El Congreso debate hoy, martes 17 de febrero, una proposición de ley orgánica presentada por Vox que consiste en lo siguiente: "Queda prohibida la utilización en el espacio público, o en lugares privados con proyección a un espacio o uso público, de los velos denominados nicab y burka".
Mientras tanto, en la plataforma Etsy, desde España, se puede comprar un "burka de satén negro de cachemira hecho a mano, con fundas para los ojos separadas y jilbab sin mangas" por 78,08 €, antes 90,79 €. Y es que, ¿cuánto vale la opresión a la mujer? Para todo lo demás, la reconocidísima empresa de tarjetas de débito y crédito.
Lo que presenta el partido político —respaldado por el Partido Popular— no es una nueva cuestión, ni en conversaciones de barra de bar ni en las de diferentes organismos públicos. De hecho, tal y como se afirma en EL ESPAÑOL, el último precedente nacional se dio el 23 de junio de 2010.
Entonces, hubo una moción que partió del PP desde el Senado y que contó con el apoyo en esa cámara de CiU y UPN, eso sí, por un margen muy estrecho: 131 votos a favor y 129 en contra.
En cualquier caso, ni el gobierno que estaba entonces en el poder —el de Zapatero— ni los que le sucedieron llegaron a acometer la regulación. Es más, apenas un mes más tarde, el Congreso dijo no a la moción del PP al respecto.
En ese punto, también hubo algunas localidades que se sumaron a la iniciativa que salió adelante en la Cámara Alta. Tres años más tarde, el Tribunal Supremo tumbó la prohibición del velo integral acordada por el Ayuntamiento de Lleida en octubre de 2010.
A favor, en contra
En la jornada de hoy, tras la sesión plenaria, que se ha alargado durante más de cinco horas, los diputados han rechazado la proposición de ley orgánica impulsada por Vox.
En concreto, se han emitido 348 votos, de los cuales 170 han sido a favor —sumando los síes del grupo de ultraderecha y del PP— y 177 en contra. Además, se ha contabilizado una abstención en la sala.
La decisión se esperaba tras el plantón de Junts, que ha optado por presentar su propia iniciativa respecto al tema.
En contexto
En este toma y daca judicial y político chocan de forma frontal conceptos como el de seguridad, partidismo, religión, libertad, migración o feminismo. En mitad de este caos, y como viene siendo habitual, lo que queda al filo del abismo son las garantías de las mujeres, vulneradas a un lado u otro. En un sentido u otro.
La diputada de VOX Blanca Armario González interviene durante la sesión plenaria.
Javier Martín, escritor y periodista experto en Oriente Medio, cree que todo el debate se está enfocando desde distintos puntos de vista para eludir el núcleo real de la cuestión: los derechos humanos y, en particular, los de la mujer.
"El burka no es tradición ni es cultura, es la supresión absoluta de sus garantías, de su libertad como persona y es prueba de la sumisión a la voluntad del hombre, su poder total sobre ella", especifica.
En cualquier caso, aclara que hablar de burkas y nicabs no es lo mismo que hacerlo de hiyabs. "Yo tuve que vestir el primero en 2004 en Irak para poder atravesar un puesto de control y entrar en un barrio chií para una entrevista", cuenta.
Tras su experiencia, declara sin tapujos que "es de lo más humillante, peligroso incluso para la salud. El efecto que produce en tu forma de mirar y ver el mundo tras esa rejilla es terrible, no sabes controlar las distancias, te tropiezas todo el tiempo... A aquellos que lo defienden les diría que antes de hablar se pusieran uno durante unas horas".
Jésica García es una joven conversa de Burgos. Hace justo un año, señaló para EL ESPAÑOL que su acercamiento al islam no fue premeditado, sino que nació de la curiosidad. "Es un interés que no tiene descripción. El encuentro con una paz y tranquilidad que nunca había experimentado", dijo.
A día de hoy se encuentra en Arabia Saudí. Puede que esté a kilómetros de Madrid y del centro neurálgico de la política española, pero este tema le toca de cerca. Primero, se esfuerza en aclarar que el nicab es algo religioso, pero no obligatorio, a diferencia del velo, "un mandamiento escrito en el Corán".
De todos modos, apunta que la obligatoriedad no quiere decir que nadie pueda imponer su uso y que en muchos países se trata más de una cuestión cultural.
"Ahora que estoy aquí —en referencia al país árabe— soy más consciente de ello. Mi marido nació y creció en este lugar y la mayoría de las mujeres lo llevan. Por lo que él dice, es más por esa cuestión que por motivo religioso", explica.
