadenas y generaciones de espectadores.

A lo largo de su carrera profesional, el altavoz de Patricia Conde no ha servido solo para presentar espacios de entretenimiento, sino también para reivindicar asuntos sociales como el feminismo, la libertad de elección o la presión estética en el entorno laboral.

En su última intervención pública, de hecho, ha querido poner el foco precisamente en ese punto: la dificultad de ser una misma en un medio que, a su juicio, sigue imponiendo normas no escritas sobre cómo debe vestirse y comportarse una mujer.

La vestimenta en la televisión

La televisión, como industria, funciona bajo una serie de códigos muy definidos. La imagen no es un elemento accesorio, sino una pieza central del producto que se ofrece al espectador.

Por ese motivo, en la mayoría de programas nadie elige libremente su vestimenta: existen equipos de estilismo, directrices editoriales, acuerdos con marcas y una idea preconcebida de lo que "funciona" en pantalla.

Todo ello responde a criterios de coherencia visual, de audiencia y, en muchos casos, de jerarquía institucional, especialmente cuando se trata de entrevistas o actos con figuras políticas o representantes del Estado.

Patricia Conde entiende ese funcionamiento y no lo cuestiona; sin embargo, para ella, esa lógica se convierte en una forma de limitación cuando anula por completo la identidad personal del presentador o la presentadora.

Según explica, no se trata de una cuestión de rebeldía ni de provocación, sino de autenticidad. El problema surge cuando la vestimenta deja de ser una herramienta profesional y pasa a ser una imposición.

En sus propias palabras, Patricia cuestiona por qué en tantos ámbitos, incluido el suyo, no se permite a la gente ser como es, siempre que no haga daño a nadie y sea fiel a sus principios.

Patricia Conde en el videopódcast de El sentido de la birra.

"No entiendo por qué en muchos lugares no te dejan ser como eres", confiesa, "Ya no solamente en mi gremio. Siempre y cuando no hagas daño a nadie y seas fiel a ti mismo, no haces mal a nadie".

Conde describe su estilo ideal como algo sencillo y absolutamente cotidiano: un polo, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas. No habla de ir descuidada ni de desafiar normas básicas de respeto, sino de sentirse cómoda y reconocible.

"No te estoy diciendo que vaya a ir semidesnuda o que venga con ropa sucia. Ni siquiera quiero destacar o ser la más sexy, solo quiero hacer las cosas a mi manera y estar cómoda", explica.

Esa comodidad, subraya, no es un capricho, sino un factor que influye directamente en su desempeño profesional. Para Conde, la naturalidad es clave en su manera de comunicar.

Explica que si en un momento dado consigue hacer una pregunta ingeniosa o arrancar una sonrisa, incluso al presidente del Gobierno, "es precisamente porque me siento a gusto", sin estar pendiente de si su ropa la incomoda o si está representando una imagen que no le pertenece.

En este punto, Patricia Conde establece una diferencia muy clara entre personaje y persona. Ella no rechaza vestirse de una determinada manera cuando hay un guion, un contexto o un papel que interpretar.

De hecho, recuerda que ha estudiado para eso y que forma parte de su oficio asumir distintos registros, también en lo estético, cuando actúa en cine, teatro o televisión. En esos casos, la ropa es una herramienta narrativa más, al servicio de una historia o de un personaje concreto.

Lo que no acepta es que esa imagen se le imponga cuando no está interpretando, cuando no hay un guion que lo justifique y cuando se le pide que ejerza como Patricia Conde, no como un personaje.

En ese escenario, considera que obligarla a vestir de una forma con la que no se identifica implica borrar su identidad profesional. "Si no hay un guion que lo justifique, ¿con qué cara me pongo yo delante del presidente con un escote hasta el ombligo?", denuncia.