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Dicen que los ojos son el reflejo del alma, pero también espejo del tiempo. A medida que pasan los años, la mirada pierde la frescura juvenil de párpados tersos y cejas altas, y adopta una expresión más fina, menos elástica y, a veces, ligeramente caída.

Esto no solo se traduce en esa pérdida de autoestima que a menudo conllevan los cambios físicos, sino también en un ajuste de las rutinas que hemos seguido durante tanto tiempo. Las cremas no son las mismas y, por ende, el maquillaje tampoco.

Según las maquilladoras, como Bárbara Martos, ciertas técnicas de maquillaje que funcionaban a los 20 o 30 años, en la actualidad pueden acentuar la edad, endurecer la mirada o hacerla parecer cansada. A su juicio, una de las más populares es el lápiz de ojos en la línea de agua.

Lápiz de ojos negro en la línea de agua

El lápiz de ojos, también conocido como delineador o eyeliner, es uno de los cosméticos más valorados de todos los tiempos. De hecho, empezó usándose en el Antiguo Egipto, aproximadamente en el año 3150 a.C.

Debido a esa mezcla de funcionalidad ancestral, simbolismo de poder, la influencia de Hollywood en el siglo XX y su capacidad probada para resaltar y estilizar la mirada, el eyeliner pasó a ser considerado un estándar de belleza.

No es para menos. El delineado es la herramienta clave que realza, define y da profundidad a la mirada, permitiendo estilizar la forma de los ojos, haciéndolos parecer más almendrados, grandes o elevados.

Sin embargo, si lo que queremos es maximizar su potencial, es importante saber cómo se puede usar un lápiz negro en los ojos, pero, sobre todo, cómo no se debería usar.

A pesar de sus infinitas ventajas, la realidad es que el lápiz de ojos puede resultar contraproducente, especialmente en lo que respecta a la percepción de la edad, de acuerdo con la maquilladora Martos.

Cuando aplicamos lápiz negro en la línea de agua, el resultado es una reducción visual del tamaño del ojo. Esto se debe a que el color oscuro absorbe la luz, creando una ilusión de profundidad que acorta el espacio visible del globo ocular.

Los ojos, al parecer más pequeños y más encajonados, pueden perder ese aspecto descansado que se asocia comúnmente con la juventud.

A este proceso tenemos que añadirle el que nosotras mismas sufrimos sin quererlo, el envejecimiento. Con el paso de los años vamos perdiendo luminosidad en la mirada y aparecen líneas finas, bolsas o sombras bajo los ojos.

Al agregar una línea negra intensa en esa zona ya de por sí delicada, se puede acentuar involuntariamente ese aspecto cansado, enfatizando esas imperfecciones en lugar de disimularlas.

Los contrastes fuertes, como el negro, pueden endurecer los rasgos faciales. Mientras que un delineado sutil en el párpado puede definir la mirada, una línea negra marcada en la línea de agua inferior puede crear un efecto rígido o severo, lo que tiende a asociarse con una apariencia más madura.

Algo así sucede con las sombras en el párpado. Los tonos oscuros, en lugar de brindar frescura y luminosidad, tienden a marcar las facciones, acentuando líneas de expresión y hundiendo visualmente los ojos, lo que puede generar un efecto contrario al buscado.

Además de sus desventajas estéticas, el lápiz negro en la línea de agua no suele ser una técnica efectiva y es que, al interactuar con la humedad natural del ojo, suele correrse o desvanecerse con facilidad, provocando manchas o acumulaciones en las esquinas del ojo que pueden añadir un aspecto descuidado o envejecido.

"Hay que tener mucho cuidado y saber bien cómo aplicarlo", indica la maquilladora, "lo ideal es difuminarlo 'un pelín', que sea algo sutil; si no, puede hacer que parezcas más mayor y no nos va a beneficiar", confiesa.

En su lugar, también podemos optar por tonos más claros, como blanco o beige. De esta forma, conseguimos neutralizar el color carne o ligeramente rojizo debido a la vascularización de esta área sensible y, por tanto, abrir y resaltar la mirada.