Raquel Bollo atraviesa uno de esos momentos en los que todo parece encajar. A sus 50 años, la diseñadora y empresaria sevillana no solo vive una etapa profesional estable, sino que también ha sorprendido por un cambio físico que muchos han interpretado como un simple retoque estético.
Ella, sin embargo, lo explica de otra manera. No habla de dietas exprés ni de transformaciones milagro. Habla de equilibrio. De haber aprendido a escucharse y de haber cambiado hábitos con el paso del tiempo.
"No es cuestión de sufrir, es cuestión de cuidarse mejor", viene a resumir en sus últimas entrevistas en las que el cambio físico ha sido más que evidente.
Quienes la siguen desde hace años han notado algo más que una silueta diferente. Su piel tiene otro aspecto, su energía es distinta y su imagen transmite una serenidad que antes no siempre la acompañaba. El cambio, asegura, no empezó frente al espejo, sino en la cabeza.
No vivir a dieta
Raquel Bollo no cree en las restricciones extremas. Su relación con la comida ha evolucionado hacia una versión más sencilla y más consciente. "Soy muy mediterránea", repite siempre que habla de su forma de comer.
En su mesa no faltan el aceite de oliva virgen extra, las verduras, el pescado, las frutas y los frutos secos. No cuenta calorías ni pesa raciones. Prefiere elegir bien lo que come y disfrutarlo.
Su filosofía es clara: alimentarse para nutrirse, no solo para llenarse. "Me gusta cuidarme, pero sin obsesiones", explica. Y esa idea atraviesa toda su rutina.
Hay un gesto que nunca se salta: empezar el día con un té de aloe en ayunas. Lo hace desde hace tiempo y lo considera una forma sencilla de ayudar a su digestión y de empezar la mañana con una sensación de ligereza.
Después, el resto del día sigue una pauta simple. Platos fáciles, poco procesados y combinaciones que le resulten apetecibles. Una de sus opciones favoritas es una ensalada con atún y aguacate: rápida, saciante y completa.
No hay prohibiciones estrictas, pero sí una norma básica. Cuanto más natural es el alimento, mejor le sienta al cuerpo.
Constancia y protector solar
El cuidado exterior es el otro gran pilar de su transformación. No presume de rutinas imposibles ni de tratamientos exclusivos. Al contrario, insiste en que lo más importante es ser constante.
"Hay días en los que llego agotada y solo me lavo la cara y me acuesto", admite. Pero incluso esos días, intenta no saltarse lo básico.
Su rutina se resume en limpieza, hidratación y protección solar. Este último punto reconoce que le costó incorporarlo. "Me encanta estar morena y antes no usaba protector", confiesa.
Ahora no perdona. Da igual que sea invierno o verano. "Protector solar los 365 días del año", repite como un mantra. Y lo dice con la convicción de quien ha entendido que la piel no se cuida solo cuando hay sol.
También insiste en algo que a menudo se subestima: beber agua. Mucha. Para ella, es uno de los gestos más simples y más eficaces para mantener la piel luminosa y el cuerpo en equilibrio. El resultado es una imagen más fresca, más natural y menos dependiente de filtros o retoques.
Por dentro y por fuera
Más allá del cambio físico, Raquel Bollo habla de una transformación más profunda. Después de años intensos en lo personal y en lo mediático, ha encontrado en el autocuidado una forma de protegerse y de estar mejor consigo misma.
En ese camino, la suplementación también se ha convertido en una aliada. No como sustituto de la comida, sino como complemento. "Es imposible obtener todos los nutrientes solo con la alimentación", afirma.
Vitaminas, minerales, colágeno o antioxidantes forman parte de su rutina, siempre de forma controlada. La idea es ayudar al cuerpo desde dentro para que eso se note por fuera.
Raquel Bollo no vende una receta mágica. Vende algo más realista como la constancia, el sentido común y un trato más amable hacia el propio cuerpo. Porque cuidarse no es castigarse. Es aprender a vivir mejor dentro de uno mismo.