Sobre esto concretamente se pronuncia Ana Velasco, periodista y profesora de la Universidad Complutense de Madrid experta en Historia de la Moda: "Cubrir el pelo y llevar velo ha sido una práctica fundamental de control a lo largo de la historia, en especial en las culturas que se han erigido en torno al Mediterráneo".
Imagen de una mujer llevando un nicab.
A pesar de que Jésica concuerda con su esposo en el hecho ya señalado, se manifiesta también acerca de la propuesta que hoy Vox lleva al Congreso: "Al no ser una norma estrictamente religiosa, entiendo que en España por temas de seguridad no se permita. Sobre todo porque no sabes quién hay detrás del nicab".
Añade que se trata de algo fundamental para poder reconocer a una persona en este sentido. "Esto no sucede con el hiyab, por ejemplo", expresa, tras decir además que "para aquellos que quieren manchar su religión, en los países islámicos las penas son más duras".
El argumento que fundamenta la opinión de la burgalesa es el primordial que esgrimen desde el partido de ultraderecha.
Fuentes de la dirección del mismo han expresado para Magas: "La seguridad es el centro de la cuestión. Ha de poder haber una identificación de las personas. Al igual que no se puede entrar en hacienda llevando un casco, no se debería poder llevar el burka y el nicab en espacios públicos".
Cultura vs. Derechos
El escenario que plantea Jésica, las dos realidades a las que alude, son las que entroncan en el discurso de los que reman a favor del sí y de los que lo hacen en el sentido contrario.
"Hay culturas que van en contra de los principios legales e ideológicos de Europa que llevan a la población a asumir máximas que atacan a la igualdad entre hombres y mujeres", comentan desde el partido verde.
Javier Martín dice que hay muchas cosas que antes tenían el aprobado en Occidente y que ahora, de forma clara, se aprecian como lo que verdaderamente eran: violaciones a la dignidad humana "y no las defendemos. Con el burka es lo mismo, no se puede defender en términos de 'es su cultura'", aclara.
No obstante, señala algo esencial en su discurso: que hay que explicar a la población que "no se les prohíbe por ser musulmanes, por razones de racismo o superioridad moral, sino por la protección de la dignidad de las personas", especifica el experto en Oriente Medio.
Desde el colectivo Afroféminas comentan que para abordar el tema desde una perspectiva antirracista es fundamental rechazar el marco simplista que reduce la religión a la opresión, sobre todo "cuando se aplica con doble rasero. Nadie propone prohibir símbolos cristianos en nombre de la liberación femenina. El problema no es qué fe encarna el cuerpo racializado", expresan.
Por otro lado, una de sus pautas es que habría que diferenciar entre crítica legítima y estructuras discriminatorias que, anotan, existen en todas las tradiciones y estigmatización debido a la raza. "La crítica al patriarcado debe ser coherente y universal, no selectiva ni instrumental", señalan.
Y, por último, detallan algo esencial: la importancia de escuchar a las propias mujeres musulmanas diversas. "No existe una experiencia única. Hay coerción en algunos contextos, como la hay en múltiples formas dentro de la cultura dominante. Pero la respuesta a esa coerción no puede ser otra de carácter estatal", comentan.
Además, dejan claro desde dónde se posiciona el activismo afro y antirracista: "La libertad no se impone despojando de derechos".
Jésica García reitera la idea de que la sociedad siempre piensa que es una imposición por parte de familias y maridos y que no es así.
"En algunos países sí que se insta a las mujeres a llevar el velo, pero es por cultura arraigada a la religión. Repito que, aunque aparece en el Corán, nadie puede forzarnos a nada, ya que sería un pecado grave. Sólo Dios es el que nos obliga a llevarlo", cuenta.
Además, añade que "no se es más libre por enseñar más ni por destaparse más; hay mujeres que no quieren, puesto que se trata de su intimidad. No es algo que se deba juzgar".
¿Libertad real?
Aunque las fuentes de la dirección de Vox que han hablado para este vertical aseguran que una de las máximas tras su propuesta es la de garantizar los derechos de la mujer, ¿qué garantías hay para el cumplimiento de los mismos desde esta perspectiva?
María Peral, de EL ESPAÑOL, cita al profesor titular del área de Derecho Eclesiástico de la Universidad Complutense de Madrid, Fernando Amérigo, en su artículo sobre la iniciativa del partido de ultraderecha: "Tanto el burka como el nicab persiguen invisibilizar a las mujeres y conducen a una cosificación de las mismas".
