Durante las celebraciones de fin de año, los fuegos artificiales no solo iluminan el cielo: también generan miedo y ansiedad en muchos perros.
Ante esta situación, el educador canino del perfil Instagram Omega ofrece una serie de pautas prácticas para acompañar a los animales durante las horas más críticas y evitar riesgos innecesarios.
El especialista lo deja claro desde el inicio: lo que se propone no son "soluciones mágicas", sino recursos útiles para sobrellevar un momento difícil con empatía y responsabilidad.
La cercanía importa
Si el perro tiene miedo, es fundamental no dejarlo solo. La presencia de su dueño puede marcar la diferencia: transmitir calma y seguridad ayuda al animal a regular su nivel de estrés. "La relación —explica el educador— es una herramienta concreta en estos momentos".
Poner la televisión o música a un volumen moderado pero constante ayuda a enmascarar los ruidos externos. De este modo, el entorno se vuelve más estable y predecible para el perro, reduciendo los sobresaltos causados por los petardos.
Respetar su refugio
Si el perro ha encontrado un lugar donde se siente más tranquilo, no debemos obligarlo a salir de allí. Forzarlo a moverse solo aumentaría su ansiedad. Acompañarlo también significa respetar sus propias estrategias de calma.
Cerrar ventanas, persianas y puertas no solo ayuda a amortiguar el ruido, sino que evita reacciones peligrosas. Cada año se registran casos de perros que, presas del pánico, intentan huir o incluso saltan desde balcones. Tomar precauciones básicas puede salvar vidas.
Anticiparse a los ruidos
Los fuegos artificiales suelen comenzar antes de la medianoche. Por eso, el educador recomienda adelantar el paseo vespertino para regresar a casa antes de que el ambiente se vuelva demasiado caótico.
Nunca deben administrarse fármacos sin supervisión veterinaria. Algunos productos inmovilizan el cuerpo del animal, pero no disminuyen su miedo, lo que puede resultar traumático.
Si el malestar del perro es intenso, lo más recomendable es consultar con un veterinario especializado en comportamiento.
El experto concluye con un mensaje de comprensión y esperanza: "A finales de diciembre solo podemos ofrecer refugio. No es tarde: este es el momento adecuado para empezar a prepararnos. Desde enero, con calma, podremos trabajar en la causa del miedo y no solo en sus efectos."
