En España, el empleo en el sector de los cuidados a domicilio y de hogar ha pasado de ser una actividad marginal a convertirse en una pieza fundamental del mercado de trabajo y del sistema de bienestar social.
Según datos publicados recientemente, en 2024 había más de 565.000 personas empleadas en el sector del hogar y los cuidados, de las cuales el 87,2 % eran mujeres y aproximadamente un 69 % tenían nacionalidad extranjera o doble nacionalidad.
Este fenómeno no es exclusivo de España: dentro de la Unión Europea, el país mantiene una de las cifras más altas de personas empleadas en servicios domésticos reconocidos formalmente como ocupación, y buena parte de su crecimiento se ha vinculado precisamente a la llegada de trabajadores procedentes de otros países.
Este peso estructural contrasta, sin embargo, con la percepción social: a pesar de que son conocidas las cifras que sitúan a las personas extranjeras como pilares de los cuidados a domicilio, no faltan casos en los que las familias manifiestan sorpresa cuando surge la posibilidad de contratar a un trabajador de origen extranjero.
Es precisamente esta contradicción la que denuncia Lucas Millet, responsable de Grup MS, una empresa con más de 44 años de experiencia en el ámbito de la atención a personas mayores, en una conversación con Magas.
La historia de Grup MS
Grup MS es una empresa con más de 44 años de experiencia en el ámbito de la atención a personas mayores que nació en 1982 a partir de una experiencia familiar que marcó a sus fundadores.
La tía de la familia sufrió Alzheimer precoz, ingresó en una residencia que les impactó por su frialdad y falta de dignidad, y aquellos padres decidieron transformar su propia vivienda en un hogar donde cuidar con respeto, cariño y profesionalidad.
Con el paso del tiempo, esa iniciativa familiar se consolidó como una residencia de referencia y, en 2007, dio un paso más al ofrecer cuidados directamente en los domicilios.
El servicio que hoy ofrece Grup MS integra un método propio centrado en seleccionar, formar y acompañar a profesionales no como meros cuidadores, sino como "cuidadoras estrella" capaces de establecer vínculos y atención personalizada.
Para Lucas, las dinámicas del sector son complejas y revelan tanto la solidaridad como las tensiones existentes en el entorno del cuidado. Señala que no siempre hay un perfil claro, sino que depende de las familias.
"Hay familias que se aprovechan de las cuidadoras, pero todo esto se basa en un pilar: en ser buena gente o ser una esclavista, y en tener una empresa que trabaja bien y otra que no", explica.
Sin embargo, a su juicio, uno de los problemas de fondo radica en la dificultad para entender las diferencias estructurales entre el cuidado a domicilio y las residencias tradicionales.
Mientras que en un centro residencial las funciones están claramente jerarquizadas y repartidas entre distintos profesionales, en el hogar privado esas fronteras se difuminan con facilidad.
Esa falta de claridad favorece que algunas familias asuman que una sola persona debe cubrir todas las necesidades de la casa, desde la atención personal hasta tareas que no forman parte del cuidado, generando tensiones, abusos y una percepción distorsionada del trabajo de las cuidadoras.
Para Lucas, comprender esta diferencia no es un matiz menor, sino un paso imprescindible para dignificar el sector y evitar situaciones de explotación que, insiste, "no deberían normalizarse".
No obstante, Lucas insiste en que el conflicto no puede leerse únicamente desde la lógica del abuso. A su juicio, muchas familias llegan al cuidado a domicilio en una situación límite, desbordadas emocionalmente y con una urgencia que no siempre deja margen para informarse o reflexionar.
La mayoría no parte de la mala fe, explica, sino de la necesidad inmediata de atender a un padre o una madre que ha empeorado de forma repentina, sin conocer con precisión qué servicios existen, qué funciones corresponden a cada profesional o cuáles son las condiciones laborales del sector.
Esa falta de información, sumada al estrés y a la carga emocional del momento, acaba generando malentendidos que impactan tanto en las familias como en las cuidadoras.
Para Lucas, visibilizar esta vulnerabilidad es clave para entender el problema en su totalidad: familias que necesitan ayuda urgente y trabajadoras que requieren límites claros y condiciones dignas.
Precisamente por esa falta de definición, en Grup MS han desarrollado un método propio de selección que busca evitar malentendidos desde el primer momento.
Cuando una candidata entrega su currículum, Lucas no se limita a revisar su experiencia, sino que mantiene una conversación directa en la que le pregunta qué tareas puede y quiere asumir dentro de un domicilio.
"Preguntamos si hacen solo de cuidadora o si están dispuestas a hacer de todo", explica, subrayando la importancia de que ambas partes —familia y trabajadora— tengan claro el alcance real del trabajo.
Para la empresa, profesionalizar el sector pasa también por poner límites, reconocer los distintos roles y asegurar que el cuidado a domicilio no se convierta en una suma indefinida de obligaciones invisibles.
Además, desde su perspectiva, uno de los problemas más persistentes del sector tiene que ver con los salarios y la percepción social del trabajo de cuidados.
Lucas defiende la figura de las cuidadoras con firmeza. "Precisamente muchas cuidadoras quieren seguir trabajando con nosotros por estos motivos", asegura, subrayando que no se trata solo de cubrir un hueco en el mercado laboral, sino de ofrecer una opción profesional digna.
Esta defensa se extiende también a las familias, que según él en la mayoría de los años han sido "buenas familias", aunque lamenta que siga habiendo situaciones en las que se esclaviza a las trabajadoras o se les menosprecia.
