Con la llegada del invierno y el descenso generalizado de las temperaturas, no solo las personas ven incrementado el riesgo de sufrir resfriados o gripes.
Los gatos, tanto los que viven en el interior de los hogares como aquellos que tienen acceso al exterior, también pueden verse afectados por infecciones respiratorias leves asociadas al frío.
Y es que los expertos advierten de que durante esta época del año se dan una serie de condiciones ambientales y biológicas que favorecen la aparición y propagación del denominado resfriado felino.
Uno de los factores clave es el entorno. En los meses fríos, el aire tiende a ser más seco, lo que influye directamente en la forma en que se transmiten los patógenos.
Las gotículas que se expulsan al estornudar permanecen suspendidas en el aire durante más tiempo que en condiciones de mayor humedad, lo que aumenta las probabilidades de contagio entre animales que comparten espacio.
Este fenómeno resulta especialmente relevante en hogares con más de un gato o en colonias felinas, donde el contacto es frecuente.
Gato enfermo con secreción.
A este componente ambiental se suma una respuesta biológica propia del organismo del gato frente al frío. Las bajas temperaturas afectan al aparato respiratorio, provocando que las células encargadas de la defensa se vuelvan menos activas.
Los expertos describen este estado como si dichas células estuvieran "adormecidas", lo que se traduce en una disminución de las defensas naturales. Como consecuencia, el sistema inmunitario del animal se muestra menos eficaz a la hora de combatir virus y otros agentes infecciosos.
Ante este escenario, los especialistas coinciden en la importancia de la prevención como principal herramienta para reducir el riesgo de resfriados en gatos.
Cómo evitar el resfriado
Una de las recomendaciones básicas es evitar los cambios bruscos de temperatura. Someter al animal a transiciones repentinas, como pasar de un ambiente muy cálido a otro frío, puede debilitar aún más su respuesta inmunológica.
Mantener una temperatura estable en el hogar y evitar corrientes de aire directas son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia.
Otra pauta preventiva está relacionada con el control del acceso al exterior. Aunque muchos gatos disfrutan observando o saliendo a ventanas, balcones o patios, durante el invierno se aconseja limitar estas salidas a las horas centrales del día, cuando la temperatura es más templada.
De este modo, se reduce la exposición al frío intenso de primeras horas de la mañana o al anochecer, momentos en los que el riesgo para el aparato respiratorio es mayor.
Más allá de estas medidas básicas, los expertos señalan que el resfriado felino es una afección con múltiples dimensiones. Existen virus específicos que pueden estar implicados y que, en determinados contextos, pueden generar dudas sobre su posible transmisión a las personas.
