La amenaza del coronavirus no se combate con cualquier ungüento. Los inversores lo tienen claro y esta vez su apuesta se dirige hacia remedios tradicionales. El bitcoin se ha desplomado junto con el grueso de los activos considerados ‘de riesgo’ mientras que el oro, el yen japonés y hasta el dólar estadounidense se han convertido en el destino de la búsqueda urgente de refugio.

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El desdén de los inversores hacia el bitcoin es más patente en esta ocasión que en otros episodios anteriores de venta indiscriminada. A pesar de que la criptomoneda lleva una semana merodeando los 10.000 dólares, los últimos episodios de pánico no han servido para acercar su gráfica a esta cota. Todo lo contrario, la llegada del coronavirus al corazón de Europa ha arrebatado un 6% de su precio al que algunos llaman ‘oro digital’.

Esta penalización choca de lleno con la revalorización de más del 4% que en el mismo periodo se ha apuntado el oro físico. La onza del preciado metal ha llegado a rebasar la cota de los 1.700 dólares, una marca que no superaba desde febrero de 2013. Es más, desde que empezó el año, la escalada suma un 10%.

El acelerón es fruto, según los expertos, de la percepción de que las divisas tradicionales puedan perder algo de fuerza si los bancos centrales vuelven a optar por una nueva oleada de estímulos. Especialmente, la Reserva Federal de EEUU (Fed), que es el que cuenta con más margen para ello. Este factor es el que otras veces ha ayudado al bitcoin, pero esta vez tampoco ha funcionado.

Al revés. A pesar de esta amenaza para el valor oficial del ‘billete verde’, su comportamiento reciente “es equiparable al de un activo refugio”, subraya el analista Darío García, de XTB. Además, recalca que la distensión en el plano comercial ha contribuido a devolver el apetito a los inversores por esta divisa después de un 2019 plagado de pulsos arancelarios entre EEUU y diferentes economías.

El dólar, ajeno a la Fed

Desde la firma de divisas Monex Europe inciden en que la remontada del dólar se está sosteniendo en una “alta demanda frente a sus pares del G10”. Más extrema es la postura de Axel Botte, estratega de Ostrum AM, una de las insignias de la gestora del banco francés Natixis, que considera que “el dólar parece ser en estos momentos el único refugio seguro”. Y es que, las divisas de economías muy fundamentadas en la exportación de materias primas, como es el caso de la mayoría de las vecinas de China, empiezan a sufrir la paralización de proyectos en el ‘Gigante Asiático’ en sus volúmenes de exportaciones.

Fuera de este cajón se queda el yen japonés, aunque “más rezagado por los malos datos macroeconómicos que últimamente se han publicado en el país”. Poco acostumbrada a cambios drásticos de cotización, la divisa nipona ha subido un 1,3% en las cuatro últimas sesiones. Y con el PIB del cuarto trimestre del año en contra, pues mostró una contracción de la economía del país del 6,3%. Un golpe como nunca antes en el último lustro.

Avalancha en el 'bund'

Desde Admiral Markets, el analista Roberto Rojas tiene claro que “las fuertes tensiones generadas por la expansión del coronavirus llevarán al oro a alcanzar su objetivo de los 1.700 dólares por onza”. De hecho, es el activo refugio favorito del experto para capear esta alerta sanitaria. Para Javier Molina, portavoz de eToro, la continuidad alcista está asegurada para el metal siempre y cuando no se comprometa la cota de los 1.590 dólares por onza más allá de los “lógicos y normales” episodios de corrección.

Este escenario amable para los lingotes contrasta con el que Molina dibuja para el bitcoin, al señalar que “sigue faltando volumen en la zona de los 9.900 - 10.000 dólares” para atacar esta cota. Una situación que, en su opinión, “ahora mismo invita a no hacer nada” hasta que no se rompa esta última cota o bien se perfore el soporte que sigue ofreciendo la marca de los 9.500 dólares por cada ‘cripto’.

Y mientras el volumen comprador escasea en el bitcoin, vuelve a convertirse en avalancha en el mercado secundario de renta fija. Los bonos alemanes a diez años, considerados el principal refugio dentro de la deuda soberana europea, han visto incrementar su precio un 22%. La rentabilidad de estos papeles, que se mueve inversamente a su cotización, ha descendido en solo dos sesiones del -0,428% hasta el -0,522%. Hacía cuatro meses que no se veían estos porcentajes.