La cultura de un lugar está formada por muchos elementos diferentes. Su arte, sus obras arquitectónicas y edificios, su gastronomía, sus costumbres y estilo de vida… Si hablamos de Madrid seguro que rápidamente se te vienen a la cabeza varios de estos símbolos característicos de la capital de España.

En su caso, podrían ser los bocadillos de calamares, los callos a la madrileña, la Puerta del Sol o la Puerta de Alcalá, su bandera roja con estrellas blancas, el oso y el madroño… Seas o no de allí es fácil identificar estos componentes que forman buena parte de la identidad del lugar

Y es que cada uno de estos iconos cuenta con su propia historia, algunas de ellas ya contadas en EL ESPAÑOL, y otras, menos conocidas, de las que hablaremos a continuación. Es el caso del madroño, que aparece como protagonista de una de las estatuas que reinan en la céntrica Puerta del Sol, junto con la figura de un oso de pie y apoyado en dicho árbol. 

La presencia de este vegetal guarda algunas incógnitas, como por qué se eligió el madroño en lugar de otro árbol con más presencia en el territorio madrileño. Una posibilidad es que en el momento que se mandó construir la figura fuese más abundante, e incluso algunos apuntan a que el motivo de su elección es que el nombre se parece, en cierto modo, a la palabra ‘Madrid’.

Pero hoy no nos centraremos en por qué el madroño forma parte de las figuras icónicas de Madrid, iremos más allá. El protagonismo va para el fruto del madroño, que comparte nombre con el mismo árbol del que crece, o mejor dicho, del arbusto de gran tamaño, con nombre científico Arbutus unedo.

Este fruto, de un tamaño parecido al de las cerezas o frambuesas, es redondeado, y con un exterior rugoso, que según va madurando va pasando de color amarillento a un rojo brillante. Es comestible tanto para algunos animales como para los humanos. Su interior, en el punto justo para tomarlo, es blando, dulce, carnoso y algo aguado, además cuenta con unas semillas muy pequeñas que no hace falta retirar. 

Madroños

Por sus atributos se suele utilizar en la cocina para como ingrediente en platos dulces, pues con el madroño se puede hacer mermelada, confitura, gelatina, salsas, e incluso vinagretas para platos salados, así como tomarlo crudo, desechando la corteza, y por ejemplo acompañarlo de queso.

¿Por qué se hace licor de madroño?

Pero, sin duda, una de las características más llamativas del fruto del madroño es que su composición cuenta con un 0,5% de alcohol cuando están muy maduros, pues sus azúcares pasan por un proceso de fermentación natural. Esto lo convierte en el candidato ideal para preparar bebida, y así encontramos el licor de madroño como una de las bebidas más madrileñas, y a la vez, puede que no muy conocida. 

Puede que te preguntes a qué sabe el licor de madroño y, si no lo has probado, te animamos a hacerlo, pues es un trago que no te dejará indiferente. Su sabor es bastante dulce, ya que se elabora con anís o/y orujo dulce, canela, miel y los madroños. Se deja macerar varias semanas y, cuando el líquido ha adquirido un color pardo, se cuela y ya está listo para consumir. 

Además, su creación cuenta con una curiosa historia. El primero en realizar licor de madroño fue el confitero Cruz Palomo a mediados de los años 40. En una antigua entrevista de El País, Cruz Palomo contó que fue una ‘sobredosis’ del fruto de madroño lo que le llevó hasta fabricarlo, pues al acudir al médico por encontrarse mareado, le indicaron que estaba embriagado por tomar dicho alimento. A partir de ahí empezó a elaborar licor de madroño para rellenar bombones y después se produjo embotellado directamente para beberlo. 

Hoy en día su consumo es popular en Madrid, tanto comprando directamente la botella como pidiéndolo en algún bar o restaurante. De hecho, existe un local llamado El Madroño, en el que, entre otros platos típicos de la capital, se puede tomar un chupito de licor de madroño en un vaso de barquillo y chocolate, ¡toda una delicia!