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A partir de cierta edad, el maquillaje deja de ser solo una cuestión estética para convertirse en una herramienta estratégica.

No se trata de cubrir, sino de iluminar, suavizar y devolver frescura al rostro. La mirada, en concreto, es una de las zonas donde los pequeños cambios tienen mayor impacto, y elegir bien el lápiz de ojos puede rejuvenecer más que cualquier técnica compleja.

Durante años, el negro y el marrón han sido los tonos universales del delineado. Son seguros, fáciles y clásicos.

Sin embargo, maquilladores profesionales advierten de que, a partir de los 50, estos colores pueden endurecer los rasgos y marcar más las líneas de expresión, justo lo contrario de lo que se busca al maquillarse.

La maquilladora Natalia Belda defiende que el secreto está en introducir matices menos obvios pero mucho más favorecedores. No se trata de abandonar el delineado, sino de actualizar su paleta.

El color que rejuvenece

Según la experta, los tonos rojizos son una alternativa sorprendentemente rejuvenecedora. Bien elegidos, aportan calidez, iluminan la mirada y suavizan el contorno de los ojos.

A diferencia del negro intenso, no crean un contraste duro con la piel y ayudan a que las facciones se perciban más relajadas.

Eso sí, no todos los rojizos funcionan igual. Los tonos demasiado vivos o anaranjados pueden acentuar el enrojecimiento ocular y generar efecto de cansancio.

La clave está en apostar por versiones sofisticadas: burdeos, granate o rojizos amarronados que aporten profundidad sin resultar estridentes.

Estos matices tienen otra ventaja añadida: realzan el color natural del iris. En ojos claros crean un contraste elegante, mientras que en ojos oscuros aportan luz sin perder intensidad. El resultado es una mirada definida pero suave, moderna y favorecedora.

Además, son colores versátiles. Funcionan tanto en un maquillaje diario apenas difuminado como en un look más elaborado por la noche. Basta con ajustar la intensidad del trazo para adaptarlos a cualquier ocasión.

Adiós al negro

El negro sigue siendo un clásico indiscutible, pero su efecto cambia con el paso del tiempo. En pieles maduras, un delineado demasiado oscuro puede endurecer la expresión y remarcar la caída natural del párpado. Lo que antes definía, ahora puede pesar visualmente.

Algo similar ocurre con el marrón muy profundo. Aunque es más suave que el negro, ciertos subtonos fríos pueden apagar la mirada. El objetivo a partir de los 50 no es marcar, sino levantar ópticamente el ojo y aportar frescura.

Mujer delineándose el ojo con lápiz negro. iStock

Los tonos rojizos bien equilibrados cumplen precisamente esa función. Añaden calidez, armonizan con la piel y generan un efecto de luz que rejuvenece sin parecer maquillaje evidente. Es un cambio sutil, pero perceptible.

Los maquilladores coinciden en que el error más común es aferrarse a los colores de siempre. La piel evoluciona, el rostro cambia y el maquillaje también debe hacerlo. Adaptar la paleta no significa renunciar al estilo propio, sino actualizarlo.

Cómo integrarlo a diario

Incorporar estos tonos no requiere técnica avanzada. Un trazo fino en la línea superior de las pestañas, ligeramente difuminado, basta para definir sin endurecer. Si se busca un efecto más natural, se puede aplicar a pequeños toques entre las pestañas en lugar de dibujar una línea continua.

Otra opción es combinar el lápiz rojizo con sombras neutras en crema o polvo. Así se crea profundidad sin recargar el párpado. El resultado es una mirada abierta y descansada.

Para quienes temen salir de su zona de confort, la transición puede hacerse de forma gradual. Empezar con un marrón cálido con matiz rojizo es una manera sencilla de probar el efecto antes de apostar por un burdeos más evidente.

El maquillaje a partir de los 50 no consiste en disimular la edad, sino en potenciar lo mejor del rostro. Elegir bien el color del delineador es uno de esos pequeños gestos que transforman la expresión. Y, en este caso, el secreto no está en intensificar, sino en suavizar.