La displasia de cadera es una de las enfermedades osteoarticulares más frecuentes entre los perros, especialmente en razas medianas y grandes como el pastor alemán, el labrador retriever o el rottweiler.
Se trata de una malformación de la articulación coxofemoral —la que une la pelvis con el fémur— que impide que ambos huesos encajen de manera adecuada. Este defecto estructural provoca inestabilidad, dolor y, con el tiempo, un desgaste progresivo del cartílago que puede derivar en artrosis.
Según explica el etólogo y educador canino Hugo Fernández Navarro en un video de Instagram, existen tres signos físicos muy característicos que pueden alertar a los dueños ante la posibilidad de que su perro sufra esta afección.
Un movimiento anormal
El primero de ellos es el movimiento anormal de la cadera hacia los lados, que algunos describen de forma coloquial como un "bamboleo sexy". Aunque a simple vista puede parecer un rasgo simpático o incluso gracioso, en realidad es un motivo de preocupación clínica.
Este tipo de movimiento revela que las caderas del perro no se articulan correctamente y que ambas extremidades posteriores se mueven de manera excesivamente sincronizada, algo que no es natural ni saludable.
El salto del conejo
El segundo signo es un patrón de desplazamiento denominado "correr como un conejo". En lugar de alternar las patas traseras como lo haría un perro sano, el animal las mueve al mismo tiempo, generando un impulso simétrico similar al salto de un conejo.
Este modo de correr no es un capricho, sino una forma de compensación corporal: el perro intenta aliviar la presión sobre las caderas evitando los movimientos que le resultan dolorosos.
El tercer indicador aparece en los momentos de reposo. Si el perro duda al sentarse o termina recostado hacia un lado, puede ser señal de molestia o rigidez articular. Este tipo de comportamiento, especialmente si se repite con frecuencia, merece atención veterinaria inmediata.
Diagnóstico temprano
El especialista insiste en que estos signos no deben ser tomados a la ligera. Subraya que "si estas conductas se presentan de manera sistemática, es probable que exista una patología subyacente".
Un diagnóstico temprano, mediante una exploración física y radiografías, puede marcar la diferencia entre un tratamiento conservador con fisioterapia y suplementos articulares, o la necesidad de una intervención quirúrgica.
Los veterinarios coinciden en que la observación cotidiana del movimiento del perro por parte de sus dueños es clave para detectar precozmente la displasia.
Además, recuerdan que mantener un peso adecuado, realizar actividad física moderada y evitar saltos bruscos son medidas preventivas esenciales para cuidar las articulaciones de los animales de compañía.
