Elena Pérez
Publicada

El domingo, 1 de febrero, Irán publicó los nombres de 2.986 personas que murieron durante las protestas que estallaron por todo el país desde finales del mes pasado. En la lista, que no distingue de edades ni sexo, pueden leerse muchos femeninos como Maryam, Sara, Zahra, Zeynab, Parisa, Mahsa, Ziba, Somayeh, Nargess, Khadijeh, Mina...

Se cuentan por decenas y pertenecen a algunas de las mujeres que han perdido la vida en los disturbios que han marcado un punto de inflexión en la historia de la República Islámica. Alimentados por la caída del rial y la espiral inflacionaria a la que se enfrentaba el Estado, dieron lugar a un movimiento nacional que exigía el derrocamiento del régimen.

Aunque las autoridades han hecho público este documento en un comunicado emitido por la oficina del presidente Masoud Pezeshkian, las organizaciones de derechos humanos no están de acuerdo con las cifras: la Human Rights Activists News Agency, oenegé iraní en el exilio, cuantifica al menos 6.842 muertes, a las que se suman 11.280 bajo investigación.

A las denuncias de muertes y detenciones arbitrarias se suma que el 8 de enero el Gobierno bloqueó casi totalmente el acceso a internet a los 92 millones de habitantes del país. La conexión se recupera poco a poco, pero persiste el control férreo sobre qué contenidos, cómo, cuándo y con quién se comparten. Mientras tanto, el resto del planeta observa consternado.

Ese apagón informativo no ha impedido, sin embargo, que algunos testimonios aislados hayan logrado atravesar fronteras. A mediados de enero, uno de ellos se hizo viral tras ser compartido por la periodista Almudena Ariza: una conversación telefónica entre una madre que se encontraba en Irán y su hija.

La mujer habla entre sollozos. "No llores, mi vida. Han matado a 12.000 personas. No salimos de casa, hemos huido", dice. Advierte de que los teléfonos están controlados, de que no pueden hablar, de que "todo es muy aterrador, muy, muy aterrador". Describe ejecuciones con ametralladoras pesadas, el uso de armas militares, calles vacías y comercios cerrados.

Mientras su hija le suplica que no cuelgue, la madre insiste en el peligro de permanecer en línea. "Si hablo vienen por nosotros, cariño. Tengo 70 años, no tengo fuerza de resistir. No tengo opción. Sólo quería escuchar tu voz y decirte que seguimos vivos". Habla de la ley marcial, del miedo a salir de casa, de una vigilancia constante que convierte cualquier movimiento en una amenaza.

El audio, breve y sin imágenes, se convirtió en uno de los documentos más compartidos de aquellas semanas porque ponía voz —una voz anónima y quebrada— a lo que las cifras no alcanzan a explicar: el miedo cotidiano, el aislamiento forzado y la sensación de vivir bajo una amenaza permanente.

Fotografía de una chica quemando una imagen del líder supremo. Neil Hall EFE

"La situación de los DDHH en Irán ha sido grave durante años, en particular por el ritmo espantoso de las ejecuciones y la detención de defensores de los derechos humanos, pero ahora estamos siendo testigos de una magnitud diferente", expresó el pasado 20 de enero Kaja Kallas, Alta Representante para asuntos exteriores de la Unión Europea.

La jefa de la diplomacia defendió que "los ciudadanos luchan por un futuro autodeterminado y lo arriesgan todo para ser escuchados" y abrió la puerta a aumentar las sanciones contra los ayatolás. El Gobierno español, por su parte, exigió el cese "inmediato" de la represión y de las restricciones a la libertad de expresión en el país del golfo Pérsico.

A la presión institucional se suma el seguimiento de medios que han documentado la situación y sus efectos sobre la población civil. En ese marco, y a fin de ampliar su visibilidad, Magas lanza la campaña With You #IranianWomen, en apoyo a la lucha y resiliencia de las mujeres del país en un contexto marcado por la violencia, el duelo y la pérdida de derechos.

Años de resistencia al régimen

A pesar de la reciente escalada, la crisis que atraviesa el país no es nueva. Irán es uno de los regímenes más restrictivos del mundo, caracterizado por la censura severa de internet, la vigilancia estatal, la supresión de libertades civiles, sociales y políticas y la imposición de normas estrictas de vestimenta que inciden especial y severamente sobre la población femenina.

Este cóctel de autoritarismo forma parte de la realidad de las iraníes desde 1979, agravado por campañas represivas como el Plan Noor, lanzado en abril de 2024, con el objetivo de reforzar las patrullas encargadas de vigilar el cumplimiento del velo obligatorio, contemplando persecuciones y castigos que equivalen a latigazos y otras torturas.

Las autoridades han convertido la pena de muerte en su principal aliada contra aquellos que defiendan los derechos de las mujeres y han intensificado su control sobre las mismas desde que, en 2022, la muerte de Mahsa Amini —mientras estaba bajo custodia policial por llevar el velo colocado incorrectamente— desató el movimiento Mujer, Vida, Libertad.

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Desde el levantamiento, el régimen ha ejecutado arbitrariamente al menos a 11 personas por su participación en estas protestas, con decenas más en riesgo inminente de ejecución. Entre las activistas en el corredor están Pakhshan Azizi, Verisheh Moradi y Sharifeh Mohammadi. Amnistía Internacional lleva meses defendiendo que se anulen sus penas.

Irán está entre los 55 países que mantienen este tipo de condena en sus legislaciones. Las autoridades han aumentado el uso de la pena máxima a lo largo de los años y, pese a las reticencias del régimen a ofrecer datos oficiales, diversas organizaciones alertan de que 2025 fue el año más mortífero para las mujeres condenadas de los últimos 15 años.

