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Cumplir 60 no implica renunciar al maquillaje ni esconderse tras productos pesados. Al contrario, cada vez más expertas en belleza defienden que el maquillaje bien trabajado puede rejuvenecer el rostro, iluminar la mirada y potenciar la belleza natural sin necesidad de recargar la piel.

El gran reto aparece en la zona de los ojos. Con el paso del tiempo, el párpado pierde firmeza, las pestañas disminuyen su densidad y las ojeras se vuelven más visibles. A eso se suma que la piel se vuelve más fina y seca, algo que hace que ciertos productos marquen aun más las arrugas.

Por eso, maquilladores profesionales como Xabier Rodrigues coinciden en la idea de que a partir de los 60, menos es más. La técnica importa mucho más que la cantidad de maquillaje y elegir bien las texturas puede marcar una enorme diferencia.

El error después de los 60

Uno de los fallos más frecuentes es seguir utilizando el mismo maquillaje que hace veinte años. Tonos demasiado oscuros, sombras metalizadas o productos en polvo pueden endurecer las facciones y hacer que el ojo parezca más pequeño.

El maquillador Xabier Rodrigues insiste en que el área de los ojos necesita un cuidado especial porque es una de las zonas más delicadas del rostro. La piel pierde elasticidad y cualquier exceso de producto acaba acumulándose en las líneas de expresión.

Por eso, muchos expertos recomiendan abandonar las sombras excesivamente intensas y apostar por colores neutros que aporten luminosidad. Marrones suaves, beige, tonos tierra o incluso berenjenas discretos ayudan a definir la mirada sin añadir dureza.

Según explica el maquillador Junior Cedeño, los tonos neutros "enmarcan los ojos de una forma más fresca y natural". El objetivo ya no es crear un maquillaje agresivo, sino devolver luz y amplitud a la mirada.

Mujer aplicando sombra de ojos sobre el párpado. IStock

Las sombras con acabado satinado suave suelen funcionar mejor que las completamente mates o las demasiado brillantes. Estas últimas pueden remarcar el párpado encapotado y las arrugas.

Además, conviene evitar los azules eléctricos, verdes intensos o plateados muy marcados. Aunque fueron tendencia durante décadas, hoy los maquilladores coinciden en que suelen añadir años visualmente.

La técnica que abre la mirada

No solo importa el color. La manera de aplicar el maquillaje cambia por completo el resultado final. De hecho, una buena técnica puede levantar visualmente el ojo y suavizar los signos de cansancio.

Uno de los trucos más repetidos por los expertos es difuminar siempre los productos. Las líneas demasiado rígidas endurecen las facciones y empequeñecen el ojo.

La maquilladora Patricia Franco recomienda trabajar la línea de agua con suavidad y difuminar el lápiz hacia las pestañas para crear sensación de densidad. Ese pequeño gesto hace que las pestañas parezcan más abundantes y que la mirada gane profundidad sin verse artificial.

El delineado excesivamente grueso o muy negro puede resultar demasiado duro en pieles maduras. Por eso, los marrones suaves y los tonos topo suelen integrarse mejor y aportar un efecto más elegante.

Las pestañas también juegan un papel fundamental. Con el paso del tiempo pierden volumen y longitud, algo que hace que los ojos parezcan más cansados. Utilizar una máscara que alargue y separe las pestañas ayuda a rejuvenecer automáticamente la mirada.

Muchas maquilladoras recomiendan incluso utilizar pestañas postizas individuales, mucho más naturales que las completas. El objetivo no es crear dramatismo, sino rellenar pequeñas zonas despobladas.

Cejas e hidratación

Otro detalle clave son las cejas. Conforme vamos cumpliendo años, pierden densidad y definición, algo que desestructura visualmente el rostro. Sin embargo, marcarlas demasiado también puede añadir dureza.

La tendencia actual apuesta por cejas naturales, ligeramente definidas y peinadas hacia arriba. Lo ideal es rellenar pequeñas calvas con lápiz fino o sombra específica, siempre respetando la forma original.

El tono debe parecerse lo máximo posible al color natural de la ceja. Un acabado excesivamente oscuro endurece la expresión y envejece el rostro. Además del maquillaje, la hidratación previa es imprescindible. La piel madura necesita fórmulas ligeras, luminosas y flexibles que no se cuarteen con el paso de las horas.

Los productos en crema suelen funcionar mucho mejor que los polvos porque se funden con la piel y no marcan tanto las líneas de expresión. Correctores fluidos, iluminadores suaves y sombras cremosas ayudan a crear un acabado más fresco y rejuvenecedor.

Las maquilladoras recomiendan preparar siempre la piel con sérum e hidratante antes del maquillaje. Cuando el contorno está hidratado, el producto se integra mejor y el resultado resulta mucho más natural.

Otro error frecuente es aplicar demasiado corrector para esconder las ojeras. El exceso de producto acaba acumulándose en los pliegues y haciendo que las arrugas destaquen todavía más.

Por eso, los expertos defienden fórmulas ligeras y luminosas aplicadas en pequeñas cantidades. La clave está en corregir sin recargar.

La tendencia actual en belleza madura se aleja cada vez más de los maquillajes pesados y artificiales. La idea no es ocultar la edad, sino potenciar la luz natural del rostro y aportar frescura. Y, sobre todo, recuerdan que la elegancia en el maquillaje casi siempre está en la naturalidad.