"He vivido muchos años en Nizamuddin, un barrio con raíces en los siglos XII y XIII", cuenta la escritora Nilanjana S. Roy (India, 1971) en una entrevista con Mascotario.
"A pesar de las amenazas del tráfico, de los humanos y de otros depredadores, el dargah de Hazrat Nizamuddin, con 700 años de antigüedad, siempre ha sido un refugio para clanes de gatos".
Hace veinte años Delhi era una ciudad más amable para estos animales: cuando las casas tenían solo dos o tres plantas, los gatos eran más libres de explorar los alrededores. Saltaban por las azoteas como pequeños monarcas de la noche, recuerda Nilanjana.
Era casi natural que la siguieran hasta casa y que acabaran instalándose también en las páginas de su nuevo libro, Los gatos del corazón de ámbar (Duomo, 2025). "Encontraron un lugar cómodo donde acurrucarse y hacerlo suyo".
Mara, Miao, Katar
Libres e indómitos, los protagonistas de esta historia no temen a nadie. Miao, Katar, Hulo y Beraal forman parte del pequeño clan que gobierna un barrio periférico de Delhi.
Su mundo cambia cuando encuentran a Mara, una gatita doméstica de pelaje ámbar y ojos verdes, dotada de poderes extraordinarios que desencadenan una profecía ancestral. "La Mara original era inquisitiva, inteligente y curiosa", cuenta la escritora: fue su primera gata.
Portada de "Los gatos de corazón de ambar"
Aunque era una gata de interior, se hizo amiga de muchos felinos de la calle y juntos convirtieron los balcones en un "lugar de reunión". Así fue como Nilanjana empezó a recorrer con ellos los barrios de la ciudad.
"A través de sus ojos, al anochecer y durante la noche, surgía otro reino, donde machos y hembras deambulaban a sus anchas, y me preguntaba si no habrían estado siempre allí, formando parte de la ciudad y de Nizamuddin".
Su mundo era sorprendentemente inclusivo: los gatos acechaban y cazaban aves, pero también establecían treguas, incluso algo parecido a la amistad, con las kites negras y pardas, los zarceros, las ardillas, los murciélagos y otros animales.
Eran gatos con corazones de ámbar, brillantes. "Estaban iluminados por un fuego interior constante, una mezcla de fuerza, valentía y optimismo que te impulsa hacia adelante".
La libertad salvaje
En estas criaturas, la escritora reconoció la tensión entre preservar el yo salvaje y encontrar un lugar seguro donde descansar, y quiso escribir sobre ella. "Quienes son libres a menudo desean un refugio frente al daño; quienes temen los muchos peligros del mundo exterior suelen seguir deseando vagar y explorar sin miedo".
A su juicio, los animales son más honestos que nosotros y expresan esos impulsos contradictorios sin complicaciones. Mara es una gata de interior que carga con las cicatrices de una experiencia infantil de violencia y pérdida.
Su miedo la mantiene atrapada durante un tiempo, y sin embargo hay algo en el enorme mundo exterior que la llama. "Quizá habla por todos los que luchan con la ansiedad, o se ven frenados por el miedo, y que encontrarán otro tipo de libertad y compañía si se atreven a arriesgar más".
El miedo acrecentado al extraño
En los trece años transcurridos desde que Los gatos del corazón de ámbar se publicó por primera vez, Nilanjana ha identificado en su propio libro una historia que también nos pertenece.
"Parece que muchas naciones humanas sufren un miedo acrecentado al extraño, una paranoia creciente en torno a quién pertenece y quién es visto como intruso. Y, sin embargo, como también aprende el clan, los extraños traen consigo nuevas formas de ser y un sinfín de otros dones".
Algo que aprendió de los animales callejeros en Delhi y en la India es la frecuencia con la que se hacen sitio unos a otros, sin importar la especie. Libran batallas territoriales, sí, pero hay muchos más lazos estrechos de lo que imaginamos.
El mundo felino
Roy tradujo lo que simbolizaban los gatos y volcó todo ese conocimiento en este libro. Se interesó por la comunicación felina —sutil, casi subterránea, profundamente corporal— y la convirtió en materia literaria. Se permitió algunas libertades: juegos de palabras, chistes, y hasta voces o "dialectos" propios para cada especie.
La libertad frente al encierro se convirtió en un tema recurrente. "La vida de los animales en las ciudades suele ser solo tan libre como los humanos les permiten ser", afirma.
E insiste: "Incluso en países como España, donde hay un encendido debate sobre el estatus protegido de los lobos". Cuando terminó de escribir el libro, la situación ya estaba cambiando.
"Estábamos presenciando el comienzo de la crisis de contaminación que pronto se apoderaría de todo el norte de la India, y la fiebre constructora que culminaría en la destrucción de bosques enteros, humedales y cordilleras en la década de 2020 en aras del beneficio y la codicia".
La degradación ambiental
Según Nilanjana, este cambio climático y la degradación ambiental tienen un efecto profundo y terrible sobre la vida de los animales que deben habitar ciudades humanas, respirar aire tóxico y beber agua envenenada.
De hecho, parte de Los gatos y del siguiente libro, The Hundred Names of Darkness, trata también de esa pérdida de libertad: la libertad de animales y aves para vivir en un mundo no contaminado es algo que les hemos arrebatado.
"No se puede decir a la gente que ame y proteja aquello que no conoce", resume. Para ella, una de las mayores alegrías de escribir ha sido, durante muchos años después, recibir mensajes de lectores que aseguran que el libro les hizo sentir más curiosidad por la vida animal urbana en general.
A ella le ayudó a entrar en el mundo imaginario, en las luchas y victorias de una especie completamente distinta. Esperaba que los lectores pudieran identificarse con Mara, Beraal, Miao y los otros felinos igual que lo hacen con los personajes humanos de cualquier otra novela.
Una dura realidad
"Vivimos una época cruel; los perros callejeros de toda la India afrontan un futuro incierto y espantoso porque, lamentablemente, se han ignorado métodos científicos y humanos para reducir su población".
La escritora es muy consciente de la realidad de los animales urbanos. "Ellos no pidieron nacer y llevan vidas duras, a merced de los elementos y de la violencia humana". La forma en que los miramos —añade— dice mucho de cómo miramos también a migrantes, forasteros y refugiados.
Por eso sueña "con un mundo que aún no existe, un mundo en el que experimentemos una verdadera afinidad entre nosotros y el reino animal, en lugar de colocarnos aparte". Hasta que llegue ese momento, sus gatos de corazón de ámbar nos invitan, al menos, a empezar por mirar mejor a quienes comparten nuestras calles.
