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Las cejas pueden cambiar por completo la expresión del rostro. A veces, incluso más que un buen maquillaje. Cuando están bien diseñadas, la mirada se ve más abierta, los rasgos más suaves y la cara adquiere ese efecto de buena cara que tantas personas buscan sin necesidad de grandes retoques.

Por eso no sorprende que cada vez haya más interés en tratamientos que permitan llevarlas perfectas desde que una se levanta. Después de años dominados por el microblading, muchas expertas en belleza empiezan a mirar hacia técnicas mucho más naturales, alejadas de las cejas excesivamente marcadas o rígidas.

Ahora, la tendencia apuesta por acabados ligeros, realistas y casi imperceptibles. Y ahí es donde entra el hairstroke, un método que promete rellenar las cejas pelo a pelo con un resultado tan sutil que cada vez son más las maquilladoras y especialistas que lo señalan como el relevo definitivo del microblading.

Qué es el 'hairstroke'

El hairstroke, también conocido como hairstrokes, es una técnica avanzada de micropigmentación que crea un efecto hiperrealista de cejas pelo a pelo.

Tal y como explica Valentina Troni, fundadora de Tebori Brows y pionera del hairstroke en Madrid, se trata de un método relativamente reciente, con apenas dos años de recorrido, que tiene su origen en artistas rusas y brasileñas, consideradas actualmente la élite mundial de la micropigmentación.

A diferencia de otros métodos, los trazos son ultrafinos y se realizan con máquina, mediante un dermógrafo que deposita el pigmento en la piel sin necesidad de realizar cortes.

El resultado son cejas definidas, pero con una apariencia tan natural que resulta prácticamente imposible distinguirlas del vello real.

Se trata de una técnica especialmente eficaz para rellenar zonas despobladas y con una gran ventaja añadida: es apta para todo tipo de pieles, incluidas las grasas, y ofrece una mayor estabilidad del pigmento con el paso del tiempo.

De acuerdo con Troni, el hairstroke se sitúa más cerca del sombreado que del trazo clásico. El pigmento se deposita de forma extremadamente suave, sin arrastrar la aguja ni provocar cortes.

La técnica exige un control absoluto del gesto, ya que no debe haber sangrado ni salida de linfa. Esa precisión no solo responde a un criterio estético, sino también a una profunda preocupación por la salud de la piel.

Cuanto mayor es el proceso inflamatorio, menor es la retención del pigmento, lo que convierte al hairstroke en una técnica compleja, exigente y solo apta para profesionales con una formación muy sólida.

La diferencia con el 'microblading'

Para Troni, el microblading ha llegado a su fin. Aunque ha sido una de las grandes expertas en esta técnica en España, su visión actual es clara: este método es limitado, tiende a virar a tonos grisáceos con el tiempo y suele ser algo que solo se puede realizar una vez en la vida.

Con el paso de los años, el pigmento migra bajo la piel y el trazo termina difuminándose hasta convertirse en un borrón que, en muchos casos, solo puede eliminarse con láser.

Es por ese motivo que la diferencia fundamental entre el microblading y el hairstroke está en la forma en que la herramienta interactúa con la piel. El primero de ellos utiliza un lapicero metálico con microcuchillas que realizan pequeños cortes superficiales donde se introduce el pigmento.

"El microblading, como su propio nombre indica en inglés, son microcortes en la piel", explica Troni, "el hairstroke se aplica con una microaguja más fina que el diámetro de un poro y no llega a cortar. Solo deposita el pigmento en mini puntos, lo que nosotras llamamos píxeles y eso forma líneas".

En cuanto a la duración, existe la creencia de que el hairstroke es menos duradero que el microblading, pero no es cierto. Ambas técnicas son micropigmentación y su permanencia depende más de cómo se implanta el pigmento que del método en sí.

Una implantación demasiado profunda o excesivamente superficial compromete el resultado a largo plazo. En este sentido, el uso de pigmentos orgánicos de alta calidad, que se integran mejor con la piel y la lesionan menos, favorece una cicatrización más limpia y una retención más equilibrada.

El hairstroke, al no realizar cortes, la inflamación es mínima y la recuperación resulta mucho más suave, algo especialmente importante en pieles sensibles.

Además, métodos propios como el llamado "random brows", desarrollado por Troni, permiten trabajar con distintos grosores y matices para evitar ese efecto plano o excesivamente dibujado que tantas clientas rechazan hoy en día.

Esta búsqueda de naturalidad encaja perfectamente con otras tendencias actuales en diseño de cejas, como las fluffy brows, que apuestan por un acabado ligero, despeinado y con textura.

Sin embargo, lejos de estar reservado solo a quienes ya tienen cejas pobladas, el hairstroke está indicado para un abanico muy amplio de personas.

Es apto para personas con alopecia fibrosante, pieles sensibles, condiciones dermatológicas complejas o que han pasado por tratamientos oncológicos. La delicadeza de la técnica permite trabajar sobre pieles difíciles sin comprometer su integridad.

No pasa igual con el microblading. Muchas profesionales coinciden en que el microblading no es para todo el mundo y debería limitarse a pieles jóvenes, con buena calidad de colágeno y sin daño solar.

El hairstroke surge precisamente para corregir errores habituales del pasado, como la uniformidad excesiva, la rigidez del trazo o la falta de gradación tonal. Entender eso es lo que marca la diferencia entre una ceja simplemente maquillada y una ceja verdaderamente viva.