Hay una edad (por lo general, alrededor de los 40, aunque se instala con más firmeza después de los 50) en la que la relación con el cuerpo cambia.
Ya no se trata de perseguir una talla, ni de ajustarse a modelos imposibles, ni de corregir lo que no nos gusta. Empieza a importar otra cosa: cómo nos sentimos dentro de ese cuerpo y qué queremos hacer para vivir más y mejor con nosotras mismas.
La diseñadora y empresaria Vicky Martín Berrocal atraviesa ese momento con una idea muy clara. "Tengo claro que no voy a dejar de moverme", ha contado en sus redes sociales. Su propuesta es sencilla y, precisamente por eso, poderosa: entrenar seis días a la semana si se puede. Si no, cinco y descansar uno.
En esta promesa hay constancia, sentido común y una forma mucho más amable de entender el ejercicio. En sus publicaciones no hay obsesión por el resultado, sino por el proceso. Y eso, en un entorno saturado de cuerpos perfectos y rutinas imposibles, no es poca cosa.
El cambio de mentalidad es evidente. Durante años, el deporte se vivió como un castigo: entrenar para compensar excesos, para "quemar" lo que sobraba, para corregir. Hoy, cada vez más mujeres lo conciben como una herramienta de bienestar y de cuidar el cuerpo para que siga respondiendo.
No es estética, es salud
Hacer deporte ha dejado de ser una obligación estética y se ha convertido una decisión de salud. El cuerpo necesita estímulo para mantenerse funcional. Y esto no va solo de músculos. Habla de movilidad, de densidad ósea, de equilibrio, de sistema cardiovascular y también de salud mental. Con el paso de los años, todo eso cuenta más que nunca.
Vicky lo plantea desde un lugar muy realista. No se propone gestas deportivas ni retos inalcanzables. Se propone algo mucho más sostenible: no parar. Integrar el movimiento en su vida diaria como una rutina más, igual que comer o dormir.
Ese enfoque tiene una ventaja clara: se mantiene en el tiempo. Cuando el deporte deja de ser un proyecto de transformación rápida y se convierte en un hábito, ya no depende tanto de la motivación puntual. Pasa a formar parte de la identidad.
Además, manda un mensaje importante: no hace falta hacerlo perfecto para que funcione. Si una semana son seis días, estupendo. Si son cinco, también. La rigidez extrema es una de las principales causas de abandono.
Entrenar, pero también descansar
Hay otro detalle clave en su planteamiento: el descanso. "Ayer descansé. Único día de la semana. Hoy volvemos a la rutina", explicaba. Puede parecer un matiz menor, pero no lo es en absoluto.
Descansar no es perder el tiempo. Es parte del entrenamiento. Es el momento en el que el cuerpo repara tejidos, asimila el esfuerzo y se hace más fuerte. Sin ese espacio, lo único que se acumula es fatiga y riesgo de lesión.
A partir de los 40 (y aún más después de los 50) esta idea deja de ser opcional. El cuerpo ya no se recupera igual que antes. Y escuchar sus señales se vuelve una forma de inteligencia, no de debilidad.
Entrenar con cabeza
En esta etapa, los especialistas coinciden en algunos pilares básicos: mantener la fuerza para proteger articulaciones y postura, trabajar la movilidad para evitar rigideces, apostar por un cardio moderado y, sobre todo, aprender a distinguir entre esfuerzo y agotamiento real.
El ejercicio no solo transforma el cuerpo. Ordena la mente. Reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, aporta estructura al día y refuerza la sensación de control personal.
Post de Vicky Martín Berrocal entrenando.
En momentos de cambio, además, puede convertirse en un gran aliado. La propia Vicky lo decía recientemente con naturalidad, al contar que llevaba días sin fumar. No hablaba de grandes metas deportivas. Hablaba de mantenerse en movimiento.
Moverse no es correr maratones. Es caminar, entrenar, estirar, sostener una rutina. Es recordarle al cuerpo que sigue siendo un lugar habitable. También es una forma de relación con una misma. Menos basada en la exigencia y más en el cuidado. Menos en la corrección y más en el acompañamiento.