Según el Cornell Center on the Death Penalty Worldwide, el año pasado fueron ejecutadas 2.022 personas, de las cuales al menos 47 tenían nombre femenino. El observatorio iraní Human Rights Activists (HRA/HRANA) documenta 59 casos; el Iran Human Rights Monitor eleva el número a 61, y el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán habla de 64.

De acuerdo con los informes proporcionados por el Comité de Mujeres del Consejo Nacional de Resistencia de Irán (WNCRI), en el primer mes de 2026 fueron ejecutadas cinco mujeres: Tayyebeh Hekmat, Soheila Azizi, Akram Rezaei, Kimia Khani y Leila Judaki, esta última ahorcada el 25 de enero en la prisión de Qom.

Desde Amnistía Internacional, María Baeza, experta sobre el país, insiste en la necesidad de no perder de vista los casos de muertes sobre el asfalto que el Gobierno anuncia con cuentagotas. Según la oenegé Hengaw, con sede en Noruega, el número de confirmadas como asesinadas en los disturbios asciende a 50, con desapariciones aún por investigar.

En la lista facilitada por la oficina del presidente Masoud Pezeshkian, la mayoría de los nombres corresponden a hombres. Un dato que, leído en clave social, apunta a una consecuencia menos visible de la represión: la posibilidad de que miles de mujeres hayan quedado viudas.

En un país donde la edad media de matrimonio se sitúa en torno a los 28 a 30 años, pero donde está legalmente permitido desde edades tempranas, la muerte de tantos manifestantes varones podría haber dejado tras de sí hogares rotos, con madres solas al frente de familias y niños en un sistema que restringe severamente su autonomía económica, legal y social.

El grito femenino en Irán

En la Constitución, los derechos de las mujeres están subordinados a los "criterios islámicos", un concepto ambiguo que permite a las autoridades legislar y actuar con un alto grado de discrecionalidad. En la práctica, enfrentan desigualdades en ámbitos diversos, desde el activismo en las calles hasta su vida en el hogar.

La edad de responsabilidad penal, el matrimonio infantil, el acceso al divorcio, la custodia de los hijos o la libertad de movimiento son algunos ejemplos de ello. Y, si se amplía la radiografía de la censura, esta llega incluso a las artistas: tienen prohibido cantar en público desde 1979, cuando el ayatolá Ruhollah Jomeiní calificó la música como el "opio de la sociedad".

En ese contexto, la participación femenina en las protestas tiene un coste añadido. "Ellas se exponen a todo lo que se exponen los hombres —violencia física, detenciones arbitrarias— además del riesgo adicional de las agresiones sexuales y la humillación sistemática", advierte Baeza desde Amnistía Internacional.

Mujeres iraníes caminando en una calle de Teherán, a 19 de enero de 2026. Majid Asgaripour/WANA (West Asia News Agency) vía Reuters

La especialista en Irán detalla que, en los últimos meses, la organización ha documentado confesiones de mujeres y niñas "obtenidas bajo coacción", en las que reconocen delitos contra el Estado. "Somos conocedores incluso del caso de una niña de 16 años que admitió en una grabación haber liderado disturbios contra el Estado", lamenta.

With You #IranianWomen

En un momento marcado por la violencia, el silencio informativo y la falta de rendición de cuentas, Magas, la revista femenina de EL ESPAÑOL, ha querido alzar la voz. Desde hace años, sigue la situación de las iraníes y ha acompañado informativamente las protestas que, desde hace cuatro años, han situado sus derechos en el centro del debate internacional.

Frente a la represión en Irán, mujeres líderes y creadoras alzan la voz con Magas: 'With You #IranianWomen'

Como muestra de apoyo y solidaridad, el vertical lanza la campaña With You #IranianWomen, una iniciativa simbólica que busca visibilizar a la que resisten dentro y fuera del país, así como a aquellas que han perdido a sus parejas, a sus seres queridos o su libertad en el contexto de la represión.

En el vídeo publicado en este periódico y difundido a través de redes sociales, figuras conocidas de sectores diversos aparecen vestidas de blanco —el color del luto en Irán— mostrando el lema de la campaña. Un gesto sencillo y deliberado que apela al duelo colectivo, a la memoria y a la necesidad de no apartar la mirada.

La iniciativa ha sido respaldada por profesionales del ámbito de la cultura, el periodismo, la divulgación, la justicia, la política y el activismo, como la creadora de contenido gastronómico Anna Terés; la actriz y directora teatral Cristina Higueras; la vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle, Cruz Sánchez de Lara; la presidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, Esther Esteban; y la directora de ENCLAVE ODS Charo Izquierdo

También se han sumado la periodista Irene Villa; Lara Ferreiro, psicóloga; la actriz Lidia San José; la cineasta y activista Mabel Lozano; la galerista María Porto; la magistrada María Tardón; la divulgadora Marian García; la periodista y escritora Marta Robles; la política Núria Parlon; y la diseñadora al frente de su firma Pilar Dalbat.

Igualmente, aparecen la modelo y presentadora Remedios Cervantes; la periodista Sandra Golpe; la abogada Teresa Arsuaga; la diseñadora y CEO de Coosy Virginia Pozo, la directora de Magas Ana Núñez-Milara, la redactora jefa de Magas Aránzazu García; la adjunta a la editora, María Ubago; Cristina Sobrino, Maite Torrente, Puri Beltrán, Elena Pérez y Tania Franco, periodistas de este vertical. 

Desde hoy, el lema podrá replicarse a través de hashtags para sumarse a este gesto colectivo de apoyo a las mujeres iraníes. Magas Is With You #IranianWomen.