"Manejo el idioma gatuno a la perfección y existen varios estudios que avalan esta tesis", afirma la educadora felina Laura Camón en un vídeo de Instagram, condensando en una frase una intuición muy extendida entre quienes conviven con gatos.
Aunque el llamado "idioma gatuno" no es un idioma formal como el español o el inglés, sí se ha demostrado que nuestros felinos domésticos son especialmente sensibles al tono de voz, la melodía y la forma en que les hablamos, sobre todo cuando se trata de su humano de referencia.
En los últimos años, investigaciones en etología y cognición animal han empezado a respaldar científicamente esta idea, mostrando que los felinos reaccionan con mayor intensidad cuando escuchan una voz más aguda y afectuosa dirigida específicamente a su persona.
La ciencia detrás del "idioma gatuno"
Los trabajos de la etóloga Charlotte de Mouzon y su equipo, en la Université Paris Nanterre, han puesto nombre y datos a lo que muchos cuidadores observaban en casa: la "habla dirigida al gato" (cat‑directed speech).
Este término describe ese registro vocal más agudo, melódico y afectuoso que las personas utilizamos de forma casi automática cuando nos dirigimos a nuestro animal, y que los gatos parecen reconocer como algo hecho a su medida.
En un estudio publicado en la revista Animal Cognition, de Mouzon analizó cómo respondían 16 gatos de interior a distintas grabaciones de voces humanas, comparando el habla normal entre adultos con el habla específicamente dirigida a ellos.
El resultado fue claro: los felinos no solo distinguían entre la voz de su tutor y la de un desconocido, sino que también reaccionaban con más intensidad cuando su cuidador les hablaba en ese tono "gatuno" agudo y cariñoso, frente a un tono neutro de adulto.
Una voz tierna, pero no de cualquiera
Sin embargo, revelaron que el "baby talk felino" solo parece tener pleno efecto cuando procede de la figura de apego del gato.
Cuando era un desconocido quien cambiaba de un tono adulto a un tono "para gato", los animales no mostraban un incremento sistemático en su respuesta, como si esa melodía afectuosa careciera de significado sin el vínculo previo que da contexto a esas palabras.
Los autores concluyen que los felinos son capaces de discriminar el habla específicamente dirigida a ellos del habla dirigida a humanos adultos, pero únicamente cuando las frases las pronuncia su propio cuidador.
Esta sensibilidad es similar en cierto modo a la que muestran los bebés humanos ante la voz de sus progenitores. La comunicación vocal entre gatos y personas se construye sobre una relación individual, en la que cada uno desarrolla su propio "dialecto emocional".
Un vínculo único
En la práctica, todo esto refuerza la idea de que el "idioma gatuno" del que habla Laura Camón no es un conjunto de palabras mágicas, sino un estilo vocal cargado de emoción, repetición y coherencia en el día a día.
Hablar a tu animal con una voz más suave, ligeramente más aguda y con una entonación marcada contribuye a que identifique ese registro como una señal clara de atención y cuidado.
Lejos de ser una excentricidad, esa manera de dirigirnos a ellos se ha convertido en un elemento central del vínculo que creamos con nuestros felinos. Un código compartido en el que nuestras palabras importan menos que cómo las decimos y quién las pronuncia.
Y es precisamente en ese cruce entre intuición cotidiana y evidencia científica donde el humor del "idioma gatuno" se convierte, poco a poco, en un objeto serio de estudio.
