Para las almas con visión, el aliento creativo está por doquier. Aquellas miradas que encontraron en las musas el punto de partida de sus grandes obras, sirven ahora como referencia para nutrir las mentes y canalizar las ideas que navegan el mundo beauty, al tiempo que trazan las nuevas tendencias, haciendo del rostro un nuevo soporte y una forma de expresión.
Recorrer el arte a lo largo de los siglos es ver un reflejo de la sociedad. Lo efímero de una pincelada logra trascender los tiempos. Cada depósito de color en un lienzo muestra la belleza en todas sus formas. Es la confirmación de que esta es subjetiva.
Sin embargo, siempre han existido tres máximas invariables: la obsesión por la forma, la luz y
la emoción, criterios compartidos con una estética que resulta mucho más cercana que aquella que se expone en museos y galerías.
Perderse en los vaivenes del arte es conectar con el presente a través del pasado. Nada de lo actual tendría sentido sin lo que ya ha sido.
Es una ingenuidad pensar que resulta sencillo crear algo de cero, que no ha habido nadie que una los puntos de la misma forma cuando la globalización hace de las suyas en un mundo de 8.000 millones de personas.
Parece mucho más inteligente reinterpretar los códigos. Y es en ese punto en el que, como funambulistas, se sostienen las tendencias de belleza que se reinventan cada temporada.
La piel se ha convertido en un soporte mediante el que expresarse. En el rostro se forja un diálogo entre el color, la textura y la narrativa personal. Una conversación que lleva dándose años.
Cuando Johannes Vermeer esbozó La joven de la perla, poca idea tenía de que se hablaría de la mirada al desnudo, esa corriente que invita a engalanar las ventanas del alma de forma limpia y natural. Ahora, el peso de la mirada recae en productos como las máscaras transparentes
y los rizadores o en tratamientos como el lifting de pestañas.
'La joven de la perla', de Johannes Vermeer.
El complemento perfecto para esta tendencia es el uso de un gloss en los labios, añadiendo a la ecuación de la naturalidad un elemento que ha desplazado a las fórmulas fijas.
Mirada al desnudo: las pestañas teñidas de negro dan paso a un aspecto más natural con productos como los rizadores.
Otra de las estéticas del momento es la gótica. Se trata ahora de un estilo que se aproxima al romanticismo del siglo XIX, fecha cercana de la que data el autorretrato de la finesa Elin Danielson-Gambogi. En la pintura asoma un rostro que recuerda al de Sarah Paulson y una apuesta de belleza que es sencillo conectar con la que luce la también actriz Mia Goth.
Para lograr el look, basta con destacar los labios y las mejillas al tono, preferentemente con el mismo producto, una de las propuestas actuales. La piel y la mirada se visten de forma mucho más discreta en esta ocasión.
'Autorretrato', de Elin Danielson-Gambogi.
Vuelta al gótico: regresa esta tendencia en su forma más romántica, haciendo guiños a la estética del siglo XIX.
El healthy glow, o brillo saludable, va de la mano del efecto sunkissed, es decir, besada por el sol. Los tonos dorados y bronce se deslizan por pómulos y párpados de forma natural, maridando además con el melocotón, que conquista la tez y aporta jugosidad a los labios.
'Judith I', de Gustav Klimt.
Bronceado: el efecto 'sunkissed' es un 'must' en belleza en los últimos tiempos.
La pintura Judith I de Klimt es una oda a esto, un espejo en el que mirarse. En cuanto a referencias actuales, el nombre de Hailey Bieber sale a relucir.
Blush blindness, o ceguera por el colorete, es esa corriente estética sinónimo del rostro de la artista Sabrina Carpenter.
Pero también de Sol ardiente de junio, de Lord Frederic Leighton, una pintura donde una adormecida protagonista se deja llevar por las garras de Morfeo en una placentera siesta al sol, que propicia un rostro ruborizado, favoreciendo que el rosado traspase ciertas fronteras y llegue a alcanzar los ojos.
'Sol ardiente de junio', de Lord Frederic Leighton.
Blush blindness: con el colorete es preferible pecar por exceso. Ahora, escala hacia la mirada y las sienes.
Toda tendencia es una revisión del pasado, un eco que se posa sobre la piel igual que el pigmento sobre el lienzo. Como el arte, la belleza no sólo se mira: se siente, se reinterpreta y se deja habitar.
