Sevilla

El municipio sevillano de La Rinconada puede presumir de ser una referencia mundial. Da cobijo a la planta de Coca-Cola más grande de Europa y al único centro nacional de mantenimiento de aeronaves de Ryanair. Además de una larga lista de empresas, también cuenta con una planta singular: el Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales (Catec).

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El centro tiene un objetivo común: la investigación y la innovación tecnológica. Con la ambición de mejorar la competitividad del sector aeroespacial, unos 60 especialistas y técnicos hacen que se haya convertido en uno de los centros tecnológicos más activos en proyectos de I+D+i nacional y europea.

Lo cuenta con orgullo Antidio Viguria, el director técnico de Aviónica y Sistemas. Abre a Invertia las puertas de Catec y explica cómo su equipo convierte ideas en drones de referencia mundial. “No vendemos ni productos ni servicios. Desarrollamos tecnología, la maduramos y la acercamos al mercado para que se transfiera a las empresas”, explica Viguria.

El director técnico de Aviónica y Sistema de Catec, Antidio Viguria.

Su modus operandi tiene dos vías. Por un lado, que las empresas acudan al centro con una necesidad y, por otro, que el Catec explore de forma independiente conceptos nuevos. “Empezamos con prototipos, pruebas en exteriores y lo mostramos a las empresas” resume el director sobre los proyectos que suelen desarrollarse a lo largo de entre cinco y diez años.

Pese al abanico de ayudas que maduran y ofrecen, la creación de drones se lleva la palma. El centro sevillano es líder en la materia tras haber sido el sitio en el que se dio a luz al primer dron del mundo. Los drones sevillanos creados por Catec buscan mejorar los procesos de fabricación en la aeronáutica pero sin sustituir la mano de obra humana.

El proceso

El primer prototipo se encuentra en las instalaciones sevillanas y, según explica Viguria, tenía como fin coger objetos y manipularlos mientras volaba. El proyecto nació en 2010 y se prolongó hasta 2015, periodo en el que el concepto se hizo realidad. “Creamos un dron que podía volar y manipular para hacer inspecciones por contacto”.

El proyecto no se guardó en un cajón. De 2015 a 2019, el dron se patentó y recibió premios de la Comisión Europea (CE). Reconocían su innovación en el campo al permitir el contacto mientras volaba en, por ejemplo, trabajos en altura. “Ahora hemos dado una vuelta más de tuerca”, subraya el directo que explica que el dron se ha transferido a una empresa que lo explotará comercialmente.

Preguntado por el perfil de las compañías con las que trabajan, el esquema es amplio y variado. Desde algunas a nivel internacional mediante proyectos europeos hasta españolas de todo tipo de tamaños: grandes, medianas y pequeñas. “Ayudamos a darles un valor añadido para que se animen a sumarse al sector”, abunda Antidio Viguria.

Centro Atlas en Jaén

La creación de drones no es la única generalidad del Catec. En el municipio de Villacarrillo (Jaén), cuenta con un centro de ensayo en vuelo bautizado con el nombre de Atlas. Cuenta con singularidades que lo hacen único: su climatología y el espacio aéreo segregado de 30 por 35 kilómetros. Permite operar vuelos a larga distancia y de forma segura cumpliendo con la normativa europea.

Un dron en el centro Atlas.

Mientras en el Catec la idea se materializa, en Atlas se hace realidad con su puesta en funcionamiento. También permite a las empresas trabajar en la zona y establecer sinergias con el centro. Una de ellas ha sido Vodafone, colaborador desde hace tres años y con la que han alcanzado importantes hitos.

Entre ellos, según cuenta el director técnico de Aviónica y Sistemas, se impulsó el primer vuelo mundial de drones con la red 5G de Vodafone. Esa sinergia evolucionó hasta dotar a día de hoy de cobertura 5G al centro jiennense, lo que hace que sea único en Europa. Este proyecto se suma a la veintena que Catec tiene en marcha y que no se ha detenido pese a la crisis del coronavirus.

Un centro rentable

Las ideas en Catec se hacen realidad gracias a la rentabilidad del centro. En la parte de drones, la planta factura unos dos millones anuales que permiten mantener los proyectos propios y los ideados con empresas. A ello se sumaría el área centrada en la industria tradicional para mejorar sus procesos y hacerlos más eficientes.

Pese a haber recibido ayudas y subvenciones públicas, el centro es independiente en materia económica gracias al trabajo de la plantilla que asciende a 80 personas si se suman los trabajadores en prácticas. La juventud reina en la plantilla pero su director confía en que cada vez se sumen más mujeres al equipo

Dos trabajadoras del centro.

"El mercado de los drones es incipiente", reflexiona Antidio Viguria mientras presume de la aplicación del centro, que cuenta con técnicos y pilotos homologados. "Las empresas están apostando poco a poco por el sector de drones. No somos competencia de nadie: asesoramos y podemos desarrollar ideas".

Las empresas, según zanja el director, tienen a su disposición una plantilla instalada en Sevilla centrada en las capacidades tecnológicas del sector. "Ayudamos a dar los primeros pasos en la industria", resume el padre de los drones sevillanos.