"El semen me entró en los ojos, y por la nariz. Me atraganté, estuve a punto de vomitar varias veces, pero Lucí me hacía gestos para que continuase (...) Yo quería parar... el gesto de mi mano era claro". Este dramático testimonio no es más que una pincelada de la explotación que sufren las "actrices" porno. La mayoría, lejos de la leyenda urbana que hay, son explotadas contra su voluntad y la mayoría no sólo no llegan a ser estrellas sino que acaban sufriendo explotación sexual, laboral y extorsión con consecuencias posteriores muy graves.

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Portada del libro 'PornoXplotación'.

"Si te portas bien, sólo promocionaremos la escena que acabas de grabar en el extranjero. Si te pones muy tonta, la subiremos a Internet y mañana toda España verá que ha nacido una estrella". Esta es una amenaza real de un productor, explotador, violador y distribuidor de cintas porno que aparece en el nuevo libro de Mabel Lozano y Pablo J. Conellie 'PornoXplotacion' (Editorial Alrevés) a través del testimonio de una de las mujeres a las que utilizaba en sus cintas.

"El porno que conocíamos hace años, el del Plus y las revistas, ya no existe. El porno, hoy en día, es así de brutal y de real. Porque lo que quieren los usuarios es esa realidad que se graba con las webcam y el porno en vivo. El medio digital ha propiciado que esto ocurriera", explica la autora que ha recogido en su libro "testimonios reales" de las consecuencias de este mundo oscuro "que deja víctimas de un lado y de otro de la pantalla".

Bukkake

El testimonio que abre el libro es el de una chica de pueblo que acaba en la ciudad presentándose a un casting de talleres de seducción por idea de su "novio". Secuestrada y explotada, sus experiencias más nauseabundas son en un bukkake (un subgénero del porno en el que decenas de hombres hacen cola para recibir una felación por parte de una única mujer arrodillada que tiene que acabar bebiéndose el semen de todos).

"Cuando se terminaba, las chicas acabábamos todas malísimas, con vómitos, diarrea, dolor de tripa... Era nauseabundo", narra Diana, nombre falso de una historia de sufrimiento y violación real, no como lo que se trata de vender en las cintas.

"A mí lo que me sorprende son los hombres. Las actrices bukkakeras, como las llaman, acaban malísimas y no quieren estar. Pero ¿y los hombres? Estar ahí en cola con 30 o 40 más para humillar de esa manera a una mujer. Tiene que ver más con el poder que con el placer. ¿Qué hacen ahí? Es un ejercicio de humillación absoluta", insiste la escritora.

Conforme se avanza en las páginas del libro, es difícil creer que puede haber un porno voluntario por parte de las actrices. "Se habla del porno feminista, pero ¿dónde está? Abres las grandes plataformas mundiales de pornografía, como Pornhub, la más grande del mundo, y no ves ese porno feminista".

Lozano advierte de que "el porno que se está consumiendo no tiene nada que ver con el feminismo, ni con la igualdad ni con el respeto... Al revés, tiene que ver con un negocio bastante turbio y poderoso. El que ven los chavales es un porno durísimo, muy agresivo, sexo en vivo y porno real a través de webcam".

El principal problema que tiene la pornografía es que, en cierto sentido, está socialmente aceptada "porque tiene un paraguas enorme que se llama 'entretenimiento para adultos' y eso le da una patina que lo diferencia mucho de la prostitución". Por eso, el libro trata de poner el punto de atención en lo que llaman las cinco "áes": "Es accesible, asequible, anónimo, aceptado y agresivo, lo que facilita el proceso adictivo mucho más".

De hecho, también recogen las consecuencias destructivas que esa adicción provoca en muchos consumidores del porno y que les acaba rompiendo todas sus conexiones vitales: familia, amigos, trabajo, entorno... "Cuando hablamos de pornografía hablamos también de adicción, igual que con la cocaína o el alcohol, como una droga, pero que tiene efectos adictivos con menos exposiciones. Y de eso no se habla, del impacto que va a tener en la cabeza de nuestros jóvenes".

Millones de contenidos

Uno de los capítulos, quizás de esos que te tocan muy de cerca, cuenta el caso de una menor, Paula, española, de una familia estructurada, que acabó en un programa de testigos protegidos por un vídeo y un pederasta. De nuevo un vídeo subido de tono, que una niña cree que no va a salir de esas dos personas, y acaba en el ranking de imágenes porno más vistas. 

Mabel Lozano.

"Hay que hablar de las TIC (Técnicas de Información y Comunicación) con las menores: Whatsapp, Instagram, Tiktok... Las jóvenes suben vídeos de postureo, a veces con tanga, en bikinis y luego pueden aparecer en Pornhub. Una vez que los pones en línea, jamás los puedes recuperar. Y luego sufren sextorsión, ciberacoso y grooming. Todo eso está relacionado con la pornografía porque muchos vídeos vienen de ahí", reconoce.

Ese es el problema real ahora mismo del porno: "Es un negocio poderosísimo que necesita millones de contenidos al día. ¿De dónde sale? Se está fomentando el porno amateur porque necesitan captar a jovencitas que lleguen ahí. Necesitan carne fresca y potencian mucho el sexo en vivo".

Por eso, Mabel Lozano pone el foco, incluso con estos casos desgarradores, en la educación: "Prohibir es muy difícil porque incentiva. Lo que hay que hacer es educar a tu hijo en relaciones afectivos-sexuales sanas. Y esto que no suene a mojigatería. El sexo va de placer, no de poder. Y la pornografía va de poder y de dinero y tenemos que crear un pensamiento crítico en nuestros jóvenes".

Es evidente que la pornografía que se consume masivamente es violentísima y, como advierte Lozano, "no encuentras en ningún lugar que ponga que esa escena que ves está consentida por ambos actores, que son mayores de edad, que está permitido... no viene en ningún lado". "Pornhub tiene montones de denuncias por vídeos que reproducen violaciones a menores, y están ahí alojados".

¿Qué hacemos con este negocio oscuro que mueve millones y millones de euros a costa de la explotación sexual de la mujer? "Dicen que no se puede poner puertas al campo y yo, siempre digo lo mismo, en mi pueblo hay vacas y tienen cercado. A la pornografía le pasa lo mismo que a la prostitución, que es alegal, pero muchos contenidos están hechos de una manera ilícita, y no hay una regulación".