No conozco a casi ninguna mujer que no esté cansada. Agotada. Exhausta. Que no llegue al final del día con la energía justita (y a veces ni eso) para abrir la cama y descansar (el nuevo lujo).
Algunas incluso, entre las que me incluyo, perdemos esa energía escasa y extinta a mitad del día o de la mañana. Con todo lo que nos queda por hacer. Porque esa es otra, los ‘tengo que’ que llenan nuestras listas cotidianas y convierten los días en carreras de fondo en las que a veces parece que te está persiguiendo un león.
Quizá el gran problema de todo esto es que lo hemos normalizado; hemos asumido silenciosamente esa fatiga física y mental como si fuera un coste que tuviéramos que pagar para llegar a todo. ‘Llegar a todo’, otro mensaje que nos empieza a pasar factura.
Sí, poder podemos. Somos maestras en la multitarea, en lidiar con la carga mental, en vivir en ‘modo hacer y solucionar’, en cuidar… y siempre con un nivel de autoexigencia y deseo de excelencia que suma más puntos al contador del agotamiento extremo.
Todo ello es el porqué de este libro, Estado civil: cansada (Roca Editorial, 2026). Una recopilación de poderosas recomendaciones de expertos de diferentes ámbitos del bienestar intercaladas con mi relato personal.
Y sí, para escribirlo he tenido que renunciar a muchos de los principios básicos del bienestar. Pero tengo intención de dar un giro a todo. Me declaro mujer cansada. Mujer cansada de estar cansada. Mujer que quiere empezar a cambiar. De eso también va el libro, de intentar transformar ciertos patrones de comportamiento y pensamiento que no ayudan nada en este sentido.
Pequeños cambios, de esos que no da demasiada pereza emprender y que acaban generando constancia, la clave del éxito. Pensar a lo grande está muy bien, pero quizá llevamos tantos años pensando en clave ‘macro’ que es momento de centrarse en lo micro.
En lo pequeño que, poco a poco, te puede ir cambiando el día: tomarte el primer café de la mañana en calma, sin dejarte llevar por la multitarea; no mirar el móvil hasta salir de casa, hacer microparadas durante el día para llevar a cabo solo una cosa y hacerla de forma consciente, provocar momentos a solas, intentar comer un poco mejor...
Y, sobre todo, empezar a priorizar nuestro cuidado con pequeños gestos. El caso es volver a conectar con nosotras y estar más presentes. Empezar a entender que no tenemos que vivir varias vidas a la vez, ni postergar el descanso para cuando haya tiempo.
Y que hacerlo todo perfecto sin renunciar a absolutamente nada no es el camino. Puedes coger papel y lápiz y anotar todos esos ‘tengo que’. Es muy probable que ninguno sea ‘tengo que cuidarme’, ‘tengo que leer’, ‘tengo que disfrutar más’, ‘tengo que parar’.
Estamos tan centradas en el hacer que olvidamos que los pequeños momentos de gloria al día son necesarios. No hablo de grandes planes (soy realista). Me refiero a esos gestos diminutos que nos ayudan a generar endorfinas de alguna manera, a no vivir en piloto automático, a hacer que nuestro descanso sea cosa nuestra y no de los demás.
No podemos esperar a que nos digan que paremos. Nos lo tenemos que decir nosotras. Y nadie más.
En la Comunidad de Magas estamos sorteando un ejemplar firmado por Ana Morales de su libro Estado civil: cansada. ¿Lo quieres? ¡Participa en el botón de abajo!
