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Las claves

Cuando Fernando Hernández (San Blas, Madrid, 1980) se acercó a un vecindario a explicar su proyecto empresarial, con el fin de minimizar el impacto de las molestias, no era consciente de la respuesta que iba a obtener. Su plan, su niño: levantar un rocódromo. "¿Qué es eso? ¿Un lugar para conciertos de rock?", le respondían. Él, boquiabierto.

El magnesio, los arneses y las ganas: el cóctel definitivo para embarcarte en la escalada. Se agita, y el resultado es esta pasión por las alturas. En 2016, Hernández dio el pistoletazo de salida a Sputnik Climbing, el imperio de los rocódromos en Madrid. Con centros en municipios como Alcobendas, con el que empezó todo; o el de Las Rozas (4.500 m²), su buque insignia, se ha consolidado como un referente en el mundillo de la escalada indoor.

Lo cierto es que Hernández ya tiene un background en el nicho de la escalada. "Trabajé en una empresa de logística. Pero lo que realmente me apasiona son los deportes de montaña. He sido profesor, guía, también tuve una agencia de viajes que ofertaba excursiones a la montaña...", comenta el CEO de Sputnik sobre su pasado a EL ESPAÑOL.

¿Y de dónde viene ese nombre tan particular de Sputnik? Cristalino: "En el argot de la escalada, se suele decir que 'vas como un sputnik', en señal de que vas muy rápido, de que vas muy bien. No queríamos un nombre literario ni heroico".

El CEO de Sputnik, Fernando Hernández, posa para El Español a las puertas de su centro en Chamberí. Rodrigo Mínguez

El escalador considera que es un deporte "individual, pero con su parte de superación", en donde "compites contra ti mismo": "Cada día es un reto, con métodos diferentes". Y zanja el objetivo: "No se trata de mejorar un tiempo, sino de descifrar una serie de retos" en las vías o boulders, las dos modalidades de la escalada en interiores. La primera, con arnés y casco en mayores alturas; la segunda, a pelo, con recorridos más livianos y horizontales.

Fernando explica la odisea de encontrar los lugares adecuados para levantar sus rocódromos. "Es difícil encontrarlos de gran tamaño. Nosotros los transformamos. Cogemos las naves industriales y las reformamos. El de Alcobendas, el primero que abrimos, era una nave llena de cuadros eléctricos", se enorgullece.

Seña de identidad

El centro de escalada ubicado en Vallehermoso, en el distrito madrileño de Chamberí, tiene su seña de identidad. Su duende. Su magia. Como el resto de los rocódromos de Sputnik. Durante la visita de EL ESPAÑOL, Hernández y su equipo de comunicación muestran una pared rosa, con la misma paleta de colores que tiene una mítica churrería del barrio, abierta desde hace más de 60 años.

"Hay guiños a lo castizo. Por ejemplo, en nuestro centro de Legazpi, hay un guiño a lo industrial. Todo con el objetivo de definir el barrio", comentan. Además de sus centros de Chamberí, Legazpi, Las Rozas, Alcobendas y el más lejano en el País Vasco, tienen en cartera otro en Guindalera (zona de Avenida de América), otro en Alcalá de Henares y el último en Asturias.

"Queríamos acercar la escalada a varios distritos, tenemos mucho que aportar en Madrid y conocemos al público. Madrid es una mole de gente", apostilla el jefe.

Recalcan que cada día cambian el recorrido de sus rocódromos. Es decir, todos los días, los escaladores se enfrentan a un rompecabezas diferente al del día anterior. Sputnik, entre la variedad de profesionales de los que dispone como entrenadores, restauradores o arquitectos, cuenta con un equipo de colocadores, encargados de reordenar las piezas de cada pared.

España, paraíso de la roca natural

Hernández se pateó el mundo entero en busca de cómo armar de la mejor forma posible su proyecto montañero. Y la encontró en Estados Unidos. Allí, bebió de su fuente de inspiración, y España respondió: "La cultura social aquí es brutal, con el hecho de crear comunidad".

Una joven escalando en el centro Sputnik de Vallehermoso, en el distrito madrileño de Chamberí. Rodrigo Mínguez

"España es un paraíso de roca natural, la escalada pasó de un deporte para gente hippie que se sube por las paredes a un sector más consolidado. Además, con el oro olímpico de Alberto Ginés nos dio un boom", sostiene Hernández, sobre el empujón que le dio el deportista extremeño al deporte al ganar el metal en los primeros Juegos en los que se introdujo la disciplina.

Fiebre por la escalada

No es un deporte nuevo. Ni mucho menos efímero, y Hernández lo tiene claro: "No creo que la escalada sea un deporte pasajero. Una comunidad tan fuerte como esta no es pasajera. Aquí la gente hace uso de sus abonos, se pasan tres horas al día... incluso algunos con el bono anual vienen 340 días al año. Esta es su casa. Vienen recomendados y se quedan", dice el madrileño.

Con una media de 800 accesos diarios, 50 empleados por centro y 300 trabajadores en plantilla, Hernández ha forjado el imperio de los rocódromos, donde factura unos 13 millones de euros al año. "Hay gente que trabaja en un banco y dice que quiere venir aquí, no por el salario ni nada por el estilo, sino por el ambiente, por el calor que se da aquí", concluye.