Raquel Nogueira
Publicada

Acariciar a un perro puede parecer simple e intuitivo, pero investigaciones recientes en comportamiento canino y veterinaria revelan que no todas las caricias son iguales ni resultan placenteras para las mascotas.

Reconocer sus señales de consentimiento es, por tanto, fundamental para el bienestar tanto del animal como del humano que lo acompaña.

Y aunque cada perro sea un mundo, hay estudios que identifican patrones generales en el ancestral arte de acariciar. Las zonas donde la mayoría de los perros disfrutan recibir caricias incluyen detrás de las orejas, el pecho, el cuello, la barbilla y la parte superior del lomo. En ellas, el contacto tiende a generar estados de calma y relajación.

Por el contrario, zonas como las patas, la cola, el hocico o la parte superior de la cabeza suelen generar incomodidad o estrés. "En general, es una buena idea evitar acariciar o agarrar la cola, los pies, las piernas, la cabeza y las orejas de un perro", explica la veterinaria Rachel Salant en un artículo publicado en Reader's Digest.

Estas partes del cuerpo, indica, contienen numerosas terminaciones nerviosas y estructuras sensibles que pueden causar malestar cuando se manipulan.

Y luego está la barriga, que es un caso especial: aunque muchos perros disfrutan las caricias abdominales, exponerla requiere un alto nivel de confianza, ya que constituye una zona vulnerable donde se alojan órganos vitales.

Consentimiento canino

Uno de los aspectos más relevantes que destacan los veterinarios es la necesidad de obtener el consentimiento del perro antes de acariciarlo. Es decir, no te abalances sobre él sin más.

Para saber si el can quiere caricias tuyas puedes empezar tocándolo durante unos segundos, luego retiras la mano y observas su reacción. Si el perro vuelve a buscar el contacto, se acerca o recoloca su cuerpo para continuar, está indicando que desea más caricias. Si se aleja, permanece inmóvil o evita el contacto visual, prefiere que la interacción termine.

Los expertos en comportamiento animal enfatizan que respetar estas señales fortalece la confianza y reduce el riesgo de reacciones negativas. Un perro que disfruta las caricias muestra un lenguaje corporal relajado, con músculos faciales y corporales sueltos, boca abierta y, en ocasiones, se apoya contra la persona o solicita más contacto mediante pequeños empujones.

SOS estrés

Reconocer las señales de incomodidad es crucial para evitar situaciones de estrés. Entre los indicadores más comunes se encuentran: girar la cabeza, lamerse los labios repetidamente, bostezar, aplanar las orejas, tensar el cuerpo, evitar el contacto visual o alejarse físicamente.

Un estudio publicado en Applied Animal Behaviour Science revela que el 81,6% de los perros muestran signos de incomodidad al ser abrazados, y lo hacen manifestando conductas como lamido de labios, orejas hacia atrás y desvío de la mirada.

Los investigadores destacan que muchos propietarios no reconocen estas señales sutiles y asumen erróneamente que sus perros disfrutan de interacciones que en realidad les generan malestar.

¿Y si no conoces al perro?

Los especialistas en comportamiento canino recomiendan una serie de pasos para saludar adecuadamente a un perro que no se conoce. En primer lugar, siempre debes solicitar permiso al propietario —no todos los perros reaccionan bien a los extraños, y su humano lo sabrá—. A continuación, conviene acercarse de forma lateral, nunca de frente, evitando el contacto visual directo, que puede interpretarse como una amenaza.

​Si extiendes la mano con la palma hacia abajo, por debajo del hocico del animal, y permites que te olfatee antes de iniciar cualquier caricia, el perro te mostrará (o no) señales de relajación. Ese es el momento en el que puedes iniciar la sesión de mimos en el cuello o la barbilla, siempre sin movimientos bruscos y sin intentar tocarle la cabeza desde arriba.