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Son una parte importantísima del rostro y, en los últimos años, su relevancia ha crecido incluso más. ¿Quién no tiene en su neceser pinzas de depilar, cepillos, lápices y sombras específicas? Las cejas se han convertido en auténticos instrumentos de expresión y equilibrio facial: corrigen proporciones, aportan carácter y pueden cambiar por completo la percepción de un rostro.

Los expertos en belleza, conscientes del poder que tienen para transformar la mirada e incluso redefinir los rasgos, han elevado esta zona al rango de tendencia, renovando su apariencia temporada tras temporada con propuestas que combinan naturalidad, diseño y actitud.

En 2026, podemos ir despidiéndonos —no como una imposición, sino más bien como un consejo flexible, porque este año todo vale— de los acabados excesivamente marcados y definidos, fruto de largas sesiones de maquillaje o del popular microblading.

La nueva dirección mira hacia una estética más relajada y orgánica, aunque también rescata estilos del pasado que creíamos olvidados. En esta mezcla de épocas surge una dualidad interesante: por un lado, cejas naturales y suaves, incluso despeinadas; por otro, propuestas más atrevidas que coquetean con un aire gótico y ligeramente rebelde.

Como siempre, las pasarelas dictan las reglas del juego. En las semanas de la moda, la próxima temporada primavera-verano se traduce en cejas ligeras, poco maquilladas, integradas en looks clean y effortless. La idea es proyectar una imagen fresca, casi de recién levantada, pero cuidada al detalle. Natural no significa descuido: los productos de tratamiento siguen siendo fundamentales, desde los aceites y sérums fortalecedores hasta los geles fijadores transparentes que estructuran sin endurecer.

Dentro de esta oda a la naturalidad, el efecto no make-up domina el discurso. Se apuesta por opciones menos definidas, con una textura visible y algo despeinada que suaviza los rasgos. En los desfiles de París, muchos maquilladores optaron por este acabado: un arco flexible, aireado, que deja brillar otras partes del rostro como la piel luminosa o las pestañas, ejerciendo de marco sutil pero indispensable para el conjunto.

Aun así, no todo se resume en el minimalismo relajado. Como guiño nostálgico, regresa el espíritu de las cejas finas de los noventa y los 2000. Es un revival reinterpretado para la generación Z, más actual y equilibrado.

La llamada skinny brow no es una copia del pasado, sino una versión afinada y moderna: líneas limpias, proporciones suaves y un acabado esculpido que mantiene la textura natural del vello. El resultado es un efecto elegante que combina con maquillajes centrados en los labios o en la piel satinada.

La modelo estadounidense Gabbriette Bechtel encarna este estilo en su versión más suave, con un maquillaje casi etéreo que realza sin sobrecargar.

Entre las tendencias emergentes de esta temporada, destacan también las bleached brows o cejas decoloradas. Se trata de una opción extrema y artística, que modifica completamente la expresión del rostro al hacer desaparecer casi por completo el marco natural de la mirada.

Vistas en las pasarelas de Fendi, Dolce & Gabbana o Dries Van Noten, han dejado de ser una rareza experimental para consolidarse como gesto de estilo. No es una elección universal, pero sí una declaración audaz de personalidad.

El fenómeno se traslada al terreno de las celebridades: Jenna Ortega, por ejemplo, ha sabido aprovechar este recurso en su estética gótica suave, que recuerda al aire melancólico de Miércoles Addams. Su presencia en alfombras rojas demuestra que una ceja decolorada puede resultar sofisticada y cinematográfica si se integra con equilibrio.

Kendall Jenner, en la campaña primavera-verano 2026 de Khaite, también adopta esta tendencia con unas cejas casi inexistentes que contrastan con unos labios oscuros, proyectando un look entre futurista y subversivo. Ariana Grande, por su parte, explora una versión intermedia: combina trazos finos y un leve decolorado que suaviza sus rasgos sin perder la armonía de la mirada.

Así, el 2026 se presenta como un año de libertad estética en el que las cejas se alejan de las normas rígidas para celebrar la individualidad. Desde la textura natural hasta el toque experimental, cada propuesta comparte un mismo hilo conductor: la búsqueda de autenticidad.