El cine de terror ha encontrado un nuevo protagonista en la figura de un leal compañero canino. La película Good Boy está siendo aclamada como el primer filme de horror con un perro como personaje principal.
"Supongo que esta película es una carta de amor a nuestro perro", afirma Ben Leonberg, director de Good Boy, en una entrevista con Mascotario. El joven guionista y cineasta debuta con su primera obra, dedicada a Indie, su fiel compañero.
El perro de ocho años, no es solo la mascota del director, sino también la estrella de la obra audiovisual. "Es mucho más hermoso en la realidad", comenta, señalando una representación en cartón del animal en una sala de un hotel madrileño.
La semilla de una historia única
Leonberg se inspiró en una pregunta que todos los tutores de perros, en el mundo real, nos hemos hecho alguna vez: ¿por qué ladra mi perro en mitad de la noche o por qué mira a la nada?
Ben Leonberg y su perro Indie rodando la pelicula.
La película toma esta idea y la desarrolla para contar una historia desde este punto de vista único. Poltergeist fue su impulso inicial: en 2012 escribió una entrada de diario sobre la idea.
"Esa película empieza con un perro que deambula por la casa, claramente consciente de la presencia de seres. Me pregunté: ¿podría contar una historia completa solo desde esa perspectiva canina?" Aunque Leonberg reconoce que la mayoría de las veces hay una explicación razonable para los ladridos nocturnos, los humanos no podemos evitar imaginar lo peor.
El director confiesa que, aunque nunca ha visto a Indie hacer algo sobrenatural, posee unos supersentidos notables. Tras finalizar el rodaje, visitaron a unos familiares en una casa antigua. Indie se obsesionó con una mesa en la que jamás había estado, mirándola y luego mirando a sus dueños, tal como haría en la película.
Resultó que dentro de un cajón había pelotas de tenis. "Si bien no detecta fantasmas, tiene habilidades que los humanos no poseemos para encontrar sus juguetes favoritos", bromea Leonberg.
De mascota a actor nominado
Cuando tuvo la idea, hace 13 años, pensó que trabajaría con un perro profesional; nunca imaginó que el actor principal sería su propio animal.
"Mientras escribía el guion, un día decidí probar el tipo de realización que se requería. Recreé una escena de El resplandor, pero con Indie en lugar del niño pequeño". Finalmente, grabó un remake plano por plano del clásico del terror con su perro.
Aprendió mucho de ese proyecto y decidió basar el guion en esa experiencia. Comenzó a rodar cortometrajes originales con él, hasta que ganó un premio e Indie fue nominado a mejor actor.
Un rodaje de tres años
"Filmamos durante más de 400 días a lo largo de tres años". La producción de Good Boy fue un proceso extenso, ya que Indie no podía concentrarse durante mucho tiempo. Por eso solo rodaban unas pocas horas al día.
La casa utilizada en la película fue alquilada específicamente y sirvió como hogar y set para la pareja, que la decoró para que pareciera una casa embrujada. "A mi esposa no le gustan las películas de terror, pero esta se convirtió en nuestro proyecto común".
La dirección fue un reto. A Indie nadie le enseñó a actuar. "Aprendimos a hacer una película en torno a él, y su interpretación se revela en la edición". El equipo trató de capturar expresiones reales y genuinas.
Ben Leonberg rodando 'Good Boy'
Leonberg buscaba crear situaciones en las que Indie reaccionara de forma espontánea o con alguna respuesta específica, de modo que la filmación pudiera construir su actuación.
Para lograr los dramáticos primeros planos, en los que el perro parece asustado o concentrado, el director se colocaba detrás de la cámara, haciéndole ruidos graciosos para mantener su atención. "Si se escuchara el audio real, parecería una comedia surrealista".
El truco de la actuación
El director explica que el equipo se centró en obtener expresiones neutras de Indie. Es el montaje, la música de terror y el diseño de sonido los que indican al público cómo sentirse, proyectando sus emociones sobre el perro.
"La audiencia piensa: 'Tengo miedo. El perro debe estar asustado'. Pero no lo está. Es el público quien le atribuye esos sentimientos. Así, la actuación proviene tanto de Indie como del espectador".
Leonberg cree que esta experiencia ha cambiado su forma de ver a los intérpretes: el truco, dice, está en que el impacto emocional viene de nosotros, no de ellos. "Lo mismo ocurre con los animales: no podemos evitar vernos reflejados en ellos".
La película también fue un auténtico rompecabezas. "Cada plano fue diferente al anterior. Hubo mucha resolución de problemas, pero fue divertido y, para Indie, sin duda, era un juego. Él no sabe que está en una película".
Sin embargo, sí sabe lo que es una cámara. Cada vez que su tutor la sacaba, se emocionaba —sabía que algo iba a suceder—, por eso siempre quería estar en la habitación donde estuviera ese "juego".
Los rastros de comida
Trabajar con un perro real presentó varias sorpresas: las escenas que Leonberg pensó que serían complicadas resultaron fáciles, y viceversa. Las más costosas eran los primeros planos dramáticos del rostro de Indie.
Acostumbrado a trabajar con actores humanos, tuvo que ingeniárselas para que el perro permaneciera quieto y mirara en la dirección correcta. En cambio, las tomas con movimiento resultaron aún más difíciles.
Crearon pequeños rastros de migas de comida y la cámara seguía a Indie mientras olía. "La audiencia cree que percibe lo sobrenatural, pero en realidad hay comida en el suelo".
Indie y su figurante de peluche.
Para preparar la película, el equipo investigó sobre entrenamiento canino y percepción animal, consultando libros sobre cómo los perros entienden el mundo, e incorporando el sonido y el olfato a la narración.
Una historia de amor
Good Boy es, en el fondo, una historia de lealtad y amor inquebrantable. Leonberg y su esposa la interpretan como una historia de amor: la de un perro que se encuentra en una situación peligrosa y solo quiere volver con su tutor.
"Es una montaña rusa de emociones, pero espero que ayude a la audiencia a reflexionar sobre nuestra relación con los animales". Después de cuatro años, su vínculo con Indie se ha hecho más fuerte, compartiendo un proyecto juntos.
"No creo que pueda amarlo más de lo que ya lo hago, pero ahora nos conocemos mejor. Pensar el mundo desde perspectivas no humanas podría ser algo bueno".
Usar el cine para ponernos en las patas de un protagonista canino es una aventura única. Leonberg, contento, concluye revelando su única esperanza: "Solo teníamos a Indie y apostamos todo a que esta película viviría o moriría basada en su actuación". Casi 15 años después, está disponible en todas las pantallas.