No obstante, el experto añade en su conversación con la periodista que la propuesta de prohibición —a la que se muestra contrario— conlleva un 'efecto perverso'.
Sobre esto mismo, según se refleja en el artículo, se pronunció también el Tribunal Supremo, ya que se puede dar el encierro de la mujer en su entorno familiar. En algunos casos, si no lleva burka o Licab, puede no permitírsele salir a la calle.
Según la dirección del partido, tal cuestión debería excluirse del debate, porque "eso en España tiene una denominación y se llama secuestro, y es un delito que ya está tipificado y castigado. No podemos entrar en eso".
Una mujer llevando un burka.
En cualquier caso, desde la cúpula aluden también a la responsabilidad social ante la pregunta de quién va a denunciar en esa situación, ya que la mujer que se queda en casa no tiene prácticamente herramientas para hacerlo.
"Podría hacerlo un centro escolar, en el caso de que se trate de un menor; algún lugar de atención primaria o incluso los vecinos", expresan.
La experta en Historia de la Moda, Ana Velasco, comenta que, a pesar de ver en esta medida aristas positivas, también la observa, como todos los temas que se tratan últimamente en política, con un cariz partidista.
"Es una baza para sacar votos e instrumentalizar el miedo. No les preocupan las ciudadanas tras las prendas", expresa, a la par que dice que estos debates siempre aportan, sobre todo cuando no se trata de una cuestión importada y "lo tenemos en Ceuta y Melilla".
Objeto de moda
Adquirir un burka es tan sencillo —a pesar de las implicaciones que tiene— como colarse en Etsy. Al entrar en el enlace que se abre en la pestaña de este ordenador, la página web anuncia que aún hay cinco disponibles ¡y uno en un carrito!
¿Quiere decir esto que este tipo de prendas se han convertido en un objeto de deseo en moda? Según Ana Velasco, el significado de las mismas no cambia al acceder a un mercado global. La clave, comenta, está en que ahora son más accesibles y es algo necesario debido a las migraciones en espacios occidentalizados.
"De todos modos, la ropa nunca es sólo ropa. Esconde conceptos políticos y de moralidad. En este caso se ve más claro porque es algo que resulta ajeno a nuestra tradición", añade la profesional.
Desde Afroféminas indican que cuando una prenda la lleva la mujer musulmana racializada, puede ser leída como amenaza. "Cuando se reinterpreta por el mercado global —despojada de su contexto religioso y cultural— puede convertirse en tendencia o exotismo chic", inciden.
De acuerdo a la organización, el capitalismo racial convierte en mercancía aquello que estigmatiza determinados cuerpos. "No es la prenda lo que molesta, es quien la lleva. El mercado puede 'estetizar' la diferencia; el Estado puede criminalizarla. La libertad de las mujeres no puede construirse sobre la exclusión de otras", señalan.
En tiempos de moda modesta, donde el minimalismo, la rebeldía y la fe se alían dando lugar a nuevas tendencias que atienden a las necesidades estéticas de la fe, tan en auge hoy en día, Jésica lo tiene claro.
Comenta que ella no lo percibe como un accesorio como tal. "También hay cristianas que lo llevan, pero de forma distinta a nosotras. Pienso que cualquier mujer lo puede llevar, pero cada persona sabe lo que hay en su corazón y tras su intención", explica.
Por último, Jésica hace un inciso clave: "Sí que me ofendería que alguien lo llevara por 'moda' cuando se nos ha estado masacrando con el tema del hiyab".
El debate que hoy ha llegado al Congreso no es nuevo, pero sí vuelve a situar en primer plano una pregunta incómoda: qué se protege realmente cuando se legisla sobre el cuerpo de las mujeres.
Entre argumentos de seguridad, referencias a precedentes fallidos y advertencias sobre posibles 'efectos perversos', la discusión oscila entre la dignidad, la libertad religiosa, la igualdad y el riesgo de estigmatización.
Las voces consultadas coinciden en algo esencial: no existe una única experiencia ni una única lectura del velo integral. Para unas, simboliza opresión; para otras, convicción personal o contexto cultural. Prohibirlo puede entenderse como garantía de derechos o como una restricción más. Permitirlo, como respeto a la diversidad o como renuncia a combatir estructuras patriarcales.
En medio de este pulso político y judicial, quizá la cuestión de fondo no sea sólo qué prenda se lleva, sino cómo asegurar que cualquier decisión sitúe, sin instrumentalizarlas, a las mujeres —todas— en el centro.
